ALABANZA.- Salmo 150

Por Santiago Zamorano

Para ser un vencedor, es necesario que primeramente haya una batalla.

En el Salmo 34:1, el poeta dice: bendeciré a Jehová en todo tiempo.

El Salmo 150 tiene la primera expresión con un ALELUYA. Esta expresión significa alabad a JAH. Y JAH es la contracción de JEHOVÁ. Confrontemos los Salmos 111 a 113 y 146 a 150, con excepción del Salmo 147. Todos estos Salmos tienen como primera palabra ALELUYA. Y el Salmo 147:1 dice ALABAD A JAH, y el Salmo 146:1 dice ALELUYA, OH ALABA ALMA MÍA A JEHOVÁ.

El Salmo 147:1 es el que nos aporta la manera de entender la palabra ALELUYA.

Ahora bien, regresando al Salmo 150, en el versículo 1 dice Alabad a Dios en Su santuario. En el Antiguo Testamento, el Santuario de Dios era el tabernáculo, el cual prefigura nuestro espíritu, alma y cuerpo, los cuales son de Dios. El santuario de Dios es Su Iglesia (I Pedro 2:5).

Y la alabanza es un sacrificio para, hacia Dios. Sobre todo es un sacrificio cuando no deseamos hacerlo, pero lo hacemos.

Cuando hablamos de alabanza, debemos entender que la iglesia local debe estar centrada en Dios; debe estar centrada en Cristo. De lo contrario, la alabanza no dará gloria a Dios. Entendamos que la reunión de santos debe tener como propósito de alabar a Dios.

Hechos 7:48-49 Dios está interesado en habitar en medio de piedras vivas. Y alabanza es ministerio de la Iglesia.

La alabanza es la expresión de nuestro corazón, en una expresión de agradecimiento.

Dios debe ser alabado en Su santuario, y Su santuario es el Cuerpo de Cristo, la reunión de toda la Iglesia (I Corintios 6:19-20).

Nuestro cuerpo y el cuerpo de Cristo (Su Iglesia: la reunión de santos, I Pedro 2:5) es el templo o santuario de Dios.

Todo lo que somos es a través de la obra de Jesucristo.

Efesios 3:21

La Gloria que una iglesia local tiene no se compone de sus paredes o muros.

La Palabra de Dios dice: Señor ¿cómo habitarás tú en un lugar hecho de manos (de hombres)?

Dios no está interesado en levantar a alguien sobresaliente, porque cuando cae o muere, la obra se termina.

Dios tiene un propósito principal en Su Iglesia, y ese propósito es que la Iglesia le dé la Gloria a Dios, a través de Jesucristo, por todas las edades, desde el siglo y hasta el siglo, por siglos de siglos.

Cuán importante es que Dios llene de Su gloria es esta tierra y en el universo.

Somos seres tricotómicos y Dios quiere que le alabemos en espíritu, alma y cuerpo.

El Salmo 150 nos relata los tres tipos de instrumentos musicales:

1° Versículos 3, 4 y 6 Instrumentos de aire: bocina, flauta y órgano; lo que respira nos habla del espíritu de vida. Tales instrumentos muestran un cuadro de nuestro espíritu, pues esta palabra, en griego es pneuma. Nuestro espíritu regenerado es la parte perfecta de nuestro ser (Juan 3:1-12).

En el espíritu nunca vamos a desafinar. Los que hemos nacido de nuevo somos como el viento. I Corintios 14:15 La adoración es en el espíritu (Juan 4:23-24).

2° Versículos 3 y 4 Instrumentos de cuerdas: salterio y arpa, y cuerdas: prefiguran el alma. En el alma encontramos el intelecto (para pensar en Dios), las emociones (para gozarnos en Él), y la voluntad (para decidir por Él).

En nuestras almas, la alabanza es imperfecta y, en ocasiones, desafinada. I Crónicas 13:8 Nuestra alma requiere ser tensada, con el fin de hacernos semejantes a Dios. Para ello, se requiere pasar por pruebas; Moisés pasó por muchas pruebas (Hebreos 11:23-29). Y las pruebas se pasan con gozo (I Pedro 1:6-9) Dios quiere que suframos su vituperio.

Ira, enojo, chismes, tristeza, etc., provocan desafino en el alma. Pero de un corazón probado por Dios viene la verdadera alabanza; de un corazón sufrido.

Romanos 2:29.

3° Versículos 4 y 5 Instrumentos de percusión: címbalos, panderos: muestran nuestro cuerpo. Son instrumentos que requieren ser golpeados para obtener de ellos un sonido. Son figura del cuerpo que será glorificado. Nuestros cuerpos necesitan entrar en alabanza a Dios.

Salmo 47:1 Manos, piernas, rodillas, voz, etc., son parte y expresión del cuerpo. Isaías 55:12 nuestro cuerpo debe producir sonido de alabanza a Dios.

De esta manera, el Salmo 150 nos enseña a alabar a Dios en espíritu, alma y cuerpo.

Salmo 74:21; Nehemías 2:1-3; Salmo 134:2; II Samuel 6:12-23.

Alabar a Dios es cuánto permitimos al Espíritu Santo que nos ayude a ser tratados.

Un instrumento de viento jamás se va a desafinar. Esto  nos habla de nuestro espíritu humano, el cual ya está perfectamente listo para alabar a Dios (I Corintios 14:15). Nuestro espíritu es perfecto, por medio de Jesucristo.

¿Por qué la alabanza se vuelve rutinaria? Porque no nos movemos en el Espíritu de Dios. La alabanza perfecta es en el espíritu.

La alabanza en nuestra alma es imperfecta y es desafinada, ya que es necesario que las cuerdas estén perfectamente tensas, para poder tocar. La afinación de nuestra alma se presenta a través de las pruebas. Sin embargo, la mayoría  de cristianos ya no quiere sufrir.

Dios va a tensar nuestras cuerdas del alma para que podamos alabarle.

Todo lo que es pecado y todo lo que pertenece al mundo es temporal. Pero lo que es de Dios permanece para siempre.

Dios quiere que aprendamos a llevar el vituperio de Cristo. Entre más pasamos luchas y pruebas, en nuestras vidas, Dios nos templa y afina para alabarle.

La alabanza que llega a Dios es la que surge de un corazón sufrido.

Salmo 23 confortará mi alma; esta expresión significa restaurará mi alma.

Nuestro cuerpo necesita movimiento, para dar a Dios alabanza (Salmo 47:1-2). Al batir las manos y usar nuestra voz con júbilo a Dios.

Isaías 55:12

Salmo 1 El hombre es comparado con los árboles. Así, las escritura dice que los árboles del campo aplaudirán.

También con danza, alzando nuestras manos, y saltos, se puede alabar a Dios.

El Señor quiere que le demos a Él la Gloria.

En Cantares leemos: mi amado, he aquí Él viene, saltando