SIETE EXPERIENCIAS QUE JAMÁS ACEPTARÉ

 [A menos que se precise lo contrario, todas las referencias de la Biblia son tomadas de la Antigua Versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, conocida comúnmente como Versión Antigua o Versión 1909].

INTRODUCCIÓN

Una gran herencia espera a todos los hijos de Dios. Sin embargo, para recibir cualquier herencia o legado, es necesario que el heredero reclame lo que es suyo. Todos hemos leído en el periódico acerca de herencias no reclamadas. En algunos casos, posiblemente, después de diez años o más, el heredero apenas se dio cuenta de que un familiar rico le había dejado una herencia. Durante estos diez años, de nada le sirvió lo que era suyo, porque no se le había informado; es decir, ¡su  ignorancia le robó! Una vez que una persona se entera de que le espera una herencia, va con las autoridades y reclama lo que es suyo. A veces, lo recibe, de manera relativamente fácil. Pero en otros casos, requiere una prolongada lucha legal para obtenerlo.

¿Sabemos cuál es la herencia de los hijos de Dios? ¿Sus promesas son nuestra herencia? No recibimos estas promesas por merecerlas, ni tampoco por necesitarlas, sino que las recibimos por medio de la fe. Y la fe viene a través de la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

Esto nos enseña cómo echar mano, cómo reclamar las promesas de Dios. Si hemos nacido de nuevo y, por lo tanto, somos hijos de Dios (en decisión propia y no en la decisión de nuestros padres), entonces, somos herederos de las promesas de Dios (Romanos 8:17).

Hay una relación directa entre la confesión con nuestra boca, y la fe para echa r mano de las promesas. Nunca viviremos un nivel espiritual más allá del nivel de nuestra confesión.

Lo que nosotros hablamos llegará a ser parte de lo que creamos; y lo que creamos será lo que recibiremos.

El sabio Salomón escribió: Te has enlazado con las palabras de tu boca y has quedado preso en los dichos de tus labios (Proverbios 6:2, versión 1960). ¡Salomón se dio cuenta del poder de lo que hablamos! Es verdad que hay poder en nuestra boca, para atrapar, para liberar, para curar, y para matar. ¡Existe poder que va más allá de lo que podemos imaginar!

Uno mayor que Salomón, Jesús, exaltó el misterio del poder de la confesión, cuando proclamó: De cierto os digo que cualquiera que dijere…y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice; lo que diga le será hecho (Marcos 11:23).

HAY PODER EN LO QUE HABLAMOS

Lo que hablamos será hecho. Si lo creemos. Esa poderosa verdad funciona en sentido negativo y también en sentido positivo.

Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre. Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en el poder de la lengua…(Proverbios 18:20-21).

La lengua de los sabios es medicina (Proverbios 12:18).

La boca de los rectos los librará (Proverbios 12:6).

Hagámonos esta pregunta: ¿estamos usando la boca para librarnos de los lazos del enemigo, los lazos de la enfermedad, la culpabilidad, la ruina y la derrota?

Muy a menudo, un camión de paquetería llega a mi casa, con equipo para el ministerio. Si es algo que he solicitado, yo nada más firmo que pagaré y recibo la mercancía. De vez en cuando traen a mi puerta paquetes que no son míos, ni me interesan, y no quiero pagar por ellos. Cuando esto sucede, yo no los acepto, ni pongo mi firma, para hacerme responsable de pagarlos. Los rechazo. Tú tienes la facultad de rechazar “los paquetes” del enemigo: la condenación, el temor (miedos y fobias), la duda, la debilidad, la derrota, la miseria y la enfermedad.

 

I.-

JAMÁS ACEPTARÉ LA CONDENACIÓN

“Culpable”, “condenado” es el veredicto que todo hombre merece frente al juicio de Dios ¡Qué palabras más asombrosas y pavorosas!

La verdad es que toda la raza humana es culpable y está condenada. Por nuestros pecados, todos somos culpables. Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Siendo que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), y puesto que nosotros no hemos muerto por nuestros pecados, entonces, alguien tuvo que morir por ellos: Jesús, el Hijo de Dios, hizo precisamente eso.

Mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6 y 12).

Cuando Jesús exclamó Consumado es, Él no estaba refiriéndose únicamente a que Su vida física había sido entregada, sino que la gran obra por la cual Él había venido, ya estaba consumada. Dios consideró la muerte de Su Hijo como suficiente precio para pagar la deuda de pecado que todos nosotros debíamos. Nuestros pecados no fueron pasados por alto; Él mismo pagó por ellos con Su sangre. Aunque Él era sin pecado, Dios le imputó todo nuestro pecado (esto es, lo cargo a Su cuenta), y Jesús sufrió el castigo por este pecado.

No fue que Jesús, simplemente, llevó el castigo por el pecado: Él llevó el pecado mismo.

1.- Él fue nuestro Sustituto.

Al que no conoció pecado (Jesús), por nosotros (Dios) lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (II Corintios 5:21).

A Jesús se le imputaron nuestros pecados de modo que a nosotros se nos pudiese atribuir SU JUSTICIA. Una persona justa es aquella que tiene una posición correcta delante de Dios.

 

¡BUENAS NUEVAS!

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1a).

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para que nos perdone, y la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo mal (I Juan 1:9).

Observemos atentamente lo que Dios dice:

AHORA no tenemos que esperar hasta que vayamos al cielo.

NINGUNA no dice poca, lo que sí dice es ninguna.

 

AHORA, NINGUNA CONDENACIÓN

Si nos dice que no hay condenación en la vida de la persona que está en Cristo Jesús, entonces, yo jamás aceptaré la condenación. Si alguien no está en Cristo; si nunca ha recibido al Señor Jesús, en una manera personal, lo puede hacer en este momento.

El único pecado que separa al incrédulo de Dios es no creer en Jesucristo, es no recibirlo como Señor y Salvador.

El que en Él cree, no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado; porque no creyó en el Unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16-18).

Porque hay un solo Dios, asimismo un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo Hombre (I Timoteo 2:5).

Para aprovechar la obra de Jesucristo y recibir la salvación, tenemos que arrepentirnos y confesarle con la boca como nuestro Señor y Salvador.

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan (Hechos 17:30).

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se hace confesión para salvación (Romanos 10:9-10).

Si tú nunca has recibido a Jesús de una manera personal, a continuación se te sugiere una oración. Repítela con sinceridad y fe, y Él llegará a tu vida:

DIOS, YO CONFIESO QUE JESUCRISTO ES EL SEÑOR, Y LO ACEPTO COMO EL ÚNICO SEÑOR DE MI VIDA, AHORA MISMO. CREO EN MI CORAZÓN QUE TÚ LEVANTASTE A JESÚS DE LA MUERTE Y CREO QUE SU SANGRE ME LIMPIA DE TODO PECADO. ME ARREPIENTO Y RENUNCIO A MI VIDA PASADA. TE DOY GRACIAS POR PERDONARME Y ACEPTARME, NO POR MIS OBRAS, SINO POR EL SACRIFICIO DE CRISTO. DECLARO QUE JESUCRISTO ES MI SALVADOR Y MI SEÑOR. AMÉN.

Culpabilidad verdadera y culpabilidad falsa:

Muchos sienten remordimiento porque realmente son culpables. La culpabilidad viene por rechazar la ayuda de Dios en sus vidas, pero muchos cristianos también experimentan un falso tipo de culpabilidad porque dudan que el Señor les ha perdonado.

Vivir bajo la condenación de algo que sucedió en el pasado, algo que ya ha sido confesado (y perdonado) es negar la eficacia de la obra de Jesús en la cruz. Después de ser cristiano, la Biblia nos enseña a confesar nuestros pecados, abandonarlos y a vivir libres de condenación.

HAY UNA DIFERENCIA ENTRE CULPABILIDAD O CONDENACIÓN QUE VIENE AL CRISTIANO DE PARTE DEL DIABLO Y CONVICCIÓN DEL ESPÍRITU A TRAVÉS DE LA PALABRA (II Timoteo 3:16).

Cuando el Espíritu Santo redarguye, Él trae esperanza y recibimos la gracia para vencer el problema. Él no destruye el sentir de auto-valor personal. El diablo deja a la persona deprimida y sin esperanza. La condenación dice Dios no te ama, no eres digno, nunca cambiarás. La convicción dice Tu debes y puedes vencer.

Los psiquiatras y psicólogos confirman que la principal razón por la que muchísima gente sufre de los nervios, de ansiedad, de temor (miedo-fobias) y depresión, es porque hay en ellos una lucha interior no resuelta.

Hay que enfrentarse a la culpabilidad. Aceptemos el perdón de Dios, a través de Su Hijo, el Señor Jesucristo; entonces, podremos declarar con certeza:

Ahora pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1a).

II

JAMÁS ACEPTARÉ EL TEMOR (MIEDOS, FOBIAS) NI LA PREOCUPACIÓN

Multitud de personas viven con temor (miedo, fobias) respecto del cáncer, o de perder el trabajo, o de lo que pueda suceder a sus hijos, o temor de fracasar en el matrimonio, o de quedarse solos, etc. Muchos temen morir, y también temen vivir.

1.- Los médicos y la Preocupación:

El Dr. W. C. Álvarez, un especialista gastroenterólogo, de la Clínica Mayo, dice <<el 80% (ochenta por ciento) de los desórdenes estomacales que llegan a la clínica no son orgánicos, sino funcionales. La mayoría de nuestras enfermedades son el resultado de la preocupación y del temor (miedo), y yo sé por experiencia que la fe es más importante que la alimentación, para la sanidad de las úlceras estomacales>>.

El renombrado Dr. Charles Mayo afirmó: <<La preocupación afecta la circulación de la sangre, el corazón, las glándulas, todo el sistema nervioso, y afecta profundamente la salud>>. Otro médico agrega: <<La preocupación desencadena una desorganización general del sistema; produce y libera toda clase de sustancias tóxicas del organismo, descarrila las glándulas y sus funciones y reduce la existencia hasta el mismo límite de la flacidez.

<<Las fuertes preocupaciones demasiado prolongadas pueden significar una posible crisis nerviosa, flacidez del corazón, endurecimiento de las arterias, senilidad prematura y parálisis de la voluntad que, en última instancia, puede resultar en el suicidio>>.

2.- La Palabra de Dios y la preocupación:

En la Sagrada Escritura, Dios nos exhorta más de 350 veces a no tener temor. David Jeremiah y algunos otros predicadores afirman que la expresión no temas aparece 365 (trescientas sesenta y cinco) veces en la Biblia, tal vez para animarnos cada uno de los días del año a no tener miedo.

PAZ: RECONCILIACIÓN CON DIOS Y UN SALUDABLE ESTADO MENTAL:

Uno de los significados de la palabra paz es la ausencia de conflicto o guerra con Dios. Según Efesios 2:11-13, todos vivíamos en enemistad contra Dios, y sin esperanza, pero ahora Él es nuestra paz (Efesios 2:14). La guerra ya terminó, por la obra de Cristo en la cruz, y ya hemos isdo reconciliados.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1).

Como resultado de la reconciliación, ahora podemos experimentar un bienestar total, una paz interior, tranquilidad y ausencia de afán.

Meditemos en estas hermosas promesas, y permitamos que lleguen a ser parte de nuestra vida diaria.

  1. Filipenses 4:6-7 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
  2. Isaías 26:3 Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera: porque en ti ha confiado.

Cuando estemos preocupados, a causa de la salud propia o de la familia, pensemos en Jehová Rafah.

  1. Salmo 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu ley.

Llenémonos de la Palabra de Dios, y los afanes y preocupaciones serán menos.

  1. Juan 14:27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.

La Paz que Cristo da no depende de circunstancias externas; entonces, no es afectada por las noticias.

  1. Romanos 14:17 Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Ser cristiano no es cuestión de cumplir reglas, es un cambio interior; es vivir en paz y gozo que sólo puede dar el Espíritu Santo.

¡¡¡¡DEMOS GRACIAS A DIOS PORQUE ÉL ES NUESTRA PAZ!!!!

Nosotros no podemos darnos el lujo de ser personas llenas de preocupaciones.

La persona que ha hecho a Dios su Pastor puede declarar: No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo (Salmo 23:4). Y Busqué al Jehová y Él me oyó, y libróme de todos mis temores (Salmo 34:4).

III

JAMÁS ACEPTARÉ LA INCREDULIDAD

Porque las Escrituras dicen que los incrédulos Tendrán su parte en el lago de fuego y azufre (Apocalipsis 21:8); y también leemos en la palabra de Dios que quien duda, al pedir a Dios, no Recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:6-7). Por tanto, YO JAMÁS ACEPTARÉ ÑA INCREDULIDAD.

Los incrédulos están en el infierno, apartados del Señor, para siempre, porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Llegamos a Él y alcanzamos Su favor, únicamente a través de la Fe.

Conforme a vuestra fe os sea hecho (Mateo 9:29).

Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres (Mateo 15:28).

Cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en la mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidieres orando, creed que lo recibiréis y os vendrá (Marcos 11:23-24).

  1. ¿Qué es la Fe?

Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos (Hebreos 11:1, versión Dios Habla Hoy).

La fe no es sólo creer que Dios existe; aún los demonios creen. Tampoco es sólo creer en Dios, sino creer a Dios. Es creer lo que Dios dice por encima de nuestro sentir, de nuestro pensar, de nuestras tradiciones o cualquier otra cosa.

  1. ¿Cómo se logra obtener la Fe?

Pablo escribe a los Romanos y les dice que Dios reparte a cada uno una medida de fe; y a la vez que la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios (Romanos 12:3, 10 y 17). Entonces, nosotros mismos no podemos producirla, aparte de Dios y Su Palabra. Declarar cien veces yo creo, yo creo, yo creo, no va a producir fe bíblica. Ésta no es el resultado de pensar positivamente. No nos engañemos, el enemigo es muy sutil y, en la actualidad, es muy común utilizar técnicas de la mente, para entrar en un nivel más alto y, así alcanzar poder espiritual.

La persona que dice yo tengo mucha fe y, al mismo tiempo es ignorante de la Palabra de Dios, se está auto engañando. No es posible tener fe bíblica sin conocer a Dios y Su Palabra.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley (la Palabra de Dios), sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien (Josué 1:8).

Pasemos tiempo, meditando en la Palabra de Dios y la fe crecerá en  nosotros.

No perdáis, pues, vuestra confianza que tiene grande galardón (Hebreos 10:35).

IV

JAMÁS ACEPTARÉ LA DEBILIDAD

Algunos creen que es una señal de humildad decir soy tan débil, o todos somos muy débiles. No es señal de espiritualidad creer y decir tal cosa; al contrario, revela ignorancia y roba la provisión de fuerza que el Señor tiene para nuestras vidas.

Diga el débil fuerte soy (Joel 3:10).

Cuando el Señor dijo a Pablo que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad del creyente, el Señor se refería a que en nuestra carne no somos nadie y que Él no es glorificado por las habilidades y el esfuerzo humanos. Sin embargo, cuando entregamos a Él estos esfuerzos y estas habilidades, Él las torna en algo fructífero y maravilloso. Nosotros no estamos limitados por nuestras debilidades.

Jehová es la fortaleza de mi vida (Salmo 27:11).

Jehová es mi fortaleza y canción (Éxodo 15:2; II Samuel 22:2).

Cantad con gozo a Jehová, fortaleza nuestra (Salmo 81:1).

Nadie será fuerte por su propia fuerza (I Samuel 2:9).

Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del unicornio (Salmo 92:10).

Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo (I Juan 4:4).

No aceptemos la debilidad. Creamos firmemente y con certeza El Señor es la fortaleza de mi vida. Él aumentará mis fuerzas como las búfalo. Yo soy fuerte en Su fuerza.

V

JAMÁS ACEPTARÉ LA DERROTA

Algunas personas escucharon desde niños frases como las siguientes: no sirves para nada; eres un fracaso; nada te sale bien. Tales personas han sido programadas para esperar la derrota, y no es de sorprender que viven derrotadas.

Algunos cristianos ignoran el poder espiritual que hay en la declaración de las promesas de Dios, y sus vidas son como un sube y baja (el juego de niños). Así fue la vida de quien desarrolló esta enseñanza: un día él vivía en victoria, por encima de las circunstancias, y otro día él se sentía derrotado; luego arriba, y después desanimado otra vez.

¿Cómo sucedió la transformación en la vida de ese hermano? Hubo un día que, al comprender quién era él en Jesucristo, y al poner en práctica lo que él enseña en este apunte; es decir, al creer y declarar con su boca lo que Dios dice, ello produjo grandes cambios en la vida de este hombre; y esos grandes cambios los hará Dios en nuestras vidas también.

¿Qué dice Dios acerca de nosotros? pongamos nuestra vida en un perfil personal delante de lo que el Señor dice:

Soy más que vencedor, por medio de Aquel que me amó (Romanos 8:37).

Dios me lleva siempre de triunfo en triunfo en Cristo Jesús (I Corintios 2:14).

Ninguna arma forjada contra mí prosperará (Isaías 54:17).

Jehová derrotará a mis enemigos que se levantaron contra mí (Deuteronomio 28:7).

Me pondrá Jehová por cabeza y no por cola; estaré encima solamente y no estaré debajo (Deuteronomio 28:13).

Hagamos nuestras todas estas promesas de la Escritura. Declarémoslas tantas veces, hasta que lleguen a ser parte de nosotros.

Físicamente, somos lo que comemos. Las proteínas, vitaminas y otras sustancias que ingerimos viene a formar parte de nuestro cuerpo.

Espiritualmente, somos lo que leemos, oímos y creemos. Yo escucho lo que digo de mi mismo, de manera que ¡¡NO CONFESARÉ DERROTA!! ¡¡SÓLO EXPRESARÉ LOO QUE DIOS DICE!! Hagámoslo hasta que estemos plenamente seguros de que jamás seremos derrotados. Vivamos por lo que creemos, y no por lo que sentimos y nuestra vida será transformada.

VI

JAMÁS ACEPTARÉ LA MISERIA

Hay muchos pensamientos erróneos en cuanto al dinero y las riquezas. Algunos creen que entre más pobre sea uno, se es más espiritual. Y cuando alguien tiene un fracaso económico, la gente dice Así lo quiso Dios.

Sin embargo, la Biblia dice que satanás es el ladrón, y Dios es quien bendice.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (III Juan 1:2)

Para que nosotros recibamos la bendición de la abundancia debemos creer que la voluntad de Dios es prosperarnos.

Creer que el Señor desea darnos prosperidad económica es sólo el primer paso. Como cualquier otra promesa, existen requisitos para que uno las reciba.

  1. Honrar a Dios con los Bienes

Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebozarán de mosto (Proverbios 3:9-10).

No hay duda de que el Señor quiere prosperarnos porque usa las palabras llenos tus graneros (cuenta bancaria), abundancia, y rebozarán.

Pero es importante resaltar la condición: Honra a Jehová con las primicias de tus frutos.

Malaquías dice que el pueblo había robado a Dios, al no pagar los diezmos ni las ofrendas y, por tanto, estaba bajo maldición. Luego, el propio profeta dice:

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos (Malaquías 3:10-11).

El cimiento o el mero fundamento de la prosperidad es el diezmo. Allí es donde empieza; es el primer paso. Uno no puede subir una escalera sin pisar el primer escalón.

  1. Seamos dadores y generosos con otros

Hay gente desprendida que recibe más de lo que da, y gente tacaña que acaba en la pobreza. El que es generoso, prospera; el que da, también recibe (Proverbios 11:24).

Dios es un Padre generoso y espléndido con sus hijos, y nosotros mostramos la misma naturaleza de Él cuando somos generosos.

  1. Ayudemos a los pobres

El que da al pobre no tendrá pobreza (Proverbios 28:27).

  1. Debemos ser trabajadores

VII

JAMÁS ACEPTARÉ LA ENFERMEDAD

Nosotros no podemos ni debemos aceptar la enfermedad. En Isaías 53:4-5, leemos:

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

Nosotros debemos rechazar la enfermedad.

Bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades; el que sana todas tus dolencias. El que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila (Salmo 103:2-5).

Hagamos personal este Salmo, y declaremos: Él es quien sana todas mis dolencias, de modo que me rejuvenezca como el águila.

El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente… no tendrás temor de espanto nocturno, ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya (Salmo 91:1, 5-6).

Confesemos, de manera personal, Yo habito al abrigo del Altísimo, camino con Él; así que no temeré ni pestilencia (enfermedades), ni mortandad (plagas).

…a Su amado dará Dios sueño (Salmo 127:2).

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad (III Juan 1:2).

Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres, y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren (Deuteronomio 7:13-15).

Él mismo (Jesús) tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:17).

Alguien podría decir: pero muchos de los textos se encuentran en el Antiguo Testamento. Hebreos declara que el Nuevo Pacto de Cristo es mejor que el antiguo. Si así es ¿crees que Dios daría más beneficios a sus hijos del Antiguo Testamento y menos a nosotros ahora?

  1. Lo que Dios dice sobre nuestro cuerpo

Algunas religiones enseñan que el cuerpo es de poca importancia, ante los ojos de Dios, y que Él sólo se interesa en el alma y el espíritu, pero la Biblia no enseña eso. Éste nuestro cuerpo está maravillosamente hecho. El cuerpo es temporal, y algún día recibiremos un cuerpo nuevo y eterno; pero mientras eso sucede, nuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo; de hecho Él nos dice:

Glorificada Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu (I Corintios 6:19).

Nuestros cuerpos son importantes para Dios, porque Sus propósitos divinos aquí, en la tierra, serán logrados a través de nuestros cuerpos. Al Señor le interesa la salud espiritual, mental, emocional y física.

Por muchos años, la familia de quien escribió esto, sufrieron el robo de esta parte de herencia, precisamente, por ignorancia e incredulidad. No permitamos ser robados. ¡¡¡NO ACEPTEMOS LA ENFERMEDAD!!!

CONCLUSIÓN

Alguien pudiera preguntar si es la voluntad de Dios sanarnos, y prosperarnos, llenarnos de paz, de confianza, de fuerza y de victoria; entonces, ¿por qué tenemos tantas luchas y por qué no recibimos más de esas bendiciones, y más rápido?

Es una buena pregunta y hay una respuesta muy sencilla: Tenemos un enemigo real (satanás), cuyo propósito es precisamente robarnos, atacarnos y destruirnos.

El ladrón (satanás) vino a robar, matar y destruir… (Juan 10:10).

Aunque el propósito de satanás es oponerse a nosotros y robarnos nuestra herencia; pero no estamos indefensos.

Mayor (Cristo) es el que están en vosotros, que aquel que en el mundo está (satanás) (I Juan 4:4). Hebreos 6:12 dice que uno hereda o recibe promesas, a través de la Fe y la Paciencia.

Entonces, no nos desanimemos, si requerimos tiempo para entrar en posesión de la herencia total del Señor; no nos desanimemos, si se requiere luchar, cuando empecemos a reclamar lo que nos pertenece.

 

NO ACEPTEMOS

Condenación

Miedos

Incredulidad

Debilidad

Derrota

Miseria

Enfermedad

Creamos, confesemos y recibamos

Perdón

Paz

Confianza

Fuerza

Victoria

Abundancia

Salud