DOCTRINA DE ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

Por Robert  EWING

PRIMERA PARTE.- Definida y clarificada.

 

(Tomado del folleto en Inglés titulado “SPIRIT, SOUL AND BODY, PART ONE - DEFINED AND CLARIFIED)

 

{Todas las referencias bíblicas son tomadas de la antigua versión de Casidoro de Reina y Cipriano de Valera, a menos que se haga alguna referencia distinta}

 

 

Definitivamente, después de Dios, el misterio más grande es el hombre, porque fue hecho a imagen de Dios (Génesis 1:26-27).  La ignorancia acerca de la creación del hombre no es falla de Dios ya que la Biblia está llena de palabras como son: “mente”, “corazón”,  “alma”  y  “cuerpo”.  De hecho, las palabras Hebrea y Griega para “corazón”  (Leb, Lebab y Kardia) aparecen exactamente mil veces en las Sagradas Escrituras.

¿Cuál es la importancia de todo esto?

Hay muchos beneficios logrados que nos permiten un mejor entendimiento.  Por ejemplo, un chofer que es mecánico tiene ventajas cuando su auto sufre una falla.  Quizá, uno de los principales beneficios venga al saber colocar correctamente los versículos aplicados al espíritu, al alma y al cuerpo.  Los “Arminianos” y “Calvinistas” serían uno solo y cumplirían así la oración de Cristo por la Unidad de Su Iglesia (de acuerdo a Juan 17:23) en lugar de que un grupo esté en oposición contra el otro, con la colocación de los versículos que muestran una “Posición Eterna” y el otro con los versículos que guardan una relación con la necesidad de una salvación diaria; es decir, ellos podrían dividir los pasajes y podrían colocarlos correctamente pues son semejantes a las dos caras de una moneda.  Es decir, ellos se complementan uno al otro.

Sin embargo, esta primera parte de la serie no se ocupa mucho de este aspecto; en realidad, esta primera parte se ocupa de definir quiénes somos.  Por supuesto, no presumimos ni pensamos que cualquier cosa dicha nos definirá a nosotros realmente con exactitud, pero confiamos que Dios nos dará una idea concreta dentro de nosotros.

“Te alabaré, porque estoy compleja y maravillosamente formado” (Salmo 139:14 Versión King James) (La Versión Griega traducida al Español de Nácar y Colunga dice “Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Admirables son tus obras!”).  Así como Dios mostró que la división del átomo es importante para el progreso material del hombre, de la misma manera, la división en las Escrituras (y aplicada prácticamente) demuestra ser de igual importancia y trascendencia para nuestro progreso espiritual.  Durante muchos siglos, el hombre existió sin este conocimiento del átomo, pero al conocer y mirar su potencial, y al tener entendimiento de sus alcances y beneficios, se abrió una nueva era.

¿Son lo mismo espíritu y alma?  No, espíritu y alma son vocablos que provienen de palabras enteramente distintas entre sí, tanto en Hebreo como en Griego.  Las palabras para “espíritu” (ruach en Hebreo y pneuma en Griego) sugieren una fuerte corriente de aire, pero “alma” (nephesh en Hebreo y psuche en Griego) sugieren un viento suave.  La palabra “pneumático” tiene su origen en “pneuma”.  Frecuentemente, ambos vocablos están contrastados (I Tesalonicenses 5:23, Hebreos 4:12 y Lucas 1:46-47).  Si las dos palabras son sinónimos, entonces no hay diferencia entre “este cuerpo corruptible” y el glorificado e incorruptible.  Porque “se siembra cuerpo animal (esta es la misma palabra usada para “animado”) resucitará espiritual cuerpo” (I Corintios 15:44).

Además, esta diferencia es vista en el propio ministerio de Cristo; particularmente en Su muerte cuando fueron divididos el cuerpo, el alma y el Espíritu: Su cuerpo fue puesto en una tumba, Su alma fue descendiendo dentro de “las partes más bajas de la tierra” del infierno, y Su Espíritu, cuando Él se encomendó en las manos del Padre, fue al paraíso. Todo esto sucedió al mismo tiempo (Isaías 53:11; Salmo 88 y Hechos 2:27 son sólo unos pocos versículos que hablan acerca de Su alma en el infierno por causa nuestra, logrando así eterna redención por nuestros pecados).  “Hoy estarás conmigo en el paraíso” dijo al moribundo ladrón en la cruz.

Hay diferentes rangos en el paraíso, así como hay diferentes ciudades de refugio en el Antiguo Testamento; tales ciudades son figura del paraíso.  Ahí, en las ciudades de refugio, los homicidas imprudenciales debían esperar hasta la muerte del Sumo Sacerdote y, entonces, eran liberados (Números 35).  Dios es rico en todo aquello que Él atrae para Sí, y seguramente tuvo que haber salvado a muchos que se arrepintieron en el lecho de la muerte cuando vino el diluvio y los arrasó, así como salvó al ladrón en la cruz.  Podría ser que ellos estaban en uno de esos compartimientos en el paraíso a fin de que el Espíritu de Cristo fuera y les predicara (I Pedro 3:18 y 19).  Es decir, Cristo tuvo que ser dividido en Su espíritu, alma y cuerpo cuando murió para cumplir así las tres diferentes figuras o tipos (que él debía llevar a cabo) en el día de la reconciliación (Levítico 16).  Su cuerpo debía ser el presente por el pecado como lo era el macho cabrío, cuya sangre era derramada en el altar.  Su alma debía ser el macho cabrío que llevaba los pecados del pueblo y era abandonado en el desierto, donde moría de muerte solitaria.  Y Su Espíritu es el Sumo Sacerdote; Su Espíritu es esa parte de Cristo que debía ofrecer ambos sacrificios.  Literalmente, Hebreos 9:1, hablando de ÉL como nuestro Sumo Sacerdote, nos dice “Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios ...”  El hecho de que Su alma también murió por nosotros es visto en Isaías 53:9 donde, literalmente, dice “Muertes” en plural ¡¡¡QUÉ AMOR!!!

El cuerpo es conciencia del mundo; es el vehículo a través del cual estamos conscientes del mundo.  Por su parte, el alma, básicamente, es conciencia del “yo”; es decir, a través del alma estamos conscientes de nosotros mismos; sin embargo, a través de los cinco sentidos físicos del cuerpo, el alma tiene conciencia del mundo.  Finalmente, el espíritu es conciencia de Dios; es decir, cuando tal acercamiento no es bloqueado por la incredulidad, el espíritu es el vehículo a través del cual tenemos conciencia de Dios.  La Biblia nos muestra que hay tres realidades para vivir: una realidad “carnal” (es decir, de la carne), una realidad “natural” (o del alma) y una realidad “espiritual”.

El alma es el real “ego” del hombre; es nuestra personalidad y, por naturaleza, es animal o “natural”.  “Porque el hombre animal no discierne las cosas del Espíritu de Dios porque le son locura y tampoco las entiende porque se han de examinar espiritualmente” (I Corintios 2:14).  Luego entonces, ¿el alma está completamente fuera del plan de Dios?  No necesariamente porque el alma es como una tierra de cultivo.  “Labranza de Dios sois ...” (I Corintios 3:9 literal).  La maleza natural estuvo ahí hasta que fue cortada.  Entonces, la semilla  -la Palabra en nuestro caso-  fue plantada, y la lluvia  -el Espíritu Santo-  desciende.  Y con el cultivo del arado en nuestras vidas aparece un fragante jardín, apropiado para morada de Dios.

En la Biblia, hay dos palabras para “vida”.  Una significa vida natural (Nephesh en Hebreo y Psuche en Griego).  La otra palabra es vida eterna (Chaiyin y Zoe).  Mientras que el cuerpo físico únicamente tiene vida (Psuche) natural (Romanos 8:19), el espíritu solamente es capaz de tener vida “Zoe”.  En la Biblia no hay un lugar que diga que el espíritu personal peque o vaya al infierno.  Así, para siempre es el alma inmortal y el cuerpo (Job 33:28, Isaías 38:17 y Mateo 10:28).  “El espíritu vuelve a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7).  Al igual que la palabra “carne”, la palabra “Espíritu” tiene doble significado.  Las más de las veces, refiere una actitud (de la cual se discutirá después).  Un ejemplo lo vemos al decir “es molesto de espíritu” o también se puede decir “espíritu mezquino, malo” o “espíritu humilde,  bueno”.  Un contraste entre los significados figurativo y literal está en   I Corintios 5:5 (donde debemos tomar el texto literalmente) y   II Corintios 7:1 (donde debemos considerar el texto de manera figurada).

Cuando Dios creó al hombre, Dios apartó el cuarto del espíritu personal para Dios, a fin de ser reservado única y exclusivamente para ÉL.  Es decir, ni siquiera los demonios pueden invadir el área del espíritu del hombre porque ellos prueban “no las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres” (Mateo 16:23) o lo que pertenece al alma.  Pero Dios no entrará en el espíritu del hombre a menos que sea requerido; de ser así, es decir, de ser requerido por el hombre para que Dios entre en su espíritu, Dios llenará de Su Gracia toda la casa (el espíritu humano) con Su presencia.  Si alguna de estas verdades dan la apariencia de ser un pequeño reto, éste es resuelto a medida que pacientemente el lector se forme un juicio hasta que haya leído todo.

“Amarás al Señor tu Dios ... con todo tu CORAZÓN ... ALMA ... FUERZAS ... y ENTENDIMIENTO (MENTE)” (Lucas 10:27, Mateo 22:37 y Marcos 12:30).  Nosotros debemos estar así en el amor de Dios y somos como la ofrenda quemada puesta en el altar (de acuerdo a Levítico 1:8-9), todo lo cual está siendo la “grosura” (el corazón en figura, Salmo 119:70), “los intestinos” (alma), “piernas” (fuerza) y la “cabeza” (mente) que eran ofrecidos en el altar.

El corazón es el centro y “punto de partida” de los principios de la vida (incluyendo las cuatro leyes de Romanos, capítulos 3 y 6 al 8).

El alma es la personalidad de la vida de uno mismo (es lo natural de uno e implica voluntad, intelecto y emociones; es su “ego” y sus rasgos característicos individuales).  Muchas veces, la palabra alma se refiere a personas en lo individual (“... ocho almas ...” I Pedro 3:20 de acuerdo a la versión King James).  Notemos que ella tiene un equipo de cinco sentidos en sí misma, vistos en el alma del hombre rico en el infierno (Lucas 16:23-24).  El alma tiene deseos e “impulsos” básicos o anhelos (de seguridad, atención, etc.,).  Es posesiva por naturaleza (Lucas 12:19).  Mientras que el hombre tiene la “psicología”, el estudio de la psique o alma, el propio hombre es ignorante de todo aquello que concierne al “subconsciente”; el subconsciente es una parte del hombre junto con la cual se incluye la parte más profunda del alma, y además se incluye el espíritu.  Dios nos ofrece el mejor estudio hecho por Él mismo acerca del hombre; además, Dios tiene mucha experiencia con el hombre.

La mente consiste en el conjunto de facultades de la vida o la vida práctica.  De manera práctica, la mente incluye los cinco sentidos del alma: conciencia, memoria, razón, imaginación y afectos.  En Efesios 4:17, “vanidad de su sentido” (la versión King James dice “vanidad de la mente”) significa “la inutilidad de la mente”.  Dios lo considera como un pecado terrible.  “Dianoia” o “mente” es una contracción de “nous”, mente, deseos, y “dia” y este prefijo denota un canal de un hecho.  Así, debe entenderse “algo continuo de principio a fin”, lo cual envolvería las facultades de la vida.

La fuerza es el carácter producido por todos los demás (es decir, es el carácter producido por el corazón, el alma y la mente).  Es el producto de la vida.

El corazón es semejante a un cofre de tesoro: es lo que uno tiene.

El alma es lo que uno es.  Lo que se es.  Quién se es.

La mente es lo que uno hace.  Lo que se hace.

La fuerza es lo que uno produce.  Lo que es producido.[1]

El Corazón es comparado con el punto central de un terreno y con el centro de un lugar o sitio (centro y corazón son usados como sinónimos); además, corazón es un lugar para preparar pasteles (del original Hebreo así se traduce).  El corazón es comparado con un “observatorio o lugar cubierto” (de acuerdo a Job 38:36 En este pasaje, en la revisión ‘60, en la primer línea, leemos “¿Quién puso la sabiduría en el corazón?”; el mismo pasaje, pero en la antigua versión de Casidoro de Reina y Cipriano de Valera se dice: “¿Quién puso la sabiduría en el interior?”.  Finalmente, en la antigua versión Inglesa King James, literalmente dice “¿Quién puso la sabiduría en los lugares cubiertos u ocultos”), y es considerado como los riñones (según el Salmo 7:9 y Apocalipsis 2:23); se compara con la grosura o grasa (a causa de su riqueza: Salmo 119:70 y Levítico 1:8); también se le considera un pozo o fuente (Proverbios 20:5; Juan 4:14); es el pecho (Nahum 2:7); se le considera un tesoro (Mateo 12:35); se le compara a la tierra o campo de labranza (Mateo 13:19), y se compara con un lugar de habitación (Efesios 3:17); finalmente, se le compara con una tabla de escritura (Hebreos 8:10).

El alma es comparada con un viento suave (de acuerdo a su raíz en las palabras originales); se le compara con una ave (Salmo 11:1 y 124:7); se le considera el vientre o las entrañas (Salmo 31:9; Proverbios 26:22 “las cámaras del vientre” (este es el texto de la versión King James) -el alma tiene posibilidades o cámaras ilimitadas-).  El alma es semejante al jadeo de un ciervo (Salmo 42:1) y se le compara con un niño destetado (Salmo 131:2); se le considera una tierra sedienta (Salmo 143:6); el alma es semejante a un huerto de riego (Jeremías 31:12); y también es la espalda o el espinazo (Isaías 51:23); es un macho cabrío (Isaías 53:10); también se le compara con las ovejas (I Pedro 2:25) y se le asemeja a un barco (Hebreos 6:19).

En toda la Biblia, hay seis palabras distintas usadas para “hombre”; cuatro están en el Antiguo Testamento y dos están en el Nuevo Testamento.

Dios es el más excelente Maestro; de esta manera, ÉL usa las más excelentes lecciones objetivas.  Nosotros podemos tomarnos toda la libertad para comparar al creyente con el tabernáculo (y aún con el templo) porque las Escrituras lo hacen (Juan 2:21; II Corintios 5:1-4; II Pedro 1:14).  Después de todo, el propósito del tabernáculo fue para ser un santuario para morada de Dios.  Pero, de hecho, además de ser un santuario, el tabernáculo puede ser un cuadro en el Nuevo Testamento, en el cual se incluye a Cristo y a Su Iglesia.

El tabernáculo es una trinidad:  Hay un atrio, un patio oblongo santificado, con su entrada o puerta de acceso hacia el Este.  En sus límites está el tabernáculo con sus dos cuartos.  El primero (ambos cuartos a lo largo del interior de uno) es llamado por Pablo el “Santuario”, y el cuarto cuadrado es el “Lugar Santísimo” (Hebreos 9:2-3).  El atrio, terreno exterior, o patio podría compararse con el “hombre exterior”, el cuerpo.  Por su parte, el propio edificio o tienda del tabernáculo, al estar en el “corazón” del atrio, crudamente hablando, se compararía a nuestro “corazón”.  Pero dijimos que tiene dos cuartos.  Sí, “el hombre exterior” de nuestro corazón consiste en nuestra alma, la cual está simbolizada en el cuarto del “Santuario” y, además, nuestro espíritu está prefigurado en el “Lugar Santísimo.  Por el momento, únicamente podríamos considerar que el Sumo Sacerdote es tipo de Cristo.

De hecho, ÉL podía venir sólo en el Día Anual de la Expiación.  Pablo nos dice que esto representa un evento único “una vez y para siempre” (Hebreos 9:12).  Cristo habita en el Lugar Santísimo del cielo y, además, en la cámara o espíritu de sus santos.  Por el Espíritu, ÉL puede estar en ambos lugares.

Nuestro día de expiación “una sola vez” y para siempre fue cuando Cristo entró en nuestros corazones.  Y, así como la carne no podía trabajar aquel día de fiesta, así tampoco podíamos nosotros trabajar para nuestra salvación.  “No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9).

Tres cosas en el Lugar Santísimo muestran a Cristo en nuestro espíritu.  Escribiendo esto, nosotros entendemos que uno no puede construir o establecer doctrinas a partir de los tipos del Antiguo Testamento, pero ellos son ilustraciones de la verdad del Nuevo Testamento.  Esto es válido (Romanos 15:4, I Corintios 10:11, Gálatas 4:24, Colosenses 2:17 y Hebreos 10:1).  Pero entonces ¿cómo son esas figuras de Cristo?  Primeramente, nosotros hemos visto la figura de Cristo en el Sumo Sacerdote.  En segundo lugar, el Arca del Pacto también es figura de Cristo.  En tercer lugar, dentro del pilar de la nube, la cual posaba sobre el asiento de misericordia del Arca (Levítico 16:2) estaba el Ángel del Señor, el cual era Cristo en el Antiguo Testamento (Éxodo 14:19, Daniel 3:25, Hechos 27:23, I Corintios 10:4) “cordón de tres dobleces, no presto se rompe” (Eclesiastés 4:12).  El cordón de Amor de Dios que liga nuestro espíritu a ÉL es tres dobleces en uno.

¿Qué verdad práctica podemos aplicar sobre lo ya dicho?  En nosotros, Cristo como el Sumo Sacerdote nos ha dado una posición “una vez y para siempre” desde nuestro “día de expiación”.  El Arca con sus tesoros, mostrando las riquezas de Cristo dispuestas para nosotros (mencionadas en I Corintios 1:30) muestra que Cristo en nosotros nos da una herencia provisional.  (Nuestra alma no tendrá carencias, si ella desea apropiarse de las riquezas escondidas en el conocimiento de Cristo, justificación, santificación y redención, descritas o ilustradas por el maná, la vara de Aarón, las tablas de la ley y el asiento de misericordia).  Y en tercer orden, ilustrado por el Ángel de Dios en el pilar de la nube del Espíritu Santo, es Cristo, en nosotros, “la esperanza de Gloria”, dándonos además un compañerismo personal.

Contrasta el ministerio en los cuartos y tú verás una ilustración del ministerio de Dios dentro de tu espíritu y dentro de tu alma.  En el Lugar Santísimo, el Sumo Sacerdote entraba y permanecía justo delante de Dios.  Esta era su responsabilidad y entonces podemos entender por qué el Señor declara “Consumado es”.  Nuestra justificación es ante Dios.  Justificación quiere decir “declarado justo” (“declarado” significa una sentencia legal, judicial, pronunciada a nuestro favor y no se trata de una experiencia basada en nuestros sentimientos).  Pero nosotros somos responsables de cooperar y de caminar diariamente con el Sumo Sacerdote en nuestro Santuario o Cuarto del Alma.  Porque, diariamente, el Sumo Sacerdote caminaba con sus hijos  -incidentalmente, su caminar ilustra una cruz al ver la forma en que ellos ponían el sacrificio diario y ministraban en los muebles del santuario:  Ellos despabilaban las mechas del Candelero, ponían incienso en el Altar de Oro (no confundir con el Altar de Metal de los atrios de afuera) y, semanalmente, colocaban pan fresco sobre la Mesa-.

Justificación es una parte de la obra terminada en Cristo; la Justificación está ilustrada en el ministerio del Lugar Santísimo.  Por otra parte, Santificación (significa “apartar” y “hacer limpio”) es ilustrada por el Diario caminar en el Lugar Santo.  Ser “apartado” o “separado” involucra o envuelve un caminar.  Ordinariamente, si tú estás en un lugar y quieres apartarte a otro sitio, tú caminas hacia ese sitio. Justificación nos da vida eterna, nos da una posición permanente en la Casa de Dios.  Santificación nos da una herencia eterna; esto es algo más que un obsequio (Romanos 6:23; Colosenses 3:24; Hechos 20:32 y 26:18).  Esto desarrolla nuestro estado de crecimiento.  Incidentalmente, hay tres palabras que denotan estados o situaciones de crecimiento en la familia de Dios.  Estas palabras son ‘teknon’, usualmente traducida como “niños pequeños” o “bebés”, ‘paidion’ o adolescente y ‘ouios’ hijos maduros.  Alrededor de la mesa todos ellos tienen la misma posición, pero diferente estado de crecimiento.

Nosotros tenemos que calificar la declaración de que el ministerio del Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo es figura de Justificación.  Pero, aún cuando esto es verdad, hay tres bases para Santificación, y una de ellas fue incorporada dentro de la Justificación porque nosotros somos santificados por la Sangre; es decir, al ser puestos aparte en cuanto a nuestra posición, nosotros somos santificados por el lavamiento de la Palabra (Juan 17:17) y, usualmente, esto es lo que generalmente es dado a entender por “Santificación”.  Esto nos pone aparte, tan lejos como nuestro estado es afectado.  Luego entonces, ahí estamos siendo santificado por el Espíritu Santo (Romanos 15:16, etc.) quien nos separa aparte tan lejos como concierne al servicio.  En la experiencia normal, esto es cuando uno recibe el Espíritu Santo, después de la Salvación, como acontece en el libro de los Hechos.  (Los sacerdotes del Antiguo Testamento no podían servir hasta que el aceite era puesto o derramado sobre ellos).  Pero, gracias a la ofrenda personal de Cristo por nosotros derramando Su Sangre, y por nuestra aceptación de esto como el nuevo nacimiento, nosotros “somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez”.  “Porque con una sola ofrenda (Él) hizo perfectos (en la versión al Inglés “Él ha perfeccionado”) para siempre a los santificados” (Hebreos 10:10 y 14).  Nosotros podríamos adicionar que esto no fue solamente en nuestro espíritu, el cual fue santificado una sola vez y para siempre, porque el Sumo Sacerdote ilustra una santificación completa cuando él rociaba no sólo el asiento de misericordia sino el tabernáculo y los muebles de adentro; judicialmente, nuestro ser completo está “cumplido en Él” (Colosenses 2:10).  Por otra parte, el Sumo Sacerdote ilustra nuestro Bautismo en el Espíritu Santo, a través del aceite puesto en todas las partes del tabernáculo; y este bautismo es completo.  (Bautizo significa venir a ser completamente mojado, humedecido, empapado).  Después, había quizá más derramamientos de la Gloria del Espíritu Santo, los cuales caían sobre uno y otro de los sacrificios o henchía el Santuario.  Así, hay “un Bautismo”, pero muchas llenuras.  Los Corintios daban la apariencia de no estar santificados en su caminar, pero Pablo les escribió y les llamó “santificados” en Cristo Jesús” (I Corintios 1:2).

Una rápida mirada al tabernáculo muestra que el cuarto exterior está rodeado por una cortina de lino blanco de siete y medio pies de alto.  Sí, nuestras acciones deben ser tan blancas y puras que ellas exalten a Cristo hasta lo más alto.  La novia está adornada de “lino fino, limpio y blanco: porque el lino fino son las buenas acciones de los santos” (Apocalipsis 19:8).  La única entrada en el cuarto interior es al lado oriental.  Nosotros siempre debemos ser guarnición o adorno hacia el oriente, al amanecer; ésta es una posición para recibir más luz de parte de Dios.

El Altar de Bronce es el primer mueble al que venimos una vez dentro de los atrios.  Era el mueble para los sacrificios.  Enseguida, uno viene a la Fuente de Metal con su pie o basa hecha de los espejos de las mujeres.  La fuente contenía el agua en la cual se lavaban los Sacerdotes en el servicio.

Enseguida, está el edificio o la tienda del tabernáculo con sus cuatro cubiertas.  La cubierta de la superficie fue hecha de pieles de tejón.  (Dios tiene el hábito de alojar sus grandes tesoros en apariencias oscuras.  Esto fue hecho verdad a través de Cristo:  Nació en un pesebre y de su ministerio, ahora, quién no lo levanta en alto.   Además, esto es una verdad en las iglesias de Cristo, donde Él es la cabeza porque ellas quieren la Gloria para Él).  Adentro de la entrada oriental, la única puerta del tabernáculo, hacia tu derecha, al lado norte, tú ves la Mesa de los Panes y las siete lámparas proyectando desde el Candelero, al lado izquierdo, al sur; y, finalmente, puedes ver al frente el lugar del velo.  Nosotros ya hemos mencionado el Arca dentro del Lugar Santísimo.

Este artículo continuará y, Dios mediante, en la siguiente ocasión examinaremos cada una de las partes del tabernáculo y veremos cómo son ilustraciones de nosotros individualmente.  Algunas cuestiones como “¿Qué ilustra la mente con sus cinco sentidos? O ¿dónde están las cuatro leyes del ser humano?” serán tratadas cuidadosamente.

Cuando Dios mostró a Moisés el diseño o modelo, esto fue en el monte.  Cualquier otro tema como éste que ve el modelo de Dios para nosotros, sea en forma colectiva o individualmente, debe además sernos mostrado “en el monte”.  El lector puede tomar estas líneas seriamente y, antes de leer esta serie de espíritu, alma y cuerpo, debe asegurarse que él está “en el monte” y que está preparado para recibirlas por el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOCTRINA DE ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

Por Robert Ewing

SEGUNDA PARTE.- El Tabernáculo.- El Álbum fotográfico de Dios.

 

(Tomado del folleto en Inglés titulado “SPIRIT, SOUL AND BODY, PART TWO - The Tabernacle - God’s Photo Album)

 

{Todas las referencias bíblicas son tomadas de la antigua versión de Casidoro de Reina y Cipriano de Valera, a menos que se haga alguna referencia distinta}

 

 

Cristo fue el Tabernáculo Divino, en el cual habitó la Deidad.  “Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó (literalmente, en el texto original dice “Tabernaculó” o “hizo Tabernáculo”) entre nosotros (y vimos su Gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

 

 

                1                                             2                                                            3

 

 
 

 

 

 

                                  B

 

       
   
 

 

A            D                                                            E                 F

 

                            .......  C

 

 

 

Este cuadro del Tabernáculo puede parecer muy simple pero de él brotan riquezas ocultas porque, en el sentido propio de la palabra, ahí está el álbum fotográfico de Cristo.  Y no sólo de Cristo sino aún del creyente, el cual es como Cristo es; es decir, en el Tabernáculo también puede verse la fotografía del creyente.  Y podemos decir que la Iglesia también está prefigurada ahí.  Pero ya que de hecho estamos considerando lo concerniente a lo individual, nos limitaremos en estas líneas a las fotografías relativas al creyente.

En el artículo anterior, nosotros describimos minuciosamente las piezas del Tabernáculo; sin embargo, ya que cualquiera pudiera perderse en aquel para poder leer este folleto, enseguida enlistaremos las partes del cuadro antes dibujado.  El Tabernáculo estaba en el “Atrio exterior”, al aire libre (fig. 3) siempre con la fachada hacia el oriente.  En los atrios estaban dos detalles: el Altar de Metal o de Bronce (letra F) y la fuente de Metal o de Bronce (letra E).  Los Sacerdotes se lavaban las manos y los pies en la fuente de metal, antes y después de ministrar en el altar, el lugar donde eran puestos los sacrificios.  Enseguida, el primer cuarto llamado “Lugar Santo” tenía cinco pilares sosteniendo la cortina de la puerta frontal.  En este cuarto (fig. 2) estaban la Mesa de los Panes de la Proposición o de la Presencia (letra B); sobre ella descansaban doce panes sin levadura y cada Sábado eran comidos por los Sacerdotes Aarón y sus hijos.  En el lado sur estaba el Candelero de Oro con sus siete lámparas (letra C); todos los días era despabilado y brillaba nocturnamente.

La letra D muestra el Altar del Incienso.  Este altar pertenecía al cuarto de más adentro; sin embargo, de acuerdo con el Mishna Hebreo, el Altar de Incienso fue prestado al Lugar Santo, para su uso diariamente.  Este hecho es comprobado por Pablo en Hebreos 9:2-4; en este pasaje, el “Incensario de Oro” es llamado “Altar de Oro”.  Todo ello, de acuerdo a los eruditos dignos de confianza.  “Porque el Tabernáculo fue hecho: el primero, en que estaban las lámparas y la mesa ...”  Pablo dice de estos en el cuarto de enfrente.  Pero respecto al último cuarto (fig. 1) o “Lugar Santísimo”, él dice “el cual tenía un incensario de oro”.  La palabra “donde” denota o describe una posición, o localización, o situación, o ubicación; pero la expresión “el cual tenía” denota posesión.  Esto es, el Incensario de Oro pertenecía al Lugar último en Santidad (Lugar Santísimo). Cuatro pilares sostenían el velo que separaba los dos cuartos.  Un quinto pilar celestial, saliendo de la nube del Espíritu, descansaba sobre el asiento de misericordia, el cual era la tapa sobre el Arca (fig. A).  Además, había cuatro cubiertas cubriendo el tabernáculo, las cuales (cubrían en parte) coincidían con las paredes.  Cuarenta y ocho tablas, de diez codos de alto (un codo es uno y medio pies ó 42 centímetros aproximadamente) cubiertas, como los muebles, de oro.  Sólo los muebles de los atrios eran de metal (bronce); la Fuente o Lavacro de puro bronce; y, adentro, el Candelero era de puro oro.

El tabernáculo y, su secuencia, el templo son tipos de verdades que nos conciernen hoy en día; por ello, esta cuestión es más allá para cualquiera que conoce la Biblia; ambos, el tabernáculo y el templo, pueden ilustrar cómo es visto el individuo en el exacto propósito, el cual es para ser “... un santuario, y Yo habitaré entre ellos” (Éxodo 25:8).  Aquellos santuarios son tipos o figuras de Cristo; pero no sólo de Cristo; también son figura de la Iglesia y además de nosotros en lo individual.  Pablo, Pedro y Cristo dieron testimonio de esto (Juan 2:19, I Corintios 3:16, II Corintios 5:1-4, II Pedro 1:14).

Si el tabernáculo muestra a Cristo y si “la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha” (Juan 1:17.  La versión al inglés King James dice que “la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo”) nosotros podemos estar expectantes de ver a la gracia y a la verdad balanceadas entre sí.  De hecho, nosotros lo vemos:  Porque hay tres pares de gemelos tantos como muebles había en el santuario.  Cada uno de estos son gemelos de “gracia y verdad”.  El Altar de Bronce, donde la sangre de los sacrificios era derramada muestra la gracia.  La Fuente ilustra el lavamiento por medio de la verdad.  Cristo limpia a Su Iglesia (literalmente) a través del “lavacro del agua por la Palabra” (Efesios 5:26).  Enseguida, dentro del santuario, la Mesa de los panes de la proposición tiene su equilibrio con el Candelero.  En contraste con el Altar de Bronce, donde la gracia es mostrada como un “favor inmerecido”, aquí la gracia es ilustrada como “suficiencia divina” gracias al suministro de aceite continuo cada día.  Finalmente, nosotros vemos el Arca del Pacto, dentro de la cual estaban la ley y el maná -la verdad- y en contraste el Altar de Oro está ilustrando la oración y la adoración, a través de las cuales la gracia es acumulada.

De hecho, se nos permite ver a Cristo mismo en el tabernáculo, dado que él está dentro de cada creyente y de manera semejante es ilustrado por el santuario.  El Evangelio de Juan muestra a Cristo enlistando siete nombres compuestos o siete “YO SOY”.

“YO SOY el Pan de Vida” (Juan 6:35).  Él es nuestro “pan de la proposición” o “Pan de la Presencia”, el cual nosotros, en nuestra posición de sacerdotes, comemos.  “... Es cosa muy santa ... de las ofrendas encendidas” (Levítico 24:9).  El pan era tomado del pueblo (Levítico 24:8).  El pan era guardado en platos de oro hasta el momento de comerlo; sí, nosotros suministramos la verdad una y otra vez y ella debe venir por revelación; es decir, debe ser descubierta.

“YO SOY la luz del mundo”; sin embargo, ahora Él dice:  “vosotros sois la luz del mundo” (Juan 8:12, 9:5, Mateo 5:14).  No hay contradicción; sólo que Él alumbra a través de nosotros.  Esto está ilustrado en el Candelero.

“YO SOY la puerta ...” (Juan 10:9).  Él es el velo roto, a través del cual nosotros podemos venir confiadamente hasta el trono de la gracia (Hebreos 10:20).

“YO SOY el Buen Pastor” (Juan 10:11).  Aarón, el Sumo Sacerdote, es figura de Cristo como tal (el Buen Pastor).

“YO SOY la resurrección y la vida” (Juan 11:25).  Él es visto como el Ángel de Dios que estaba en el pilar sobre el asiento de misericordia y fue quien, levantándose en el pilar, encausó a Israel para levantarlo hasta que ellos vinieron a Canaán.  Finalmente, Él los dirigió a través del Jordán y permaneció con ellos cerca de una semana y, entonces, apareció como el Príncipe de los ejércitos de Jehová.

“YO SOY el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6) por que Él es visto a través del Arca, la cual dirigió a Israel (el Arca siempre quedaba bajo el Ángel), y por las cosas dentro de ella (la ley, el maná escondido y la vara de Aarón que reverdeció y dio fruto), y por la sangre rociada en el asiento de misericordia.

“YO SOY la vid verdadera” (Juan 15:1).  Una vid verdadera protege.  Nosotros fuimos hechos para permanecer en Él.  Aquí, nosotros vemos la tipología de Cristo por las cuatro cubiertas.  La cubierta de más afuera de piel de tejón ilustra Su cuerpo (en realidad hecho de muchos tejones muertos, los cuales, en otros tiempos, vivieron en la tierra). Cuando él dio Su cuerpo personal, se multiplicó en muchos más.  Enseguida, nosotros vemos las pieles de carnero teñidas de rojo; esto ilustra Su sangre. “Ésta es la sangre que hace cubierta para el alma” (Levítico 17:11 versión King James).  A continuación, nosotros vemos las once cortinas de pelo de cabra como cubierta o como una figura de Su alma dada por nosotros.  Las cabras hablan de Su humanidad.  Recordemos que fue la víctima propiciatoria que ilustró la muerte de Su alma en el momento de la expiación.  Finalmente, como si ambas cortinas sirviesen de fundamento para las otras cubiertas y, a su vez, de cielo del tabernáculo, es la cubierta de diez cortinas blancas bordadas en lino con querubines estampados.  De hecho, era llamado el “Tabernáculo” (Éxodo 26:1).  Nosotros “estamos cumplidos en él” por que Él se ha dado completo a Sí mismo por nosotros.  Si él hubiese retenido parte de sí mismo, entonces esa particular parte de nosotros no habría tenido su seguridad ante el Padre.  Dado que el Padre ve el punto final, como si nosotros ya fuéramos glorificados (Romanos 8:29-30) no es extraño para Él reconocer la vida de Cristo como nuestra (Colosenses 3:4).

En el tabernáculo hay tres figuras para ilustrar nuestro espíritu, alma y cuerpo.  Una de esas tres figuras ya  ha sido mencionada porque, justamente, el Padre nos ve “aceptos en el amado”.  Ahora veamos los otros dos equipos.  En semejanza de un extraño y neófito que ve el tabernáculo y sus cuartos, el mundo nos ve superficialmente.  Por supuesto, la gente del mundo no podría haber visto dentro de los cuartos del tabernáculo; sin embargo, ellos podrían decir que había un atrio  -esto ilustraría el cuerpo-  y, simplemente, ellos pudieron ver las paredes verticales que encierran los dos cuartos.  Al frente, “Lugar Santo”, prefigura nuestra alma y el Lugar Santísimo prefigura nuestro espíritu.  Hoy, mirando fuera de la creación de Dios, el mundo tampoco puede dividir el espíritu y el alma por medio de sabiduría humana.  Sin embargo, si se pretende partir de toda la estructura de la propia figura limitada de nosotros en lo individual creada por el mundo, la triunidad fracasa y viene a tierra. ¿Cómo podemos vernos a nosotros mismos como una trinidad?  ¿Está esto mostrado en el tabernáculo?  Sí, porque nosotros somos reconocidos por nuestro triple ministerio.

El Altar de Bronce con su reja de metal tipifica nuestro cuerpo sobre la cruz (el bronce habla de juicio).  Básicamente, el Altar, en sí mismo, es de madera, la cual nos habla de la humanidad o naturaleza humana, cuyas necesidades están representando alguna parte de nosotros; y estando en los atrios, por sí mismo prefigura a nuestro cuerpo.  También nuestros cuerpos tienen un ministerio de sacrificio (Romanos 12:1).

En su ministerio, tal como nosotros la vemos, el alma es prefigurada por el Candelero; y, en su ministerio de trabajo, el espíritu es visto prefigurado en el Altar de Oro.  Esto no es contradictorio con la forma de explicar que en este cuarto del alma o Lugar Santo, la Mesa de los Panes representa nuestro intelecto, el cual es para tener el pan, sin levadura, de Dios, y que el Candelero representa nuestra voluntad y que el Altar de Oro representa nuestras emociones.  Por el contrario, lejos de ser una contradicción, es un alargamiento para entender estas tres áreas del alma.

Pero antes de mirar el ministerio del alma, prefigurado por el Candelero, primero pongamos la atención en el Altar de Oro.  No es difícil  admitir que nuestro espíritu tiene un ministerio de enseñar al alma cómo adorar, pero lo nuevo es que el Altar del Incienso prefigura esto.  Es decir, el Altar del Incienso prefigura el ministerio del espíritu de enseñar al alma a adorar.  ¿Contradeciría esto la visión de que el espíritu personal no tiene pecado en sí mismo, el cual es la “actitud del alma”, frecuentemente llamada “espíritu” y que es la responsable de pecar?  No, porque “lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6), y “cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado porque Su simiente está en él; y no puede pecar porque es nacido de Dios” (I Juan 3:9).  De hecho, el cristiano “... se guarda a sí mismo, y el maligno no le toca” (I Juan 5:18).  Y la semilla es incorruptible, producida por la palabra incorruptible (I Pedro 1:23).  Pablo habla de nuestro espíritu orando cuando nosotros oramos en lenguas.

Esto es algo de aquel incienso dulce, cuando está centrado en Cristo, que se levanta del Altar del Incienso (I Corintios 14:14; Efesios 6:18; Apocalipsis 8:3). Hay profunda emoción en el espíritu regenerado, dado que Dios es Amor y “el que se une al Señor un espíritu es con Él” (I Corintios 6:17).  El espíritu es un ser racional y, por su enlace con la unión divina conectado a lo infinito, es visto en la interpretación literal de I Corintios 2:11 “porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?”  Por medio de los cinco sentidos del espíritu: Fe, Esperanza y Amor, Temor o Veneración a Dios y Adoración verdadera, y a través de los nueve dones del espíritu, Dios provee canales para beneficiar nuestras almas desde la fuente inagotable del espíritu.

El ministerio del alma visto en el Candelero de Oro es un ministerio intrincado.  Vemos veintidós “copas en forma de almendras” (Éxodo 25:33).  La Palabra muestra que nosotros debemos ser “llenos” de veintidós cosas.  Hay nueve “manzanas (en el original se refiere a adornos ornamentales o protuberancias en los brazos) y sus flores”.  El espacio no permite hablar mucho de ello, pero su oro era una mezcla con aleación y así era nuestra alma hasta que empezó a ser renovada a fin de llegar a ser como el Alma de Cristo (el oro nos habla de la naturaleza Divina).  Hay accesorios especiales con el Candelero.  Ellos son tenazas (... pinzas o tenacillas, despabiladeras, para, aparentemente, sujetar los accesorios) y los vasos para el aceite.  Dios nos da tenazas de Amor, ya que nosotros no podemos restaurar, con dedos de crítica, a los hermanos caídos en su testimonio; nos da esperanza de que podemos llevar nuestras pruebas pacientemente, y nos da fe de que pondrá la cantidad completa de aceite.

Porque, de no haber lámparas, el propósito del Candelero sería inútil, sería vano, sería nulo.  Aquí es donde la figura o tipo de la voluntad es visto, porque la voluntad no es una facultad única en sí misma; en un sentido, es la expresión de un anhelo y, entonces, es lo que trae afuera ese propósito (Efesios 1:9).  Nosotros hemos visto que la palabra para la mente completa es “dianoia”, la cual constituye todo nuestro intelecto (“nous”), o nuestras facultades mentales.  La “dianoia” se compone de los cinco sentidos del alma: razón, memoria, imaginación, conciencia y emociones.  La voluntad del alma es expresada en esta frase “pon tu mente de acuerdo” o “arregla tu mente”.  Porque, cuando la mente hace esto, ella tiene la colección superior de siete facultades para traer hacia afuera sus propios deseos.  El alma crece por sí misma.  Para entender esto, es necesario ver la base del Candelero.  En semejanza de un árbol creciendo, el alma toma altura y se agranda y se ensancha y empieza a ramificarse y a extenderse hacia afuera.  Hay “conductores” básicos, anhelos (de preservación, expresión, seguridad, fidelidad, control, conocimiento y atención o aceptación) que forman esas ramas.  Pero puede que ellas nunca encuentren satisfacción completa hasta que ellas acaben, en semejanza de las lámparas, en el propósito de Dios, llenas del Espíritu Santo, resplandeciendo por Cristo.  De hecho, Él, Cristo, está brillando a través de los anhelos y ejecutando Su voluntad.  Nosotros debemos entrenar nuestra voluntad por el Espíritu y alinearla a la Palabra.

La autoridad es investida en nuestra voluntad.  Para lo que nosotros deseamos hacer ponemos toda nuestra máquina mental en movimiento a fin de llevarlo a cabo.  Satanás reveló, por sí mismo, sus cinco “yo deseo”; por tanto, Dios lo lanzó fuera (Isaías 14:12-14).  Así que nuestra “voluntad” es esta séptuple máquina mental  -las lámparas-  originada en el alma  -el Candelero-; “haciendo de ánimo (psuche-alma) la voluntad de Dios” (Efesios 6:6).

El sentido del tacto del alma, el afecto, es la actividad de las emociones.  (Por supuesto, la carne puede sustituir emociones falsas también).  El sentido del gusto, la razón,  es el intelecto operando en sí mismo en nuestra alma.  (La palabra Hebrea “taam” es usada alternativamente por “gusto” y “razón”).  El sentido del olfato del alma, la conciencia, es el Espíritu Santo operando en nuestra alma para darnos discernimiento entre lo bueno y lo malo; esto es cuando la conciencia no es operada por Satanás o por alguna iglesia tradicional.  La memoria es el oído del alma; la memoria recoge y pone en orden las voces de nuestra alma desde el pasado.  La imaginación es los ojos del alma.  A diferencia de nuestra definición limitada de imaginación, las palabras en Hebreo antiguo y en Inglés[2] traen en sí mismas semejante verdad en su significado.  La imaginación visualiza para el alma los objetos invisibles y da forma a los deseos del alma en propósitos definidos e inspira hasta que estos son realizados.  Dado que la imaginación es el alma operando en sí misma para darle forma a las facultades mentales en semejanza de los deseos del alma, la imaginación puede ser comparada con el eje o la vara del Candelero, ya que todas las demás ramas brotan de la caña central.  David veía siempre delante de sí al Señor; por ello, David no era conmovido (Salmo 16:8).

Esta actividad combinada del alma es mencionada justamente en la “ley de la mente”.  Pero cuando el alma se somete a la naturaleza del pecado, esto es llamado “la ley del pecado y de la muerte”; o si se somete a la naturaleza de Cristo, entonces, se convierte en “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús”; o si se mueve hacia la palabra sobrenatural, entonces es “la ley de fe”.

Algunas veces, una guerra civil se manifiesta en los miembros (Romanos 7:23).  Esto viene seguido de una “voluntad débil” concerniente a las cosas de Dios que no pone todas sus facultades firmemente hacia la meta de su propósito, el cual debería ser seguir a Cristo.  De hecho, aunque ya hemos mencionado que “nous” quiere decir intelecto y “dianoia” significa la mente completa, todavía hay una tercera palabra principal para “mente” y sugiere este mismo pensamiento de poner la mente inclinándola hacia un acto definitivo.  Los hechos “nous” (inteligibles), semejantes a un tamiz o cedazo usado en la limpieza de la casa, sirven para escudriñar todos los pensamientos conscientes que el alma considera insuficientes o poco importantes y para poner los otros pensamientos en el alma.

La actividad combinada de nuestras facultades mentales da “fuerza” cuando dichas facultades mentales están armadas en común.  Además, esto es el “espíritu” impersonal o la actitud que necesita limpieza (II Corintios 7:1).

La ley de nuestra mente, la cual consiste de nuestro intelecto, voluntad y emociones, varía en diferentes razas.  Algunas tienen un fuerte intelecto pero escasez de emociones y otras tienen lo opuesto.  Cuando Dios hizo Su antigua raza, Él los hizo más completos e íntegros en comparación al resto de la gente.  “Este pueblo crié para mí ...” (Isaías 43:21).  Lo cual tiene sus ventajas y también tiene sus desventajas porque requiere más consagración para tener la mente completa dedicada a Dios, cuando nosotros tenemos más de ello.

¿Dónde están prefiguradas las cuatro leyes, en el tabernáculo?   Aarón, el Sumo Sacerdote, tipifica la “ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús”.  Eleazar, su hijo, tenía “el cargo de todo el tabernáculo y de todo (mobiliario) lo que está en él” (Números 4:16), así que tipifica la “ley de la mente” porque la ley de la mente es responsable hacia o para Cristo, y también tiene responsabilidad sobre nuestro diario caminar.  Ithamar quiere decir “costa de palmas”.  Las palmeras prefiguran la victoria; una costa completa de ellas ilustra una serie completa de victorias, ya que “ésta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe” (I Juan 5:4) es evidente que Ithamar, el hermano de Eleazar, tipifica la “ley de fe”.  Como ha sido dicho, estas leyes conducen en cuatro diferentes esferas.  Ellas son como las velocidades de un auto. La ley del pecado únicamente puede hacer un retroceso (o recaída al pecado) al ir en reversa.  La ley de la mente se localiza en nuestro ser en la esfera mental; la ley del Espíritu de Vida se ubica en el terreno espiritual; y la ley de fe se encuentra en la esfera sobrenatural, donde el espíritu opera en poder.  La ley del pecado y de la muerte es ilustrada como la ofrenda por el pecado, puesta encima del Altar mientras el fuego la consume.

Cuando la ley del pecado opera sobre las lámparas del Candelero de nuestro ser, sobre nuestras siete facultades mentales, nosotros tenemos los pecados enlistados en Proverbios 6:16-19, los cuales “son abominación de Su alma”.  Pero cuando la Ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús empieza a tocar o tañer las cuerdas de vida del corazón, nosotros tenemos la armonía de II Pedro 1:5-7.

En conclusión, la vida es como un jardín, nosotros somos los cuidadores o encargados.  Dios suministra la semilla correcta, la Palabra, y la lluvia, el Espíritu; la cruz es nuestra vida por arado.  Pero, ¿cuáles son los instrumentos del jardín?  Aquí, otra vez, es donde los cinco sentidos del alma son importantes, porque los sentidos, en relación al Calvario, son ilustrados por las cinco herramientas de bronce, “instrumentos” mencionados en Éxodo 27:3.  El puro enrejado del Altar de Bronce tipifica, por sí mismo, la cruz.  Los cinco sentidos, a medida que son henchidos del Espíritu, ya han sido mostrados al estar tipificados por el Candelero.  Simplemente, su relación con la Palabra, el pan, es descrita en Números 4:7, donde ellos son ilustrados como “... las escudillas, y las cucharas, y las copas, y los tazones para libar ...” todo para ayudar en asegurar y comer el pan sin levadura.  “Las escudillas” o “platos” hablan de la imaginación porque en ellas nosotros ponemos la Palabra, a medida que nosotros la visualizamos y nos deleitamos en ella.

“Las cucharas” son como el sentido de la memoria, la cual ahonda y excava en el subconsciente las capas más profundas de nuestro ser y descubre el maná escondido.  “Los tazones” (de la raíz de la palabra “hacer limpio”) son como la conciencia: “que tengan el ministerio de la fe con limpia conciencia” (I Timoteo 3:9).  Pero ¿dónde está ilustrada la “razón”?  Ya no hay más vasijas.  ‘Razón’, en Hebreo “taam”, es sinónimo de “gusto”.  Así que ahora tú ya estás saboreando el pan, lo cual ilustra la razón.[3]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOCTRINA DE ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

Por Robert  EWING

TERCERA PARTE.-  Aplicación Práctica.

 

(Tomado del folleto en Inglés titulado “SPIRIT, SOUL AND BODY, PART III - Practical Application)

 

{Todas las referencias bíblicas son tomadas de la antigua versión de Casidoro de Reina y Cipriano de Valera, a menos que se haga alguna referencia distinta}

 

El conocimiento puede suplir los hechos pero sólo la sabiduría puede aplicarse a ellos.  Por ello, el lector debe pedir a Dios para tener la acción de Su Espíritu de Sabiduría.

En la primera parte de este estudio, nos ocupamos de la definición de espíritu, alma y cuerpo.  La segunda parte trata de la descripción de nosotros en lo individual; viene a ser el álbum fotográfico de Dios, el tabernáculo del Antiguo Testamento.  Ahora veamos los beneficios prácticos que tal entendimiento nos da.  Si el lector no ha leído los tratados anteriores, él todavía podrá aprender algo de éste.

¿Cuáles son algunos de los beneficios prácticos derivados de todo este estudio? 

REPOSO es uno de ellos.  Cuántas y cuántas personas (sin mencionar nuestra experiencia personal) hemos visto entrar en reposo solamente por recibir estas verdades básicas.  ¿Puede haber algo más maravilloso, como el “crescendo” es en la música, de lo que nosotros encontramos en Hebreos 4:12 culminando con el mensaje del reposo?  “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz ... que alcanza hasta partir el alma, y aún el espíritu ...”

EFICIENCIA es otro beneficio práctico.  Un mecánico es eficiente porque economiza mucho tiempo pues él sabe cómo poner el motor a “tiempo”.  La Psicología humana trata con la conducta humana, en un intento por ayudar a resolver los problemas básicos de todos, propios del hombre.  Sin embargo, la Palabra de Dios da la respuesta completa a los problemas de la humanidad.  Previamente, nosotros disertamos acerca de los ministerios de nuestros cinco sentidos del alma.  Algunas veces, hay guerras en los miembros del alma (Romanos 7:23).  Si nosotros vemos cuál miembro está fuera de la voluntad de Dios, entonces, nosotros podremos tratar con él eficientemente.  Algunos permiten a Satanás apropiarse de su imaginación y, si ellos supiesen hacia dónde están caminando, ellos podrían detenerse rápidamente.  La imaginación (habilidad de visualizar), la razón, los afectos, la conciencia y la memoria debieran jalar todos juntos.

UNIDAD es un resultado de ver y comprender estas verdades.  La oración de Cristo, en Juan 17:  “que ellos sean uno”, es contestada cuando, por la unidad del espíritu, nosotros somos guardados juntos.  “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de concierto?” (Amós 3:3).  La verdad siempre está en balance.  Las corrientes doctrinales de Arminianos y Calvinistas, ya mencionadas anteriormente, están mirando a los lados de la misma gran verdad de “salvación”.  Uno mira la justificación y dice, con Cristo, “consumado es”, o, con Pablo, “y en Él estáis cumplidos” (Colosenses 2:10).  El otro mira hacia la diaria justificación de nuestra alma y ve que nosotros estamos siendo completados o, como Pablo escribió de Epafras, en Colosenses, que él estaba orando “para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere” (Colosenses 4:12).  Tal apariencia de contradicción de versículos, de repente adecuados dentro de su lugar, uno con el otro, es desvanecida cuando esta verdad es entendida.  Luego nos ocuparemos de ello en mayor detalle.

ENTENDIMIENTO con sus subproductos de “cumplido entendimiento” (Colosenses 2:2) viene cuando uno ve el cuadro completo.  Además, esto nos hace distinguir uno de otro.  El creyente “legalista” perderá, no sus convicciones, pero sí su condenación, cuando la gracia dé una actitud graciosa hacia el débil en la fe.  Ni Satanás mantendrá sobre él condenación porque el creyente, callado, será sujeto del espíritu.  Así como ha sido un extremo, así ha sido de crítico el otro extremo.

El entendimiento en la Palabra es como raíces que te harán flotar en la marea a través de la tormenta y te harán crecer por primera vez en tu vida, en lugar de ser un bebé para siempre.

Podríamos mencionar muchos más resultados de esta enseñanza balanceada, pero ahondemos en algo de este “entendimiento”, el cual acaba de ser mencionado.  Como ha sido dicho, la Palabra hace división entre espíritu y alma.  Dado que nosotros somos hechos en imagen de Dios, nosotros somos trinos también.  Pablo oraba para que nosotros pudiésemos ser “santificados”, lo cual quiere decir “poner aparte” o ser apartados en nuestro “... espíritu, alma y cuerpo ...” en la venida de Cristo (I Tesalonicenses 5:23).  Nosotros no debemos ser como el cocinero que, vendado de los ojos, va hacia la despensa y hace un “batidillo” de cualquier cosa que tomó casualmente; porque incluso, si ese “batidillo” proviene de una tienda de primera clase, traerá indigestión.  Sin embargo, muchos ministros fracasan en hacer caso al llamado de “trazar bien la palabra de verdad” (II Timoteo 2:15) y se preguntan por qué la gente tiene indigestión.  Una vez pasé por Phoenix y un pequeño niño lleno del Espíritu, confidencialmente, me dijo que Dios le daba muchos mensajes, pero él no podía predicarlos a los adultos, decía él, porque ellos no apreciaban los mensajes.  Yo pregunté cuál era uno de esos mensajes y él me preguntó ¿cuáles son la primera y última palabras de la Biblia? “En ... y Amén”, respondí.  Entonces, él contestó “Tu ves, esto muestra que toda la Biblia está hecha para ser puesta en un hombre”.   Si toda la Biblia está dada para “que el hombre de Dios sea perfecto” (II Timoteo 3:17) y si ese hombre es un hombre trino, es lógico que algunos de esos versos traten con el espíritu, otros tratan con el alma y otros con el cuerpo.  Especialmente, esto es una gran verdad concerniente a la salvación.

“Él cual nos libró y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aún nos librará” (II Corintios 1:10). Justificación, santificación y glorificación describen las tres formas de liberación mencionadas, porque nosotros fuimos liberados una sola vez y para siempre de la eterna pena del pecado (I Tesalonicenses 1:10) la cual fue justificación y ésta vino por la sangre, la cual, por supuesto es fundamento de todo.  A través de nuestro diario caminar en santidad, caminar que es santificación, nosotros estamos siendo liberados del poder del pecado (hábitos, tentaciones).  Pero un día, por fin, seremos liberados de la presencia del pecado; esta liberación será la glorificación cuando Cristo venga.

“Justificación” es un término legal o judicial.  La parte perdonada de quien ha sido absuelto puede o no tener sentimientos, pero “santificación” significa “poner aparte”, lo cual, usualmente, involucra un caminar.  Si tú estás en una puerta y deseas separarte hasta la otra puerta, tú debes caminar.  “Caminar” denota nuestra diaria experiencia y la acción de dar pasos de fe.  Previamente, “Santificación”, la cual ha sido visto que se logra por medio de la sangre, nos “separará” tan lejos como nuestra posición eterna es en Cristo y, esa fase de “santificación” fue incorporada en justificación y, por tanto, es “una vez y para siempre” y nos deja en perfecta posición en Cristo en nuestro espíritu, alma y cuerpo (Hebreos 10:10, 14).  Además, “santificación” fue entendida por ser de acuerdo con la verdad.  “Santificalos en tu verdad, tu palabra es la verdad” (Juan 17:17).  Esto nos separa tan lejos como nuestra condición es afectada diariamente y esto, generalmente, es referido a la “santificación”. Entonces, el Espíritu Santo nos santificó, siendo bautizados en Él, nosotros fuimos separados para servicio (Romanos 15:16) como los levitas fueron separados cuando ellos fueron ungidos con el aceite santo de la unción.  Cuando, en I Tesalonicenses 5:23,  Pablo exhortó a los santos a ser completamente santificados, incluyendo el espíritu, él sabía que aún cuando, por el nuevo nacimiento, ellos tenían un espíritu perfecto, todavía necesitaba ser separado para servicio y no estar echado adormilado:  “... al cual sirvo en mi espíritu” (Romanos 1:9).  Fe, esperanza y amor son llaves para esa “gran salvación”.  “Justificados pues por la fe ...” (Romanos 5:1).  Nosotros somos purificados o santificados por esperanza (I Juan 3:3).  El amor nos pule, nos bruñe y nos perfecciona para su venida (I Corintios 16:22).  Por supuesto que estos son como bloques de construcción, uno encima de otro, así que la esperanza Divina incluye fe (Romanos 4:18) y el amor incluye fe y esperanza (I Corintios 13:7).

En la Biblia, en ambos testamentos, en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos, la palabra “Salvación” tiene la idea de ser “puesto en un lugar a salvo”.  Mucha gente salva necesita ser “salvada” en este sentido.  Usualmente, tú puedes decir esto ya sea en tiempo pasado, presente o futuro, pero salvación está hablando de justificación, santificación y glorificación, respectivamente.  Algunos ejemplos de ello los encontramos en Tito 3:5-7, Filipenses 2:12-13 y Romanos 13:11.

Por supuesto, no debemos considerar que las palabras “espíritu, alma y cuerpo” sean mencionadas cada vez que la Palabra de Dios se refiere a ellas.   Un ejemplo de esto es I Juan 3:2-3 y 4:17, donde por contraste se dice que “seremos semejantes a él”; nosotros estamos siendo semejantes a Él y, en demasiadas palabras, dice que ya hemos sido hechos semejantes a Él.  “Pues como (‘Katheos’ es usada denotando ‘semejante, asemejar, igual’ en cada particularidad) Él es, así somos nosotros en este mundo”.  Físicamente, nosotros seremos semejantes a Él, en glorificación.  Ahora, nuestra alma está siendo semejante a Él si es que está siendo purificada por y en esperanza.  Pero, “el que se une al Señor, un Espíritu es con Él” y nuestro espíritu, nacido del Espíritu de Dios (Juan 3:6) ya es semejante a Él.  El Sumo Sacerdote maduro está dentro de nuestro Lugar Santísimo.

Nuestro Lugar Santísimo, nuestro espíritu, es sin pecado; ni siquiera el diablo puede tocarlo.  I Juan 3:9 y 5:18 son versículos de poder que nos muestran esto.  Porque “cualquiera que es nacido de Dios no hace pecado” está hablando exactamente del espíritu solo.  Porque habla de Cristo y la naturaleza Divina está echando raíz en las áreas de la vida de nuestra alma, la cual nosotros sometemos a Él.

De hecho, el alma es comparada con una “tierra de labranza”.  “Vosotros labranza de Dios sois” (I Corintios 3:9 literal). Tres cosas hacen un buen jardín.  Estas tres cosas son: la primera, el cultivo (arando y fertilizando), lo cual habla de la cruz en nuestras vidas; la segunda cosa es la semilla, la Palabra de Dios; y la tercer cosa es la lluvia, el Espíritu Santo, que refresca la tierra seca.  La tierra era vegetación natural silvestre, antes de ser cambiada.  Nuestra alma es “ánima” o “natural” y “el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios” (I Corintios 2:14).  Algunas veces, las plantas venenosas se expanden dentro del alma y la vuelven más “natural”; se hace carnal o carnalmente.  Pero, de someterse al Labrador Divino, Él la hace fructífera y espiritual.  Dios permite que la Palabra de Dios divida lo carnal de lo espiritual, o nos descubra por qué vale la pena lo espiritual de lo carnal.  Aunque haya alta liturgia o música religiosa basada en el Jazz, lo cual podría engañar al hombre sensual, no puede engañar al Espíritu de Dios.

Nosotros somos semejantes a una cámara fotográfica que está enfocada hacia un objeto; en este caso, la cámara está enfocada hacia Cristo.  La cámara debe estar inmóvil.  Si nosotros paramos de trabajar por la salvación y jalamos el disparador de la fe, nosotros encontraremos una réplica madura de Cristo estampada en el negativo, en este caso en nuestro espíritu.  Sin embargo, es necesario ir a través del cuarto oscuro y cualquier fotógrafo diría tener seis líquidos en su cuarto oscuro y esos líquidos podrían revelar la imagen antes de ser puesta en un marco.  Si nuestra alma está en el cuarto oscuro de la vida y, como se ha anotado en un artículo previo, hay siete llamados al trono, el séptimo llamado es cuando Cristo venga y nosotros seamos “formados” (o transformados), por así decirlo, en un cuerpo glorificado.

Justificación es la cuenta del Padre de vida Divina para nosotros.  Santificación es nuestra aceptación de la vida del Hijo.  Esto continúa diariamente.  Glorificación es la revelación del Espíritu Santo de esta vida, a través de nosotros, no sólo ahora (Juan 15:8) sino cuando Él cambie nuestros cuerpos para ser semejantes al Cuerpo Glorioso de Cristo.

Hay tres juicios o sentencias que conciernen particularmente al creyente en lo individual.  El primero fue en el Calvario; ahí, Cristo “... para deshacimiento del pecado se presentó ...” por nosotros  (Hebreos 9:26).  El segundo juicio es continuado; Él juzga o sentencia nuestros pecados, “... para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios” (Hebreos 9:24).  Finalmente, el último juicio que sentará Dios será en el juicio del servicio nuestro porque Él “la segunda vez ... será visto ...” por nosotros (Hebreos 9:28).

Nosotros vimos en la segunda parte que “Gracia y Verdad” estaban balanceadas juntas en nuestras vidas.  ¿Cómo relacionarlas juntas?  La verdad nos señala el camino correcto, pero la gracia es la suficiencia de Dios (II Corintios 9:8) para encontrarnos en ese camino. Además, nosotros vimos que el tabernáculo consistía de 32 piezas principales compuestas además de 32 provisiones.  Sus jornadas en el desierto consistieron en 32 paradas.  Dado que el tabernáculo tipifica nuestro corazón, nosotros no nos sorprendemos de saber que el valor numérico para corazón, en Hebreo, “leb” es 32.  Las dos consonantes “l” (lamed) y “b” (beth), en Hebreo, significan “enseñar” y “casa tienda” (“casa de campaña”).  El “corazón” es la casa donde Dios revela Su voluntad al hombre.  Alegóricamente, nosotros podemos decir que la palabra Hebrea “leb” ilustra o tipifica el corazón como una casa o tabernáculo, porque él dijo “¡Mis entrañas! Me duelen las telas de mi corazón ...” (Jeremías 4:19 literal; y también podemos confrontar Oseas 13:8).

Nosotros somos semejantes a un pequeño o minúsculo universo.  ¿Es incorrecto decir que nosotros somos prefigurados en el universo? Acaso ¿No serían nuestros cuerpos tipificados por el globo terráqueo?  ¿No serían nuestros espíritus prefigurados por los límites de los cielos arriba de la atmósfera de la tierra?  Después de todo, nuestros espíritus están hechos para tener contacto con lo infinito.  La palabra Hebrea “ruach”, espíritu, puede además significar “una región del cielo”.  En este caso, nuestra alma sería prefigurada por la atmósfera celeste ozonada alrededor de la tierra.  Sí, nuestra alma está sujeta a las nubes de la vida y puede convertirse totalmente taciturna, sombría, de un humor inestable y raro.  Algunas veces, las tormentas fermentan en ella también.  Hoy todavía, el espíritu de Nimrod está vivo porque, una vez más, nosotros vemos al hombre tratando de construir sus torres de Babel para exaltar lo terrenal contra lo espiritual.  La ciencia moderna puede enviar dentro de naves espaciales el éter con el cual puede conducir hacia abajo mensajes importantes para nosotros aquí; cuánto más haríamos nosotros en nuestro universo personal, como Juan en Patmos, quien “estaba en (el) espíritu” (Apocalipsis 1:10).  Quizá hay todo tipo de parábolas aquí, sin embargo, el espacio impide mencionarlas.  Pero Cristo dijo que, algunas veces, los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de luz.  Los nueve dones del Espíritu Santo son “espirituales” por los cuales el Espíritu puede conducir riquezas inexplorables desde nuestro espíritu perfecto hacia nuestra alma perfectible.

Nuestro espíritu tiene tres funciones: habitación (para que Cristo more en él), revelación (porque él es el vínculo  -eslabón-  entre Dios y el alma) y respiración (Santiago 2:26).

Nuestro espíritu fue creado porque Dios alentó Su soplo creativo dentro de Adán.  Nuestra alma fue hecha en el sentido de que “fue el hombre en alma viviente” y “fue” (en Inglés se utiliza la expresión “se convirtió”) y “hecho” (Isaías 57:16 la versión de la Biblia al Inglés  -King James-  utiliza el verbo “hacer” para este pasaje de Isaías) envuelven un proceso que no termina sino hasta la muerte.  Pero, físicamente, el hombre fue “formado ... del polvo de la tierra” (Génesis 2:7).  Isaías suma todo cuando dice: “... para gloria mía los crié, los formé y los hice” (Isaías 43:7).

Nuestro espíritu anhela adorar a Dios.  Nuestra alma anhela caminar con Dios.  Nuestro cuerpo, bajo sujeción del Espíritu, trabajará para Dios.  Todos ellos juntos, unidos, para ser un testigo de Dios.

Nuestro espíritu fue originado de arriba.  Nuestro cuerpo fue originado de abajo.  Nuestra alma está atrapada en medio y viene a ser un campo de batalla.  Los puestos de avanzada que guardan el alma son cinco sentidos.

Algunas veces, el alma “tiene muchas ganas suyas” pero también es débil para resistir contra dos fuerzas potentes; así que termina de cabeza con una condición de vasallo o siervo hacia uno u otro.  Cuando el enemigo ha construido ahí, su estructura debe ser derribada y limpiada.  Este proceso, nosotros lo llamamos “santificación” porque únicamente entonces se es puesto aparte o “separado” para el uso de Dios.  Pero, además, tendría que haber un edificio de la nueva vida, hacia arriba, proceso que es llamado “consagración”.  En el Antiguo Testamento, la palabra para “consagración” viene de la palabra “llenar, henchir o ser lleno de”.  Y como Dios construye Su estructura de fe dentro de nosotros, nosotros venimos a ser un potente baluarte henchido de la llenura de Dios.  La misma palabra del Antiguo Testamento para “fe” “fidelidad” y “verdad” (emanah) es sinónimo y viene de la palabra “Aman” cuyo significado es “construir hacia arriba”.

Amén viene también de “Aman”.  (Entonces, lo que el pequeño jovencito mencionó previamente en el sentido de combinar “En”, la primera palabra de la Biblia, con “Amen”, la última palabra de la Sagrada Escritura, para mostrar que la Biblia fue hecha para ser puesta “En un hombre” ¡no era un error, después de todo!  Dios nos dé más receptividad como de niño)[4].  Cada nueva verdad que Dios coloca, no simplemente en nuestro intelecto, en nuestra alma, nos hinche un poco más con la nueva creación.  La primera de todas las verdades que adoquina de piedras nuestro corazón empezó con la fe, ya que Dios “es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).  Dios quiere Su estructura de fe, Su nueva creación, para henchir toda nuestra alma.

En esta era atómica, la cual se maravilla de lo que puede hacer aplicando las leyes naturales, por qué no dejar a Dios hacernos sabios al aplicar Sus leyes espirituales.  En lugar del fin y de la destrucción provocada por la sabiduría del hombre, todo concluiría con la poderosa Iglesia apareciendo fuerte sobre el último gran campo de batalla, antes que Cristo venga.  Las dos fuerzas están disponiendo toda la fortaleza que ellas tienen; Satanás sabe que su tiempo es corto.  Daniel miró más allá del tiempo presente y dijo: “y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento ...” (Daniel 12:3).  La llamada de trompeta está cerca de sonar.  Cuando esto aparezca, las cosas no podrán ser mejores, nosotros vamos a casa.  “Sea así.  Ven Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).

 

                                 *                      *                      *

 

En la parte, IV el objeto de estudio será la naturaleza del hombre.

 


DOCTRINA DE ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

Por Jack Locker

CUARTA PARTE.-  Los Cuatro Hombres.

 

(Tomado del folleto en Inglés titulado “SPIRIT, SOUL AND BODY, PART IV – The Four Men)

 

{Todas las referencias bíblicas son tomadas de la antigua versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, a menos que se haga alguna referencia distinta}

 

I Tesalonicenses 5:23 menciona las partes del ser humano, a saber: espíritu, alma y cuerpo. De hecho, las Sagradas Escrituras no dicen, realmente, demasiado acerca del espíritu del hombre. La mayor parte de las Escrituras habla del alma del ser humano, y lo hacen por una buena razón: es el alma del hombre la que pecó y es la que puede morir eternamente. Es el alma y el cuerpo los que pueden ser echados en el infierno (Mateo 10:28). Es en nuestra alma donde estas grandes batallas entre las tinieblas y la luz estuvieron siendo peleadas. Pero además, para hablar acerca de diferentes naturalezas del ser humano, nosotros estaremos hablando del alma humana. Sin embargo, antes de abordar este tema hablemos brevemente acerca del espíritu humano.

Un importante pasaje de la Escritura es I Corintios 2:10-11. Ahí está siendo hecha una comparación entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre. En la mente de Dios, el Espíritu Santo es el que escudriña las cosas profundas de Dios. De manera similar, en el ser humano, es el espíritu del hombre quien escudriña o conoce las cosas profundas del hombre. De hecho, una lectura más literal del versículo 11 es está: <<Porque ¿qué (parte) del hombre conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?>> Aquí, nosotros podemos ver que, de hecho, el espíritu humano es racional y “conoce”. I Corintios 14:14-15 nos habla de la operación de hablar en otras lenguas, como una expresión de nuestra vida de oración. Aquí, nosotros vemos que nuestro espíritu tiene una mente de su propiedad y es capaz de expresarse por sí mismo, enteramente, aparte de nuestro entendimiento. Sí, nuestro espíritu conoce cosas que nosotros no conocemos; los grandes misterios de Dios; las maravillosas obras de Dios, y podemos expresarlas a través de nuestras bocas (I Corintios 14:2; Hechos 2:11). Y esto nos lleva al siguiente punto.

Pablo dice que quien se une al Señor un Espíritu es con Cristo. Estoy seguro, nosotros no podemos comprender la cercana unidad entre el espíritu humano y el Espíritu de Dios. Pero en Romanos 8, Él establece simplemente que <<el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu>>. Encontramos en esta declaración una continua e inquebrantable comunión entre nuestro espíritu y el Espíritu Santo. Y ¿cómo es esta comunión? Esta comunión se da no solamente cuando somos hijos de Dios; esta comunión es estar completamente seguros de que ¡es sublime y suficiente! Pero además, el Espíritu da testimonio que nosotros estamos unidos, perfectamente ligados, con Jesucristo. ¡Qué maravilloso! El que escudriña las cosas PROFUNDAS de Dios, las inescrutables riquezas de Cristo, Él, el Espíritu Santo, está constantemente en comunión con nuestro espíritu, respecto de esas cosas de Dios. Y no es de maravillarse que nuestro espíritu siempre está listo para orar. Nuestro espíritu tiene algo sublime para orar al respecto. Hay una parte de nosotros, la cual ve el final de nuestra fe, y nunca podrá desanimarse, más bien, está siempre lista para ayudar nuestros achaques. <<Porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos>>, pero nuestro espíritu sí lo sabe. Y Él que escudriña los corazones (Espíritu Santo) sabe cuál es el intento del espíritu y, conforme a la voluntad de Dios, intercede y demanda por los santos, por nosotros.

El alma del ser humano puede semejarse con un edificio de acero, con muchas habitaciones en sí mismo. Todos los cuartos están cerrados y llenos, excepto un pequeño cuarto en la esquina. Y esa pequeña esquina es donde nosotros vivimos. En Romanos 8:20, nosotros leemos que las criaturas fueron sujetas a vanidad (vacío)… por causa del que las sujetó en esperanza. Nosotros encontramos algunas personas con una “gran” alma, teniendo personalidades extrovertidas. Y nosotros llegamos pensar que esas personas como teniendo una gran capacidad. Pablo, Moisés, Isaías, podrían ser ejemplos de esto. Muchos cuartos, en su “edificio”, han sido “abiertos”, y ahí, ellos están viviendo. Nosotros vemos a otros quienes no tienen semejante alma grande. Pero si nuestro potencial es grande o pequeño, la principal cosa es que Cristo lo tiene todo. Toda nuestra capacidad debe ser llenada con Cristo. Ésta es la “esperanza” que el Padre tuvo sujetándonos a esta vanidad. Así, la vanidad de ser grande o pequeño no es importante para Dios. La principal cosa es que todos los cuartos de nuestra alma que han sido abiertos sean llenos de Cristo.

La Biblia habla de cuatro “hombre”, a saber: a) el hombre exterior, b) el hombre interior (u hombre “secreto”), c) el viejo hombre, y d) el nuevo hombre. Por supuesto, el hombre exterior es el cuerpo físico. El hombre interior contrasta con el hombre exterior; el hombre interior es lo más profundo del ser humano. En el alma de Adam, antes de que él pecara, sólo había el hombre interior. El hombre interior es la naturaleza que Adam tenía cuando Dios lo creó; su original ego ante una naturaleza de pecado entró en él. Teniendo solamente una naturaleza, en sí mismo, Adam nunca tuvo algún conflicto en tomar decisiones. Adam era absolutamente maestro en su propia alma; y podía siempre hacer todo aquello que él deseaba.

Considerar ahora a Adam, en su estado de inocencia, nos lleva a la conclusión de que él nunca estuvo entre lo justo o lo injusto. ¿Qué era lo que hacía que Adam viviese en un alto plano, por encima de los animales? ¿No fue acaso una naturaleza mayor? (La Biblia no utiliza semejante palabra para ello, y nosotros no podemos ser dogmáticos acerca de ciertos términos). Nosotros podemos ver esto en Génesis 2:20, <<Y puso Adam nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo; mas para Adam no halló ayuda que estuviese idónea para él>>. ¿Cómo conoció él esto? Había una naturaleza en él que lo encausaba a conocerlo; una naturaleza, la cual lo encausó por ser humano preferentemente que en semejanza de animal. Así, respecto de esta naturaleza, no es algo inherente a lo justo o injusto. Es realmente la manera de ser humano en contraste con las demás criaturas. Éste es el hombre interior.

El viejo hombre es aquel que fue concebido cuando Adam pecó. Por supuesto, el pecado tuvo su origen en Lucifer, cuando éste a su vez pecó. Satán concibió la naturaleza de pecado. Cuando Adam pecó, él recibió en su ALMA la semilla de aquella naturaleza. El Señor Jesús declaró que una persona es esclava de aquel a quien obedece. Cuando Adam obedeció a Satán, Adam se convirtió en esclavo de Satán. La servidumbre y esclavitud no fue externa (la cual es forma de cadena o de un azote o látigo) sino que esa esclavitud fue interna, en el alma de Adam. Cuando Adam obedeció a Satán, entonces, Satán puso su propia semilla de pecado en el alma de Adam. La obediencia de Adam a Satán fue la puerta, a través de la cual Satán entró, y puso su semilla de su naturaleza de pecado en el alma de Adam. Y sólo fue una cuestión de tiempo, hasta que la semilla creció y se manifestó por sí misma dentro de un “hombre” –el “viejo hombre” –. Este crecimiento de la semilla del pecado, llamada “el viejo hombre”, contrasta con “el nuevo hombre”, el cual nosotros recibimos después, por supuesto.

El viejo hombre es simplemente muy natural; es la personalidad de Satanás expresándose, por sí mismo, en el alma del ser humano. Ahora bien, así como encontramos diferentes cantidades de frutos, entre un árbol y otro, en la naturaleza, de igual manera, nosotros encontramos varios grados de manifestación de la naturaleza del diablo (“el viejo hombre”). Pero la naturaleza de pecado es la misma. Y al igual que el fruto en el árbol, sólo es cuestión de tiempo y del adecuado medio ambiente, y entonces la naturaleza, que está codificada genéticamente en la “pequeña” semilla plantada en la tierra, será manifestada. De esta manera, la naturaleza que estuvo en la “pequeña” semilla, la cual fue plantada en el alma de Adam (cuando miente obedece a Satanás) sólo necesitó tiempo para manifestar sus frutos. Pero además, nosotros conocemos muy bien ese fruto: orgullo, soberbia, ira, enojo, envidia, pleitos, celos, malignidades, engaños, dudas, miedo, temores, etc. Y de esta manera, la raza humana entera ha venido a ser corrompida, dado que todos fuimos concebidos en pecado. <<De consiguiente… así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron>> (Romanos 5:12); <<Porque así como en Adam todos mueren…>> (I Corintios 15:22); <<He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre>> (Salmo 51:5); <<Enajenáronse los impíos desde la matriz; descarriárronse desde el vientre, hablando mentira>> (Salmo 58:3).

Muchas veces, Pablo está hablando del viejo hombre, con el término “pecado”. Especialmente, nosotros vemos esto en Romanos 6, donde sistemáticamente Pablo dice “pecado” en lugar de “pecados”. Éste es la naturaleza de pecado –o principio del pecado; ésta es la naturaleza que Adam recibió, de parte de Satanás. Adam no recibió las obras de la naturaleza, sino la naturaleza misma que fue pasada a sus hijos, de generación en generación. Y así, los pequeños hijos “inocentes” nacen en esta vida, sin siquiera haber tenido oportunidad de hacer “pecados” todavía; sin embargo, Dios ya estableció, a manera de conclusión, “que todos pecaron”, sabiendo que esto es sólo una cuestión de tiempo, hasta que la naturaleza se expresa, a sí misma, en las obras que nosotros llamamos “pecados”.

Esto es debido a que el hombre tiene estas dos naturalezas –el hombre interior y el viejo hombre– y que el ser humano tiene como un conflicto en su alma. Nunca hubo un hombre que viviese una experiencia sin pecado, excepto el Señor Jesucristo. “Yo llegué a pensar que semejante cosa era incorrecta; llegué a pensar que yo sí lo haría –experimentar una vida sin pecado–, pero yo pecaba de todos modos; y después de todo, yo estaba enojado, airado.” Cada persona, hasta las personas no regeneradas han tenido esta experiencia. Por supuesto, a medida que el ser humano crece en el pecado, entonces, el conflicto disminuye cada vez menos y menos, hasta desaparecer. Sin embargo, aún en los no salvos, hay un cierto conflicto, pero de repente ¡el conflicto ya no es tan grande! Porque el hombre interior no tiene fuerza en contra del viejo hombre –la naturaleza de pecado–. Solamente es la misericordia de Dios la que restringe y detiene la mano de Satanás para consumir al hombre a través de su semilla dentro del ser humano.

Y, finalmente, nosotros llegamos con el nuevo hombre: <<el nuevo hombre, el cual por el conocimiento, es renovado conforme a la imagen del que lo creó>> (Colosenses 3:10). El nuevo hombre es creación de Dios. <<Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios>> (Juan 1:13).

<<…a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de Su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre>> (Colosenses 4:5b-6). Dios primero nos hizo sus hijos, por adopción; después, por causa de ser hijos adoptados, Él envió el Espíritu de Su Hijo, dentro de nuestros corazones. Esta acción de Dios, en su momento, nos hace ya no sólo hijos adoptados, sino hijos engendrados, hijos por nacimiento. Esta experiencia es un auténtico nacimiento, por el cual nos convertimos en auténticos hijos de Dios. Cuando nosotros nacimos de nuestros padres naturales, nosotros recibimos la naturaleza de ellos, y cuando nosotros nacimos de Dios, nosotros recibimos la naturaleza de Dios. Ésta es la única manera de convertirnos en auténticos hijos de Dios, es sólo la naturaleza divina. Si yo no tengo la naturaleza de mi padre y de mi madre, entonces, realmente yo no existo. De la misma manera, si no tengo la naturaleza de Dios, entonces todo lo que hagamos en este mundo jamás podrá hacernos hijos de Dios.

Así como recibimos la naturaleza de nuestros padres, primero recibimos justamente una semilla; en idéntica forma, nosotros recibimos la naturaleza de Dios, primero recibimos justamente una semilla.

I Juan 3:9 dice: <<Cualquiera que es nacido de Dios…>> Ahora bien, ¿qué significa esto? Ello nada tiene que ver con nuestro hombre exterior (el cuerpo), porque el hombre exterior (el cuerpo) nació de nuestros padres naturales. Ello no está significando nuestro hombre interior; porque además vino de nuestros padres naturales, a través del nacimiento. Tampoco está significando el viejo hombre, porque éste vino de Satanás. Por supuesto, el nuevo hombre es aquel que es nacido de Dios. Y para continuar con I Juan 3:9, <<…no hace pecado…>> Por supuesto que el nuevo hombre “no hace pecado”. El nuevo hombre, por su naturaleza, nos cuida de pecar. Por su naturaleza, el nuevo hombre nunca ha tenido ni tiene deseo de pecar. El pecado, en cualquiera de sus formas es completamente repulsivo para el nuevo hombre, porque es auténticamente de la varadera naturaleza de Dios. Para esa parte de nuestro ser que ha nacido de Dios es tan imposible pecar, como también es imposible para Dios pecar, por Sí mismo. Y cuán maravilloso es el propio versículo de I Juan 3:9, el cual continúa <<…porque su simiente (semilla) está en él…>> Esta preciosa semilla de Dios (puesta por el Espíritu del Hijo de Dios dentro de nuestros corazones) siempre permanecerá en nosotros.

Justo como la semilla natural de nuestros padres  creció en una naturaleza madura, de la misma manera son los deseos de nuestro Padre celestial, que Su semilla, la cual fue plantada en nuestros corazones, madure y crezca <<hasta que Cristo sea FORMADO (completamente maduro) dentro de nosotros>> (Gálatas 4:19).

La Biblia enseña que Cristo es en nosotros, en dos diferentes maneras; en forma de semilla (la cual nosotros hemos estado estudiando), y en la llenura de Su Gloria, es otra forma de tener a Cristo en nosotros: esto es como Cristo es en los cielos, justo ahora, a la diestra del Padre. Esto está mencionado en Juan 14:23 <<Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada>> Esto no es Cristo viniendo dentro de nuestros corazones, en la forma u operación del nuevo nacimiento, sino a la manera de la llenura y plenitud de Su Gloria. Cristo viene dentro de nosotros en una forma de semilla; y de hecho nos convierte. Pero aquí en Juan 14:23, Cristo y Su Padre emplean su identidad individual. El propósito de la manera de semilla es para hacernos hijos de Dios, pero la manera de Juan 14 es para comunión <<…Y Yo lo amaré, y me manifestaré a él…>> Está claro que éstas son dos diferentes formas, en las cuales Cristo viene a nosotros, porque a su vez, ambas son el resultado de dos distintos requerimientos de parte nuestra. Para que Cristo venga en forma de semilla (el nuevo nacimiento) nosotros simplemente requerimos de creer, y nada más; pero para que Cristo venga en la “forma de comunión” el requerimiento no es creer (porque ya ha sido hecho cuando la semilla de Dios vino dentro de nosotros) sino AMAR AL SEÑOR y PONER POR OBRA SUS PALABRAS. Algunas veces, nosotros los Cristianos usamos Apocalipsis 3:20 en el evangelismo a los no salvos pero, de hecho, el Señor está hablando esta palabra a Su pueblo (aquellos que ya han sido salvos). Más aún, ese pasaje de Apocalipsis 3:20 no está hablando a la iglesia de manera colectiva, sino a los miembros de la iglesia (si alguno oyere), no dice “si la iglesia como un todo oyere”. Además, el resultado de esto es no para darnos vida eterna, ni para hacernos hijos de Dios, sino para tener comunión <<entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo>>. Así, nosotros vemos que Juan 14:23 y Apocalipsis 3:20 hablan de la forma o manera de “comunión”, en la cual el Señor entra en nosotros.

En lo concerniente al Tabernáculo en el desierto, el Señor habló a Moisés <<Y hacerme han un santuario, y yo habitaré entre ellos>> (Éxodo 25:8). Dios tuvo el deseo de habitar en medio de Su pueblo Israel. El tabernáculo en el desierto, COMO HABITACIÓN DE DIOS, es un tipo de muchas y diferentes cosas; una de ellas es el hombre en sí mismo. El tabernáculo, con sus dos cuartos, viene a ser una clave para nosotros de cuál parte del ser humano es el lugar de habitación de Cristo, en la forma de comunión. Es obvio que el primer cuarto, con sus tres muebles, muestran el alma del hombre, con su intelecto, emociones y voluntad. Mientras que el segundo cuarto, siendo el lugar de habitación para la Gloria de Esdras, muestra nuestro espíritu humano. <<Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre la cubierta, de entre los querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandaré para los hijos de Israel>> (Éxodo 25:22). Nuevamente, nosotros vemos a Dios manifestándose a sí mismo, por el propósito de comunión. Como nosotros vemos estas tres escrituras, Juan 14:23, Apocalipsis 3:20 y Éxodo 25:22, nosotros podemos entender que Cristo habita en nuestro espíritu humano, en la forma de “comunión”. Esto es porque <<...el que habla en lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios… aunque en espíritu hable misterios>> (I Corintios 14:2). En nuestro espíritu humano, el lugar de habitación de Dios en Su gloria, Dios se está revelando a sí mismo a nosotros, hablando misterios hacia nosotros. No es de extrañar que nuestro espíritu siempre esté dispuesto para orar.

[En la segunda parte de este trabajo, titulada: DOCTRINA DE ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO, por Robert Ewing, SEGUNDA PARTE.- El tabernáculo.- El álbum fotográfico de Dios, nosotros vimos que nuestro espíritu humano, semejante al Lugar Santísimo, está reservado solamente para Cristo, y que ese lugar es sin pecado (I Corintios 5:5), <<…el espíritu vive a causa de la justicia>> (Romanos 8:10).

Ahora, para considerar una vez más a Cristo en la forma de “semilla”, “forma de crecimiento”, Gálatas 4:6 dice claramente <<…Dios envió el Espíritu de Su Hijo en vuestros corazones, el cual clama Abba, Padre>> Es muy claro que este pasaje nos muestra la forma de Cristo como “semilla” y la forma de “crecimiento”, porque no está hablando misterios, ni revelándose a Sí mismo, pero sí está diciendo vez tras vez: “Padre, Padre”. Esto, por supuesto, es el hijo de Dios en nuestra manera natural de expresarnos hacia nuestro Padre celestial. Éste es el testimonio que nosotros tenemos dentro de nosotros mismos, de que somos nacidos de Dios.

Dios tiene una muy buena razón para poner su semilla en nuestras almas. Es en nuestra alma que nosotros estamos ligados por el viejo hombre (la naturaleza de pecado). Justo como Satanás sembró su semilla de pecado en el alma del hombre, así el Señor sembró Su semilla de justicia, exactamente al lado de aquella. ¿Por qué? ¡Porque el viejo hombre debe ser destruido! <<Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo>> (I Juan 3:8). Encontramos dos aplicaciones para este pasaje: primero, el Hijo de Dios fue manifestado en esta tierra como el Cordero de Dios, el cual llevó todo el pecado de la humanidad, y destruyó las obras del diablo; en segundo lugar, Cristo se manifestó en nuestros corazones, donde Él puede destruir el incremento de la semilla de pecado, las obras del diablo, las cuales crecen semejantemente a una de vid sobre la estructura de nuestra personalidad, a saber, el hombre interior. Esto es lo que Pablo menciona en Gálatas 4:19 <<Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros>>.

Pablo habla de ciertas leyes: la ley del pecado y de la muerte, la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús (Romanos 8:2), y la ley de nuestra mente (Romanos 7:23. Nosotros podemos ver cómo cada una de estas leyes corresponde a los tres “hombres” mencionados. En Romanos 6 y 7 está establecido cómo el viejo hombre (la ley del pecado y de la muerte) manipula la ley de Moisés para matarnos, y para fortalecerse y expresarse por sí mismo. Pero, ¡Gloria a Dios! Ahora que Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo, dentro de nuestros corazones, ¡nosotros podemos tener libertad! La ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús (el nuevo hombre) nos ha hecho libres de la ley del pecado y de la muerte. La ley de la mente, probablemente, es la sumatoria de los principios que determinan las operaciones de nuestro intelecto, emociones y voluntad (hombre interior).



[1] El corazón es el Centro de la Vida. Es el punto de partida de los principios de la vida. El Alma es la Personalidad de la Vida. La Mente es el conjunto de Facultades de la Vida o la Vida Práctica. Y la Fuerza es el Producto o Resultado de la Vida.

[2] IMAGINACIÓN.-(en Español).-  F. Facultad de poder imaginar.-  Representación idealizada de una cosa.  Crear, pensar. V. Gr. Prefigurarse.

[3] En esta última explicación de los utensilios usados en la Mesa de los Panes, nos son mostrados los cinco sentidos del alma.  El hermano Roberto Ewing hace la siguiente explicación: 1.- Las cucharas ilustran la memoria; 2.- Los tazones prefiguran la conciencia; 3.- Las escudillas o platos son figura de la imaginación; 4.- La “razón” esta tipificada en el “gusto”, al comer el pan; 5.- Luego entonces, por exclusión de los demás utensilios, las copas deben ilustrar los afectos.

[4] Este juego de palabras se debe a que en Inglés la palabra “Amen” (“Aman”) da la intención de “un hombre”.  De esta manera, la visión del niño y del Hermano Roberto Ewing checa con la intención de las palabras en Inglés “In Amen” (“In a man”) que quiere decir “En un hombre”.  Así se debe entender y explicar que la Biblia fue hecha para ser puesta “en un hombre”.  (Todas las notas son del traductor).

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