SIETE RELACIONES QUE DEBEMOS CONOCER

Proverbios 4:18 “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora...”  El camino de los justos es la Doctrina del Señor Jesucristo.  Como cristianos que somos, nuestras vidas ya no son para vivirse en forma desordenada.  No podemos ni debemos vivir como queramos.  Dios nos ha dado estándares de conducta:  Debemos ser como Cristo.  En el espíritu ya somos como Cristo, pero en el alma debemos ser transformados hasta llegar a la estatura del varón perfecto, Cristo Jesús.  Sin embargo, uno de los problemas que enfrentamos es que, al llegar a Cristo, no sabemos todos esos estándares de conducta; desconocemos muchos de los propósitos de Dios.  Pero lo trágico es desconocer los patrones de conducta para crecer en Cristo.

En cierta ocasión, Dios le reveló al Hermano Robert Ewing las SIETE RELACIONES BÁSICAS, y le mostró que ellas son una herramienta para tener un entendimiento de la doctrina.  De hecho son estructuras sobre las cuales podemos construir la sana doctrina.  El apóstol Pablo exhortó a Timoteo a que procurara con diligencia presentarse a Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad (I Timoteo 2:15).  En la misma epístola, Pablo escribe: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste...”  (I Timoteo 1:13).

Pablo conocía las relaciones básicas y las aplicaba a la enseñanza de la doctrina.  Un predicador no debe pararse en el púlpito sin haber estructurado la doctrina para los santos.  El hermano Roberto dice que si un cocinero va con los ojos vendados a la alacena y toma de todo lo que hay y prepara algo, aquello que prepare será indigesto pues no tomó cuidado de ver que era lo que estaba mezclando aún cuando fuese de primera calidad todo.  Así es la palabra, nosotros debemos acomodar lo espiritual con lo espiritual (I Corintios 2:13c).

La siete Relaciones Básicas son como el telar de un tejedor: es la herramienta correcta para tejer las telas que habrán de vestir al Sacerdote y habrán de servir para edificar el santuario.  El artista agrega a sus diseños los toques especiales para que su obra sea primorosa, sea una obra de arte.  Cuando Dios le dio el modelo del tabernáculo a Moisés, en el monte, Dios le dijo, entre otras instrucciones, “y harás querubines de obra delicada (obra primorosa)”; “obra de recamador” “de primorosa obra le has de hacer”.  Estos pasajes del libro de Éxodo muestran en figura los propósitos de Dios para su obra divina.  El tabernáculo es figura de las cosas celestiales que habrían de venir.  El Ephod del sacerdote debía ser una obra primorosa; de la misma manera debían ser los querubines bordados para las cortinas del tabernáculo.  En sí, toda la obra del santuario debía ser una obra primorosa.  Para ello, Dios le dio el diseño a Moisés en el monte.  De esta suerte, Moisés no podía modificar el modelo.  Así es la doctrina.  Nadie debe cambiar los principios bíblicos.  Pero también es necesario presentar la doctrina con modelo.  Uno de esos modelos para trazar la Palabra de verdad está estructurado en las Siete Relaciones Básicas.

1ª  Relación Básica con la Palabra.  Salmo 119:140; 19:7-10 La Palabra de Dios es sumamente pura; pero, muchas veces,  nosotros caemos en la tentación de leer la Palabra superficialmente; a veces, la dejamos de creer; otras veces, abandonamos la Palabra y la consideramos una carga pesada para nuestras vidas.  Muchas veces caemos en el pecado de Israel.  El pueblo de dios, en el desierto, decía estar fastidiado del pan liviano de Dios (el maná).  “Y estas cosas les acontecieron en figura, y son escritas para nuestra admonición...” (I Corintios 10:11).  Nosotros debemos tener cuidado de no menospreciar la Palabra de Dios.

En otras muchas ocasiones, nosotros meditamos en la Palabra, pero mezclamos orgullo, en lugar de mezclar fe, y venimos a ella como jueces y no como niños.  Juan 6:26  Mucha gente había seguido al Señor porque tenían sus estómagos vacíos.  Buscaban la dádiva que henchía sus estómagos, pero no buscaban al dador.  Juan 6:27  Muchos hermanos vienen a la Iglesia porque la ven como casa de beneficencia.  Pero nosotros debemos venir a la Iglesia y a la Palabra a nutrirnos del pan vivo.

Salmo 1:1-3  La persona que camina con el Señor es como árbol plantado junto a arroyos de aguas.  David se deleitaba en la Palabra, día a día, a pesar de su ministerio de rey y de los problemas de Israel.  En su época, David tuvo que enfrentar una nación dividida y muchas guerras continuas, pero en el Salmo 119:97 él expresa:  “¡Cuánto amo yo tu ley, todo el día es ella mi meditación!”  Cada uno de nosotros debemos mantenernos de la Palabra, día a día (así es el árbol de las riberas).  Y es que la tentación viene como pensamientos, luego en forma de deseo y finalmente se convierte en pecado.  Por eso, debemos mantenernos en la Palabra.

La Palabra de Dios:  1.- Es mejor que piedras preciosas; es como y aún mejor que el oro (Salmo 119:72 y 127; Hechos 3:6);  2.- Es dulce como la miel (Salmo 19:10b; 119:103; Isaías 7:16); 3.-  Es la tierra que fluye leche y miel; 4.-  Es como espada de dos filos (Hebreos 4:12 y Efesios 6:17b); es la espada que nos corta pero, al mismo tiempo, es la espada que podemos blandir contra nuestro enemigo; 5.-  Es como una lámpara; nos alumbra en las tinieblas (Salmo 119:105); 6.-  Es el poder salvador (Romanos 1:16); 7.-  Es el nivel básico o estándar de nuestra vida (Salmo 119:9); 8.-  Es para meditar en ella (Josué 1:8), para masticarla y comerla; Cristo Jesús estaba hablando la Palabra, aún crucificado en la cruz; 9.-  Es una llama devoradora (Jeremías 5:14); 10.-  Es un martillo que rompe (Jeremías 23:29); 11.-  Debemos desearla (I Pedro 2:2); 12.- Es la fuente de nuestra limpieza (Efesios 5:26); 13.- Es la fuente de vida (Mateo 4:4; Lucas 4:4; Deuteronomio 8:3; Juan 5:39); 14.-  Es un espejo (Santiago 1:22-25).

La Palabra de Dios debemos leerla, atesorarla en el corazón, amarla, escudriñarla, memorizarla y vivirla o ponerla por obra.

Salmo 119:1, 9, 13-16 y 106; Mateo 7:24-27; Proverbios 1:2-7; Eclesiastés 12:12-13; Deuteronomio 4:1-2, 6, 8, 10 y 14; 5:1, 29, 31 y 33; 6:1-9, 20, 24-25; 7:11:14; 8:1; 11:8-9; 12:1; 27:1b; 28:1-2; Juan 14:15 (La obediencia a la Palabra de Dios debe ser en o por amor); 14:21, 23-24; Efesios 5:1-2; Romanos 13:8-10.

2ª  Relación Básica con el mundo.  El apóstol Santiago dice que la amistad con el mundo es enemistad con Dios (Santiago 4:4; I Juan 2:15-16; Mateo 6:24; Romanos 12:2; I Pedro 1:14).  Cantares 2:2  Nuestra posición en el mundo es semejante al lirio rodeado de espinas.  El Señor describe a Su amada como un lirio; y Su amada es la Iglesia Gloriosa.  El mundo no convertido a Dios es como espinas y cardos (ellos no pueden servir a Dios) figura de tierra maldecida, sólo sirven para el fuego.  Habitar en Dios es habitar en Amor.  Hay un mundo puesto en maldad (cardos y espinos) y sólo hay pocos lirios.  A causa del amor de Dios hacia el hombre, Dios maldijo la tierra, después de que el hombre pecó; en esa maldición, el Señor describe cuál será el fruto de la tierra, prefigurando al mundo:  “espinos y cardos te producirá” (Génesis 3:18).

Pero para Dios, nosotros somos lirios de su huerto.  El poema de Amor del Amado y Su Amada dice:  “mi Amado descendió a Su huerto, a las eras de los aromas; para apacentar en los huertos y para coger los lirios” (Cantares 6:2).  Enseguida, el poema declara “yo soy de mi Amado y mi Amado es mío; Él apacienta entre lirios” (Cantares 6:3).

El poema es muy elocuente.  Para un hijo de Dios, este mundo es semejante a un desierto.  El consuelo de este mundo es como la calabacera que cubrió a Jonás (Jonás 4:4-10).  Es un consuelo vano; es temporal, pasajero; es un consuelo sin consistencia.  Así es nuestra vida; nuestra cabeza se llena de consuelos vanos, pero Dios pone un gusano para quitarnos el consuelo del mundo.

Daniel 1:1-7  En la transmigración a Babilonia, Nabucodonosor llevó gente principal de Israel para estar en la casa real y para hacerles partícipes de la comida del rey.  Dentro del grupo de gente real de Israel, estaban los jóvenes Ananías (Jehová ha obrado con Gracia o Grande ha sido Jehová), Misael (Quién como Jehová), Azarías (Jehová me ayudó) y Daniel (Dios ha juzgado).  Nabucodonosor quiso transformar a estos jóvenes y empezó por cambiarles el nombre:  Ananías recibió por nombre el de Sadrach (es un nombre derivado de la lengua Caldea-Babilónica); a Misael, Mesach (uno de los significados más aceptados es “me ha vuelto débil”); a Azarías Abed-Nego (significa “siervo de Nego”), y a Daniel Beltzasar (cuyo significado es “Príncipe de Bel”).  Nabucodonosor quería librarse de Dios; sin embargo, el propósito no fue logrado.  Y es que la intención real era querer convertirlos a sus credos babilónicos.  Daniel 1:8-15  sin embargo, estos jóvenes sabían que no debían contaminarse con las abominaciones de este mundo; por tanto no quisieron participar de los alimentos de la mesa del rey.  Daniel sabía que los alimentos del rey eran sacrificados a los ídolos de Babilonia; además las víctimas no necesariamente eran limpias; seguramente no se sacrificaban conforme a la ley de Dios, de desangrar a las víctimas.  Participar de esas viandas era participar de las abominaciones babilónicas y también significaba apostatar del credo o fe judía.

Satanás anda a la búsqueda de los hijos de dios para hacerles partícipes y participantes de las abominaciones de este mundo.  Las razones de Nabucodonosor para contaminar a estos jóvenes era que no quería dos credos diferentes en su nación y quiso corromperlos a través de la comida.  Alguien que no quiere vivir conforme a los deseos de Dios, no tiene problemas; pero aquel que quiere vivir conforme ala voluntad de Dios, empieza a vivir problemas en este mundo.  A estos jóvenes Hebreos no les importó ser echados en hornos de fuego ni en fosos de leones.  Propongamos en nuestro corazón no comer ni beber lo del mundo; hagámoslo a pesar de los hornos de fuego y de los fosos de leones.

Mateo 5:13-14  Nosotros hacemos la diferencia.  Hay una diferencia entre sustancia y esencia; entre sal y salado; entre luz y tinieblas.  Los cristianos debemos funcionar (somos sal de esta tierra) como un elemento que detenga el proceso de deterioro o putrefacción de este mundo.  Cada vez, este mundo está más lleno de tinieblas y las doctrinas y sistemas científicos le hacen más obscuro.  Los cristianos debemos llevar la luz a esas tinieblas.

Juan 17:6, 9, 11, 13-16, 18-19, 21, 23; Hechos 26:17; Efesios 5:1-8 (especialmente los vs. 7-8)

3ª  Relación con la Autoridad. I Corintios 3:6-9  No podemos ni debemos ser independientes.  El diablo no quiso someterse y se independizó, pero nosotros no debemos serlo.  Nosotros debemos estar sujetos a las autoridades delegadas.  Debemos someternos porque ésta es la voluntad de Dios agradable y perfecta.  Cada uno de nosotros somos comparados con una planta de cultivo, y los ministros de Dios son quienes dirigen a la Iglesia, siendo el Espíritu Santo el ministrador.  Los dones no señalan dirección para la Iglesia. Los dones son para exhortación, consolación y edificación pero no para dirigir.  Debemos entender que los ministerios de Dios son Sus manos y él nos manda “... sed sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros... Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios” (I Pedro 5:5-6).  Los ministros de Dios son los dedos de las manos de Dios.

Hebreos 13:17, 7 y 24; Efesios 5:21; I Tesalonicenses 5:12-13; I Timoteo 5:17.

4ª  Relación con los Tratos Personales de Dios.  Hebreos 12:5-11  Los tratos personales de Dios son para nuestra santificación.  Pueden no gustarnos, pero son necesarios.  Proverbios 17:3; I Pedro 1:7 y 5:10; Isaías 13:12  Cuando Dios tiene misericordia de nosotros y nos salva, Él no se conforma con darnos salvación y vida eterna; él quiere, además, darnos Su misma naturaleza y transformarnos en semejanza de Jesucristo:  “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...” (Génesis 1:26).  El propósito de Dios es la hechura del hombre.  Para ello, Dios emplea tratos personales, de acuerdo a nuestra naturaleza y de acuerdo a nuestras debilidades y fortalezas.  Dios se encarga de debilitar nuestras fortalezas y de fortalecer nuestras debilidades, a través de la disciplina.

La disciplina es una función que todo padre debe cumplir en función de sus hijos.  Dios es nuestro Padre Celestial; por tanto, Él asume una responsabilidad al diciplinarnos. La disciplina tiene dos aspectos importantes:  A)  La enseñanza de lo que debemos hacer; y B)  El castigo cuando no lo hacemos o lo hacemos mal.  De hecho la disciplina y el Amor están íntimamente ligados en los tratos personales de Dios.  Porque nos ama, Dios madruga a castigarnos.  Pero el castigo de Dios no es por gusto de Él.  Él no se deleita en castigarnos; sin embargo, lo hace por nuestro bien.  Esto es amor.  DE no corregirnos, cómo podría el Señor juzgar al mundo y al diablo.  “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios” (I Pedro 4:17).

De hecho, Dios nos da la oportunidad de caminar de acuerdo a Su Palabra y de que enmendemos nuestros pasos (Hebreos 12:12-13), pero si no lo hacemos, Dios nos castiga para no condenarnos con el mundo (I Corintios 11:31-32).  Notemos que el castigo de dios tiene por objeto desarrollar un fruto apacible de justicia en nosotros; también, Dios busca dirigir nuestros anhelos hacia él (“alzad las manos caídas” los brazos del candelero son figura de los anhelos del alma; por tanto unos brazos con sus manos caídas están apuntando hacia la tierra o hacia le mundo; pero Dios quiere que nuestros brazos y nuestras manos apunten hacia Dios o estén dirigidos hacia Dios.  Esto nos habla del servicio sacerdotal y de los anhelos del alma correctamente dirigidos hacia Dios).  Pero también Dios busca encausar nuestros pasos y nuestra consagración hacia Él (“y las rodillas paralizadas”; Las rodillas nos hablan de los niveles de consagración en oración a Dios.  Las rodillas paralizadas nos hablan de oración detenida o mal encauzada.  Pero Dios quiere una Iglesia perseverante en la oración; esto trae consagración.  La fuerza de una Iglesia se mide, entre otros factores, en la oración (en sus rodillas); de la misma manera es en la vida del cristiano).  A su vez, Dios quiere “derechos pasos”:  esto nos habla de nuestro caminar cristiano.  Cómo es nuestro testimonio; cómo estamos caminando.  “Haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo cojo no salga fuera de camino”.  Nosotros debemos preocuparnos de caminar rectamente delante de Dios.  El Señor habló a Abraham y le dijo “Anda delante de mí y sé perfecto”.  La manera de andar rectamente es reconociendo que Dios está detrás de nosotros y nos ve.  Pero además, el apóstol escribe “antes sea sanado”; ello significa que nuestro caminar chueco es sanado con los tratos personales de Dios.  Es decir, los tratos de Dios traen sanidad a nuestra alma.

Cuando Dios repite la Ley mosaica al pueblo de Israel, les dice que se habrán de acordar de aquellos desiertos con serpientes ardientes, los cuales fueron “para afligirte, por probarte (tratos personales), para saber lo que estaba en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos (propósitos de los tratos)” (Deuteronomio 8:2).

I Pedro 5:10  Los tratos personales de Dios están originados en el Dios de Toda Gracia.  Él nos ha llamado a Su reino y gloria eterna.  Él, el Dios de toda Gracia, es quien hace padecer un poco de tiempo, pero sus propósitos son: perfeccionarnos, confirmarnos, corroborarnos y establecernos (o fundamentarnos).

El Señor Jesús, después de ser bautizado por Juan el Bautista, fue llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado, o para estar en disciplina.  “Y aunque era Hijo, por lo que padeció (tratos personales) aprendió obediencia” (Hebreos 5:8)

La nación de Israel, después de ser libre del yugo egipcio, fue bautizada en Moisés (figura de Cristo), en la nube (figura del Espíritu Santo) y en la mar (bautismo en agua), y entonces Dios los introdujo a los desiertos (doce en total, número de fundamento) para perfeccionarlos, confirmarlos, corroborarlos y establecerlos (o fundamentarlos).

Moisés tenía un llamamiento al ministerio, pero tuvo que ser entrenado en los desiertos (tratos personales).  David era un jovencito y fue ungido con el óleo santo para reinar en Israel, pero tardó más de veinte años para sentarse en el trono y reinar sobre la nación.  Después de ser ungido, David fue sujeto a un entrenamiento rudo; él entró a los desiertos de Judá (alabanza) y de Filistea.  Fueron muchos años de preparación, pero reino hasta su vejez.  Moisés fue entrenado por cuarenta años y pudo guiar a Israel por el desierto por otros cuarenta años.  Pablo, después de alcanzar la salvación y la vida eterna, tuvo necesidad de ser entrenado por Dios en Damasco y en el desierto de Arabia.

Los desiertos tienen que ver con los tratos personales de Dios.  El Cantar de los Cantares hace referencia a los desiertos en dos ocasiones, con relación a la Iglesia Gloriosa:  “¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, sahumada de mirra y de incienso, y todos polvos aromáticos? ... ¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su Amado?” (Cantares 3:6 y 8:5).  Los tratos personales tienen el propósito de hacernos hermosos para formar parte de la Iglesia Gloriosa (la Novia) de Jesucristo.

Job 23:10, 13-14; 5:17-26  No menospreciemos la corrección porque nos trae bendición.  Los tratos de Dios nos preparan (Job 5:19-26).   “En las tribulaciones nos librará el Señor y no nos tocará el mal”.  “No habrá temor de la destrucción... porque yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25-27).  Habrá paz en nuestra tienda, “visitarás tu morada y no pecará”, “vendrás en la vejez (madurez) a la sepultura”, “como el montón de trigo (con fruto) que se coge en su tiempo” (Job 1:21 y 2:10b).

Job 1:8-12 y 2:6  muestra el inicio de la preparación o de los tratos personales de Dios paras Job.  Job 42:1-6, 10, 12 y 16-17  muestra el resultado de los tratos de Dios.  Job era un hombre justo.  Dios así lo testificó al diablo.  Pero la justicia de Job era justicia propia y no justicia de Dios.  Después de los tratos personales, Job reconoció que la Gracia de dios es la que nos hace justos delante de Él.

5ª  Relación con el Plan de Dios.  Génesis 1:26-27  El Plan de Dios es un propósito glorioso.  Dios quiere hacernos a su semejanza.  Para ello, Dios ha invertido toda la eternidad pasada a fin de diseñar cada uno de los detalles de este plan.   Dios es ese Rey que se sentó para diseñar una gran torre, un edificio, para habitación propia, e hizo todo su presupuesto para saber si al final podría construirla o no.

El Plan de Dios es hacernos a Su imagen y a Su semejanza.  Después de la creación, Dios formó al hombre y alentó en él soplo de vidas, y vino a ser el hombre en alma viviente.  El ser humano es un ser trino; ésta es la imagen de Dios puesta en él.  Así como Dios es trino, el hombre es trino.  Pero la semejanza es todo un proceso de transformación, ya que el hombre cayó en pecado y murió espiritualmente.  Por ello, la Salvación cumple la primera fase del propósito divino de hacernos a Su semejanza.

Al aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y nuestro Salvador, Él entra en nuestro espíritu humano y lo regenera y la hace habitación para sí.  En nuestro espíritu regenerado habita Cristo en plenitud y perfección.  Sin embargo, nuestra alma requiere de ser transformada y aún nuestro cuerpo.  Entonces el Plan de dios obra Santificación en nuestra alma:  “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto (teleos, maduro), a la medida de la edad de la plenitud (pleromatos, llenura) de Cristo:  Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error:  Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo; del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme a su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor” (Efesios 4:12-16).

El Plan de Dios es traernos a una llenura de Plenitud de Cristo, y limpiarnos y purificarnos al nivel de la Santidad y pureza del Cordero Santo; Dios quiere llevarnos a la madurez de Cristo y darnos una perfección de salud total y entereza.  Entonces, Dios habrá logrado Su Plan y nos habrá transformado de lo vil y lo menospreciado en una obra de arte:  “Para que el hombre de Dios sea perfecto (artios, apto, obra de arte), enteramente instruido para toda buena obra” (II Timoteo 3:17).

Por eso, no es en vano la exhortación hecha por el apóstol Pablo a los Hebreos:  “Porque debiendo ser ya maestros... tenéis necesidad de volver a ser enseñados cuáles sean los primeros rudimentos...  Mas la vianda firme es para los perfectos (teleion, maduros)...” (Hebreos 5:12-14).  DE hecho, Pablo está hablando de los primeros rudimentos como las siete doctrinas leche o doctrinas fundamentales; y estas doctrinas nos llevan a la madurez:  “... vamos adelante a la perfección (teleiteeta, madurez)...” (Hebreos 6:1-2)

“Ésta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3).  Éste es el plan de Dios:  conocerle a él y a Jesucristo.  ¿Cuánto conocemos a Dios? ¿Qué tanto sabemos de nuestro Salvador?  El Plan de Dios es que le conozcamos.  Al escribir a los Filipenses, el Apóstol Pablo hace una afirmación tremenda:  “A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte...  No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto (en el Nuevo Testamento Interlineal dice “no que ya lo obtuve o que haya sido perfeccionado...” en Griego dice teteleiomai, vocablo que nos habla de la madurez; luego entonces este pasaje se refiere al proceso de maduración en nuestra alma); sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús...  Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación (llamamiento; este es el plan de Dios) de Dios en Cristo Jesús.  Así que, todos los que somos perfectos (teleioi, maduros en el espíritu), esto mismo sintamos...” (Filipenses 3:10-15).

El Plan de Dios es todo esto y más para nosotros.  Somos llamados para alabanza de Su Gloria (Efesios 1:6).  Estamos llamados a formar parte de la Iglesia Gloriosa del cordero (II Corintios 11:2).

En este Plan, dios diseñó herramientas indispensables para cumplir este propósito.  I Corintios 12:7-11  Los nueve dones espirituales son herramientas para nuestra edificación y para la edificación del cuerpo de Cristo.  “Sin bueyes el granero está limpio: mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan” (Proverbios 14:4).  Para muchos líderes y ministros de iglesias locales, los dones son un riesgo.  Entonces, ellos asumen una postura de rechazo; ellos no desean los dones en operación, porque esto impedirá que la iglesia (el granero) se ensucie.  Sin embargo, pierden de vista que la fuerza del buey (o del don espiritual en operación) traerá bendición a la iglesia.  Son los dones espirituales los que están prefigurados en esos bueyes, cuya fuerza trae abundancia de pan a la iglesia (el granero).  Los dones espirituales están diseñados para edificación, exhortación y consolación (I Corintios 14:3).  Y la edificación es el Plan de Dios (Judas 20).

pruebas del cristiano

Deuteronomio 8:1-5 y 15-16  La Iglesia en el desierto es una figura de la Iglesia de Jesucristo; a ellos les fue predicado el mismo Evangelio, por figuras, pero a nosotros nos es predicado por verdades reveladas.  Las Pruebas son para establecernos en Su Gracia.  Estas pruebas nos establecen en la Gracia de Dios.  En el pasaje vemos a Moisés repitiendo la Ley de Dios al pueblo.  La razón del discurso de Moisés tiene en el fondo su despedida.  Moisés se está despidiendo del pueblo de Israel, pero les advierte de lo que hay más adelante.  Moisés les advierte de los propósitos de Dios, a través de los desiertos.  Al igual que ellos, nuestros desiertos son para probarnos, para afligirnos, para saber lo que hay en nuestro corazón, para a la postre hacernos bien.  Las pruebas revelan lo que hay en el corazón.  Las pruebas buscan obediencia.  ¿Seremos capaces de obedecer a la Palabra de nuestro Dios?  Dios sabe lo que hay en nuestro corazón, y es en las pruebas donde nosotros podemos ver la Gracia de Dios.  La prueba será de acuerdo a la dureza del corazón: de ser frágiles, la prueba será delicada; de ser duros (“no seáis como el caballo o como el mulo, sin entendimiento: Con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida...”  Salmo 32:9), la prueba será severa.

Deuteronomio 8:4 y 15-16El Señor abrió una puerta para la fluidez de la Gracia de Dios.  Israel clamó al Señor ante el hambre: ésta fue una puerta para la Gracia de Dios.  Dios nos ha dado el maná del cielo.  En Su Gracia les dio agua y pan para que no muriesen de sed ni de hambre en el desierto.  Las pruebas son para hacernos bien a la postre.  Las pruebas nos hacen bien, nunca nos harán mal; las pruebas no tienen despropósitos.  Son para establecernos.  Job era justo en su propia justicia y Dios tenía el propósito de establecerlo en la Gracia.  Después de los tratos, Job lo entendió.  Al tenerlo todo, no se busca depender de la Gracia de Dios.  No se aprende a depender de la Gracia, sin antes encontrarnos con la prueba.  Sin la prueba no se depende de Dios ni de Su Gracia.

Israel era duro de cerviz; nosotros somos el Israel espiritual.  El Señor los probó, los trató, para enseñarles a depender de la Gracia de Dios.  De igual manera, nosotros debemos pasar por un proceso, al iniciar el camino cristiano, hasta aprender y madurar, y depender de Dios y de Su Gracia (II Corintios 3:5).

1ª  Prueba.-  Obediencia a la Palabra de Dios.-  Filipenses 2:12-13  Pablo exhorta a los Filipenses a pasar la prueba de la obediencia.  No tengamos temor de hombre, tengamos temor de dios.  La obediencia no debe ser por causa del ministro (presente o ausente, nosotros debemos pasar la prueba de la obediencia).  Seamos obedientes, como hijos amados que somos (Efesios 5:1).

Los Filipenses eran llamados a sufrir persecución, pero debían obedecer.  Nosotros somos llamados a obedecer (no sólo a creen: muchos creen pero no obedecen.  “Tu crees que Dios es uno, también los demonios creen y tiemblan”).  A pesar de la persecución, somos llamados a obedecer.  A través de la disciplina, Dios busca obediencia.  Romanos 10:10  Hay creyentes con la actitud de “creer pero no obedecer”.  Esta fe es dudosa; los demonios también creen y además tiemblan.  La exhortación del Señor es: “mas sed hacedores de la Palabra y no tan sólo oidores...”  Esto es obediencia; la obediencia nos lleva a poner por obra la Palabra de Dios.  Al ser cumplida nuestra obediencia, Dios castigará la desobediencia.

Efesios 6:1-3  La primera característica del cristiano es obedecer.  La vida cristiana consiste en obedecer la voluntad de Dios.  Desde el principio de las cosas, Dios hace un énfasis especial en la obediencia.  En Edén, Dios señaló un fruto que no debía ser comido, para probar la obediencia en el hombre.  En obediencia, Noé aparejó el Arca en la cual fueron salvas ocho personas; y por la obediencia de Noé, fue condenado el mundo entero de esa época.  Abraham obedeció a Dios y salió de su tierra, posteriormente fue dejando su parentela, en obediencia a Dios y vino y habitó una tierra desconocida para él y la poseyó en fe y habitó en tiendas.  El pueblo de Israel obedeció a la voz de dios y de Moisés y sacrificó el cordero de la Pascua, antes de salir libres del yugo de Egipto.  Antes de despedirse de Israel, Moisés declara los principios de la Ley de Dios:  “Y será que, si oyereis diligente la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy...” (Deuteronomio 28:1)  Ésta es una exhortación a la obediencia que se repite en la preciosa enseñanza del monte:  “Cualquiera pues que me oye estas palabras, y las hace...” (Mateo 7:24).  En el libro de Apocalipsis, el Señor sigue haciendo la exhortación a la obediencia, en Su mensaje a las siete iglesias de Asia.

No temamos pues a las pruebas pues Dios tiene pensamientos de bien para nosotros y no de mal (Jeremías 29:11).

“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” es una expresión confundida por mucho predicadores y la consideran como un aviso de la pérdida de salvación.  Sin embargo, no es así; realmente, el apóstol Pablo hace esta exhortación con el propósito de esperar en Dios el querer como el hacer por Su buena voluntad.  A veces, obedecer involucra sufrimiento, pero la Gracia de Dios nos capacitará para obedecer.

Al obedecer lo dicho en Su Palabra, Él obrará el querer como el hacer por Su buena voluntad; esto es Gracia.  Juan 5:39 y 16:6-7  Dar el paso de obediencia traerá la Gracia de Dios y habrá deleite en la Palabra de Dios.  Realmente, la Palabra debe ser nuestro deleite; pero es necesario dar el paso de obediencia.  En la obediencia se va a derramar la Gracia de Dios.  Y es que la Palabra muestra las maneras de salir de nuestras pruebas.

Las pruebas y desiertos son la obra de Dios, quebrantándonos para llevarnos a obedecer.  Israel salía de la esclavitud y se encaminaba hacia el lugar de la Gracia.  Estando en el desierto, el pueblo de Israel, salía del campamento y venía al sitio de aprovisionamiento de la Gracia de Dios, donde Dios les hacía llover maná; Israel tenía que salir a buscar y recoger el maná.  Ese lugar es la Gracia de Dios.  Ellos se colocaban en el lugar donde fluía la Gracia.

En la estructura y perspectiva de los anhelos del alma, la obediencia suple el anhelo de Preservación o Supervivencia.  Y en el modelo o patrón del Orden de Dios, la obediencia nos lleva al lugar de Su Gracia: el Tabernáculo. De acuerdo  la armadura del Cristiano, la obediencia nos pone las sandalias o calzado apresto del evangelio de la paz.

Pero no olvidemos, la obediencia debe ser en presencia y/o en ausencia de los ministros de Dios.

2ª  Prueba.-  Separación del Mundo.-  I Juan 2:15-17  Varios pasajes de la Biblia tienen esta exhortación: “no améis al mundo”.  No amemos al mundo ni las cosas que están en el mundo.  El mundo pasa y su concupiscencia, pero quien hace la voluntad de Dios permanece.  La prueba de separación involucra las cosas amadas de nuestro corazón.  Y es que muchas de las cosas que amamos están en el mundo.  Pero nosotros debemos separarnos del mundo y de todo lo que en él hay.  No amemos sus cosas.  La Separación sirve para tener comunión con Dios.  No nos desviemos para no caer.  Muchos se han desviado por amar al mundo y a lo que hay en el mundo.  “El amor del dinero es la raíz de todos los males” (I Timoteo 6:9-10)  La riqueza es un peligro para caer en tentación y en lazo del diablo, en codicias locas y dañosas.  Estas codicias locas hunden a los hombres en perdición y en muerte.

El Señor Jesús advierte que no podemos servir a Dios y a las riquezas.  Pero debemos entender que Dios no está peleado con la riqueza sino con las concupiscencias que pueden derivarse de las riquezas.  Job, Abraham, José, David, Salomón, Daniel, Mardoqueo y muchos hombres de Dios han sido inmensamente ricos, pero ellos no tenían sus riquezas por granjería, sino que tenían su corazón dispuesto para el Señor.  Realmente, la exhortación del Apóstol Pablo es a no granjear o a no buscar las riquezas por ellas mismas.  “El amor del dinero” es una expresión que tiene la intención de “todo lo que se puede alcanzar con el dinero”, lo cual puede convertirse en tentación y lazo del diablo, y en codicias locas (concupiscencias), dañosas, en perdición y en muerte.

La pregunta obligada es la siguiente:  ¿Seremos capaces de entregar a Dios todo lo amado de nuestro corazón?  Mateo era un cobrador de impuestos y tenía participación de lo que recaudaba; es decir, de todo lo cobrado, una parte era para él, pero ante el llamado del Señor, decidió dejarlo todo por seguir a su Maestro.  Mateo dejó su amor por el dinero y por todo lo que el dinero le daba para seguir a su Señor y Salvador.  En contraste, el joven rico amó más sus posesiones que ser discípulo del Señor.  El joven rico pasó la primera prueba (obediencia a la Palabra, por que todos los mandamientos había guardado desde su mocedad) pero reprobó en separación del mundo; no pudo responder al llamado como lo hizo Mateo.  Abraham también fue obediente y se separó del mundo que le rodeaba y vino a una tierra que no conocía y habitó como extranjero y peregrino.

Juan 17:9, 11-16  La oración del Señor era porque Dios nos guardase del mundo.  Cristo no es de este mundo; por consecuencia, nosotros tampoco somos de este mundo.  Separación del mundo es la forma de manifestar nuestro anhelo de expresión.  A través de la separación, nosotros experimentamos las Verdades del Reposo.  De amar al mundo, nosotros nos vamos a desviar.

3ª  Prueba.-  Sumisión a la Autoridad.-  I Pedro 3:1; Juan 17:10  Nuestra actitud debe ser la de un cordero.  Somos llamados a ser ovejas del Señor y no chivos.  Al aprobar en sumisión, Dios respalda todo lo que hagamos.  En contraste con la obediencia, la cual es externa, la sumisión es interna.  La obediencia es una manifestación externa.  En cierta ocasión, un padre de familia le llamó la atención a uno de sus hijos para que estuviera sentado; finalmente, el padre logró su propósito de tener sentado a su hijo, pero éste decía en su corazón:  “Físicamente estoy sentado, pero internamente estoy de pie jugando y corriendo”.  Es decir, este jovencito había obedecido pero no estaba en sumisión a la autoridad de su padre.

Al venir a esta tierra, el Señor Jesús caminó en obediencia y en sumisión al Padre Celestial.  Su Bautizo en el Río Jordán y Gethsemaní son dos lugares en los cuales podemos ver dos ejemplos de sumisión:  “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él.  Mas Juan lo resistís mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí?  Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así conviene cumplir toda justicia.  Entonces le dejó” (Mateo 3:13-16).  Cristo Jesús no tenía pecado alguno que confesar; sin embargo, en sumisión al Padre Celestial y a la autoridad representada por Juan el Bautista, el Señor vino y se bautizó en el Jordán para dar testimonio a la gente de que el bautismo de Juan había sido establecido por Dios.  Lo maravilloso de este suceso es que los cielos se abrieron y Dios testificó desde los cielos que Cristo Jesús era Su Hijo amado en el cual se complacía.

En Gethsemaní, el testimonio de sumisión es mucho más elocuente:  “Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú...” (Mateo 26:39-45).  Cuando Su alma estaba angustiada hasta la muerte, él vino ante Su Padre Celestial y por tres ocasiones estuvo en oración inquiriendo, preguntando cuál era la voluntad del Padre.  “¿Es tu voluntad, Padre mío, que yo vaya a la cruz?” y en tres ocasiones, el Padre confirmó ser esa Su voluntad.  En la cruz, Cristo no se podía salvar a sí mismo (Mateo 27:42).  Una de las razones que le impedía bajar de la cruz era la sumisión al Padre Celestial.  “Como cordero fue llevado al matadero y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió Su boca” (Isaías 53:7).  Esta naturaleza debe manifestarse en nosotros para someternos a la autoridad delegada de Dios.

Sin sumisión no hay autoridad:  “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios:  sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Por lo cual Dios también lo ensalzó a lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que en están los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, a la gloria de dios Padre” (Filipenses 2:5-11).  “Maridos amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.  (Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:25 y 24).

La sumisión suple nuestro anhelo de Seguridad, porque vemos en la autoridad la seguridad Divina.  Dios ha puesto al juez y al magistrado para bien nuestro.  Así, Su Autoridad garantiza nuestra protección.  En la sumisión vemos las siete verdades vencedoras, a través de la sumisión a los siete llamados del Espíritu Santo.  No nos defendamos; dejemos a Dios actuar: Él obrará.  Al someternos, Dios estará a nuestro favor.  Él resiste a los soberbios, pero da Gracia a los humildes.

I Pedro 5:7  Al ser atribulados injustamente, Dios tendrá cuidado de nosotros:  la condición es caminar en sumisión.  Dios nunca abandonará a los sumisos.  Santiago 4:6-7  No olvidemos que las pruebas son para demostrar la Gracia de Dios.  Ante la sumisión a Dios, el diablo huirá de nosotros.  Sin embargo, un cristiano insujeto y rebelde es víctima y fácil presa del diablo.  Recordemos también que el propósito de las pruebas es mostrar lo que hay en nuestro corazón.  Ahora bien, al aprobar, se abre camino para entrar a las promesas de Dios.

4ª  Prueba.-  Preparación.- I Pedro 2:9  Somos de la clase alta en el Reino de Dios; sin embargo, a veces no nos comportamos de acuerdo a nuestra posición.  No debemos olvidar que somos gente santa.  David fue llamado y ungido para el trono, pero pasó mucho tiempo de preparación.  Parecía que nunca se sentaría en el trono.  En la mente de Dios, David ya estaba en el trono.  En la mente de Dios, nosotros ya somos reyes, sacerdotes y vencedores, y ya estamos en Su trono.  Pero Él quiere hacernos capaces de ocupar estas posiciones privilegiadas.  Por todo ello, es necesario aprobar en la preparación.  Efesios 5:1  La preparación nos capacita para ser como Dios es y andar como hijos amados.  La prueba trae muerte al viejo hombre.  El llamado al ministerio es el llamado a esta prueba.

El llamamiento al ministerio puede ser cualquiera de estos: Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor, Maestro, Anciano (todos estos para los varones), Diácono, Ayudas, Gobernaciones, Don Profético, Servicio, Enseñanza, Exhortación (dar ánimo), Repartir, Presidir, ministerio de Misericordia; y también, la oración e intercesión, la alabanza, el testimonio, etc.  En el cuerpo de Cristo no hay desempleo.  Todos los miembros tienen una función y la deben cumplir; esa función es el ministerio que Dios les ha dado en el cuerpo.

Juan 17:11-15  La preparación nos suple en el anhelo de Lealtad o Fidelidad.  En esta prueba encontramos la s Verdades del Dominio; ellas nos dan la Paz de Su Gracia.  Y de la armadura del cristiano, encontramos el escudo de la Fe.  En esta prueba se necesita el rompimiento del yo.  Abraham fue preparado durante 25 años para recibir a su hijo.  Moisés fue preparado por cuarenta años para dirigir por otros cuarenta años a la nación de Israel a través de doce desiertos.  David fue preparado por más de veinte años para sentarse en el trono.  Pablo tuvo que pasar por un tiempo de preparación en el desierto de Arabia, antes de iniciar su ministerio de Maestro y después ser promovido al de Apóstol.

Romanos 12:2  La prueba de la preparación nos da la Paz de Dios; es una preparación para recibir la Paz de Dios.  En la Iglesia seremos preparados y probados.

5ª  Prueba.-  Posesión.-  De pasar la prueba de Preparación, Dios nos da y nos lleva a la Posesión.  II Corintios 12:1-10; I Corintios 2:9  Dios nos va aprobar para dar el valor supremo y excelente al Señor Jesucristo.  Seremos probados en nuestra Posesión.  Todas nuestras posesiones no deben tener valor en comparación a Cristo.  Dios probó a Abraham con su hijo Isaac, el amado de su corazón.  Dios nos pide nuestras posesiones para que él reciba el valor que merece; es decir, Cristo debe tener el primado de nuestro corazón:  “Amarás al Señor tu Dios...” sobre todas tus cosas.  No amemos más al ministerio o el llamamiento.  Cristo debe tener el primado.

A Saúl se le subió el reinado; muchos se inflan con el ministerio.  Saúl deseó ser honrado, en lugar de honrar a Dios.  A Saúl le importaba más su ministerio.

II Corintios 12:1-10  Es peligroso hacer señal de tener algo sin tenerlo.  Pablo fue mantenido en humildad, a través de un aguijón de Satanás.  De esta manera, Pablo sólo tenía dádivas de Dios.  La potencia de Dios es Su Gracia.  Su Gracia nos dará potencia, poder.  Al entregarnos algo, Dios nos pedirá cuentas.  El ministerio no es nuestro, es de Dios.  Los hijos son dádivas de Dios y Él demandará cuentas sobre los hijos.  Esto nos llevará a experimentar la Gracia de Dios.  “Al no tener nada, lo tengo todo”.  De entregar nuestras posesiones, Dios me dará todo.  Al aferrarnos a nuestras posesiones, nada podemos recibir de Dios.

I Corintios 2:9  Al pasar la prueba de Posesión, Dios nos dará más.  Pongamos a los pies del Señor nuestras posesiones y Dios las multiplicará y nos las devolverá.  La prueba de Posesión nos desarrolla en las Verdades del Calvario.  Los Pactos del Calvario son nuestra mejor posesión.  Los siete sufrimientos de Cristo en la cruz nos dieron siete pactos en posesión.  Es en la prueba de posesión donde el anhelo de Poder o Control se ve suplido, porque las Verdades del Calvario nos dan el Poder de Su Gracia.

6ª  Prueba.-  Prioridades.-  Mateo 6:25-34  En esta prueba tenemos un ejercicio de espíritu, alma y cuerpo.  Éste es el orden de las prioridades.  El pecado rompió las prioridades y el diablo dejó en desorden: alma, cuerpo y espíritu.  Por eso, Dios tiene mucho trabajo en nosotros.  Es más fácil ver milagros en comparación a gente caminando en Orden de Dios.  Aprendamos algo:  El 99% de nuestros problemas se resolverán en nuestras prioridades.

Se necesita tener llamado y la Gracia de Dios para poder aconsejar.

  1. A) - Lo que somos.-  Mateo 6:25-34  Lo que nos gusta.  Al no poner la vida en orden no se pasa en prioridades.  No nos preocupemos hombres de poca fe.  El reposo es muy importante.  Vale más un hijo de Dios.  La clave de reposo es Justicia.  Debemos cambiar las prioridades:  “Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia y todas las cosas os vendrán por añadidura”.  Al poner en orden nuestras prioridades, las añadiduras vendrán.  Así no habrá razón de preocuparse.
  2. B) Fidelidad a la Visión.- Apocalipsis 2:10  ¿Cómo estamos caminando?  Primero contestemos ¿Cuál es nuestra Visión?  Realmente creemos que vamos a ir al cielo y que vamos a estar con Jesús por la eternidad.  De ser esto así en nuestro corazón, entonces porque caminar con un pie en el camino y con otro coqueteando con el mundo.  “No perdáis pues vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón:  Porque la paciencia os es necesaria; para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.  Porque aun un poquito y el que ha de venir vendrá, y no tardará.  Ahora el justo vivirá por fe; mas si se retirare no agradará a mi alma.  Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdición, sino fieles para ganancia del alma” (Hebreos 10:35-39).  Además de tener la correcta Visión de Dios, debemos tener Fidelidad.  La Fidelidad es una virtud que se desarrolla en la Fe.  ¡Cuánto creemos es cuánto caminamos!  La gente que no camina fiel hasta la muerte, ha errado en la visión y ha naufragado en la fe (I Timoteo 1:19).

“A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte... prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús... una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”  (Filipenses 3:10-14).  Esto es un ejemplo de fidelidad a la visión.

Cristo nos muestra cómo Él caminó hasta el fin en fidelidad a la visión de Dios:  “... como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, Él afirmó Su rostro para ir a Jerusalém” (Lucas 9:51).  Este pasaje es el cumplimiento de Isaías 50:7.  El Señor puso su rostro como un pedernal y no cambió el curso de Su vida; él caminó fiel a la visión del Padre Celestial.

  1. C) - Gálatas 6:1-2  La restauración es una acción de la Gracia Divina.  Los dedos acusadores no tienen misericordia; se han olvidado de dónde los sacó Dios.  Los fariseos (tumbas blanqueadas) tenían justicia propia; por eso, no podían expresar la Gracia de Dios, porque carecían de ella.  Pero el Señor nos exhorta a restaurar al que ha caído en alguna tentación.  La Gracia nos mueve a llevar las cargas de los demás.  De esta manera se cumple la Ley de Cristo.  La Ley de Cristo es la Gracia: “Porque la ley por Moisés fue dad: mas la Gracia y la Verdad por Jesucristo fue hecha” (Juan 1:17).  El Nuevo Pacto de Dios es un Pacto de Gracia.

“De Gracia recibisteis, dad de Gracia”:  Ésta es una expresión mayor al simple acto de compartir una dádiva a alguien.  Dar de Gracia es una expresión que encierra todo el ministerio de Jesucristo en esta tierra:  Él se dio a sí mismo; Él nos dio perdón inmerecido de todos nuestros pecados; Él nos dio vida eterna.  Dar de Gracia significa perdonar a nuestros enemigos, a los que nos ofenden; significa amar a los que nos ultrajan y nos persiguen.  En la Biblia se nos exhorta, por lo menos tres veces, a buscar y aprender “qué cosa es misericordia (Gracia) quiero y no sacrificio”.  Los sacrificios de Israel se convirtieron en abominación a los ojos de Dios.  Dios buscaba Misericordia, Gracia, en su pueblo.  “¿Por qué quién te distingue? O ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste ¿por qué te glorías como si no lo hubieses recibido?”.  Realmente, nosotros no somos mejores, en comparación a los demás:  Dios escogió lo vil y lo menospreciado, lo necio y lo débil para avergonzar a lo fuerte y lo sabio del mundo.

En Gethsemaní, Adán reprobó en Gracia al afirmar:  “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12).  Adán culpó a Dios y a la mujer.  Adán no fue capaz de cubrir con Gracia a su esposa y descargó en ella toda la culpa de su pecado.  Muchas veces somos semejantes a Adán en nuestra conducta y no aprobamos en Gracia frente a nuestras esposas.

Misericordia (Gracia) es la expresión externa de la Piedad.  La parábola del buen Samaritano es una enseñanza de Misericordia (Gracia) en acción.  Pero en Mateo 18:23-35 encontramos una historia donde después de recibir Gracia, un siervo reprobó en la prueba de la Gracia.  Notemos lo siguiente, el siervo debía al rey (10,000)diez mil talentos (un talento equivalía a (6,000) seis mil dracmas; por tanto diez mil talentos eran igual a sesenta millones de dracmas (10,000 talentos = 60’000,000 dracmas; la dracma tenía casi el valor de un denario).  Pero su consiervo le debía (100) cien denarios (el denario era el salario diario de un jornalero de aquella época, de acuerdo con Mateo 20:2-10).  Aquel que debía (10,000) diez mil talentos fue perdonado de su deuda pero no fue capaz de perdonar una deuda tan pequeña de (100) cien denarios o cien jornales de trabajo.  La proporción es gigante.  Por eso, reprobó en la prueba de la Gracia.

“... Señor ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete? ... No te digo hasta siete, mas aún hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22)  Una rápida multiplicación pareciera indicar que el Señor da el número de 49 veces para perdonar.  Pero visto en la perspectiva de las matemáticas con números elevados en diferentes potencias, parece que la propuesta del Señor es perdonar 7 veces a la potencia 70, lo cual arroja un número infinito.  Pero también nos da el número perfecto de perdón, al manejar el número siete y el múltiplo de siete en setenta.  Y es que Dios nos perdonó todo: Su perdón es perfecto.

7ª   Prueba de la Fe.-  Hebreos 11:39; 12: 1-3  Muchos hermanos han titulado el capítulo 11 de Hebreos con el nombre de “Los Héroes de la Fe”.  La conclusión de este capítulo es muy elocuente por que se ha titulado así este capítulo:  “Y todos estos, aprobados por testimonio de la fe...”  Pero enseguida, viene la exhortación de quien escribe la carta:  “... corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús...”  Nosotros tenemos una carrera de fe.  Aquellos fueron aprobados por testimonio de la fe; nosotros debemos vivir la vida aprobando en fe.  Para aprobar, necesitamos tener conciencia del autor y consumador de la fe.  Somos llamados a ser vencedores, como lo fueron los héroes de la fe.  Ellos caminaron en victoria.  Son los santos del Antiguo Testamento que alcanzaron mejor resurrección.  Pero nosotros somos llamados a ser parte de la Iglesia Gloriosa, aprobados por el testimonio de la fe.

  1. A) Fe Creativa.- La Palabra Clave es Confesión.- Todas las cosas, para suceder, requieren de ser confesadas.  “Con el corazón se cree para justicia, mas con la boca se hace confesión para salvación”.  “Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).  La Fe es el material a través del cual dios va a hacer cosas nuevas:  “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que se ven”.  Durante su ministerio, en esta tierra, el Señor operó en Fe Creativa.  Llenó las cuencas vacías de un ciego de nacimiento; lo hizo con lodo, y el milagro sucedió, el Señor creó dos ojos nuevos y perfectos.  Multiplicó los panes.  Convirtió el agua en vino.  Multiplicó el aceite de aquella viuda de profeta.

Marcos 16:16-20 El Señor Jesús muestra cómo vienen las señales:  Creyendo, en Su Nombre, las señales seguirán al caminar del cristiano.  El Hermano Watchman Nee escribe que ésta es la Vida Cristiana Normal.  Es decir, las señales deben seguirnos a nosotros y no nosotros a las señales.  Una vida cristiana anormal es aquella en la cual no se manifiestan las señales. Juan 14:13-14; 15:16; 16:23  El Nombre del Señor es la clave de nuestra autoridad y la llave que abre la puerta de las bendiciones de Dios.  Pero es necesario creer.  Sólo hay dos personas que todo lo pueden:  Dios y el que cree a Dios.  Lucas 10:17   Los discípulos regresaron gozosos porque los demonios se les sujetaban en sus manos, gracias a que ellos confiaban en el Nombre del Señor.

 

  1. B) Fe Doctrinal o Doctrinaria.- La palabra clave es Convicción.-  La palabra revelada por el Espíritu Santo es doctrina en nuestro corazón.  Esta doctrina es materia de Fe.  Veamos lo siguiente:  Todos tenemos una Biblia.  Los falsos testigos de Jehová tienen una Biblia adulterada, los católicos tienen su Biblia, pero no todos la comprenden.  Sólo hasta el momento en el cual Dios revela Su consejo, la Palabra tiene sentido y se convierte en doctrina.  Y la Doctrina es la materia en que se sustenta la Fe doctrinaria.  Tener Fe Doctrinaria es importante para no ser llevados de todo viento de doctrina.

“Procura presentarte a Dios aprobado, como buen obrero que traza la Palabra de verdad”.  Ello significa, la estructura de la Fe Doctrinal.  ¿Qué es lo que creemos? ¿Cuál es el cuerpo de verdades que nos sustentan?  Mucha gente no sale de la iglesia católica porque “ya hacen lo mismo; cantan lo mismo; hasta leen la Biblia, y le rezan a la virgen y a los ídolos”.  No se trata de hacer división entre las iglesias de Dios, pero sí es importante trazar la Palabra de Dios con modelo, para saber lo que creemos y lo que sustenta nuestra Fe.

Muchas veces somos cuestionados sobre nuestra Fe.  Pero pocas veces sabemos contestar en qué hemos creído.

  1. C) Fe Correctiva, como Fruto del Espíritu, Perseverante.- La Palabra clave es Coraje, Ánimo, Carácter.-  Esta Fe es para nuestro provecho y nuestro crecimiento de madurez. La vida cristiana se vive en medio de problemas serios y severos.  “En el mundo tendréis aflicción; mas confiad (tened Fe), Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).  Muchos cristianos no habían tenido problemas, hasta que recibieron a Cristo como su Señor y Salvador, y hasta que recibieron el Espíritu Santo.

Las circunstancias adversas son para que Dios desarrolle en nosotros una Fe Perseverante.  Precisamente, después de ver que las circunstancias son más que difíciles, viene una palabra de Dios que nos anima para seguir caminando.  En la primera fase de nuestra vida cristiana, pedimos a Dios todo lo que queremos y Él contesta automáticamente (esto no es vivir en fe perseverante); sin embargo, cuando empezamos a crecer, no necesariamente hay respuesta de Dios.  Y es que Dios quiere que nuestra vida esté en una Fe Perseverante.  Dios quiere desarrollar el fruto del Espíritu Fe en nosotros.

David es un ejemplo de un varón que creció en Fe.  Pero además tuvo la capacidad de influir esa Fe en los valientes.  La Fe Perseverante o Fe Fruto requiere tiempo.  No es algo que se dé de la noche a la mañana.  Es el resultado de todo un procedimiento de transformación.  Es el resultado de caminar con Dios un tiempo largo, sin importar las circunstancias.  Esta es una de las razones de por qué hay problemas en nuestra vida.  Para poder matar un león, empecemos por matar un perro.  Experimentemos poco a poco el crecimiento de Fe.

  1. D) Consciente de Dios.- La Palabra clave es Conciencia.-  Juan 11:41-42  El Señor siempre caminó consciente de Dios.  En el Evangelio de Juan, Cristo Jesús hace un especial énfasis de cómo él tiene una comunión íntima con Su Padre Celestial.  Él tenía conciencia de Dios, permanentemente.  Por eso podía decir:  “que yo sabía que siempre me oyes...”  Al estar conscientes de Dios, la Gloria de Dios será manifestada.  “¿No te he dicho que si creyeres, verás la Gloria de Dios?” (Juan 11:40).

Mateo 28:18-20   El Señor está con nosotros todos los días.  ¿Cuánto estamos conscientes de ello?  De hecho, desde el momento en que fuimos salvos, el Señor Jesús y el Padre Celestial entraron en nuestro espíritu, e hicieron morada en nosotros (Juan 14:23).  Pero además, nuestro cuerpo es templo y morada del Espíritu Santo (Juan 14:16; I Corintios 3:16; 6:19; II Corintios 6:16), sin embargo, muchas veces no estamos conscientes de ello y nos olvidamos de Dios sin saber que Él está presente y es fiel testigo de todos nuestros pensamientos, de todas nuestras palabras, de todas nuestras acciones y de todas nuestras omisiones.

David declaró: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está mi diestra no seré conmovido...” (Salmo 16:8).  En cierta ocasión, un apóstol comentó que, seguramente, David hizo estar declaración al estar frente al gigante Goliat.  Por eso, David pudo ver a Goliat como un enano.  David estaba consciente que Dios pelearía la batalla.   David veía que Goliat tenía que derrotar primero a Dios para después derrotarle a él.  Al pelear contra osos y leones, David estaba consciente de Dios.  Muchas veces, nosotros nos atemorizamos al ver a un endemoniado, o al ver a cierta gente sospechosa, y nos olvidamos que el Señor está al lado nuestro.