B).  Doctrina de arrepentimiento de obras muertas

Las “obras muertas” son todo aquello que realizamos siendo impíos, fuera de la voluntad de Dios; son obras no hechas en Cristo; son obras realizadas en nuestro esfuerzo personal (esfuerzo propio); son obras del alma, para ser vistas de los hombres; son obras de orgullo (Mateo 6:1-8)

II Corintios 7:6-12 (especialmente el versículo 11)  El arrepentimiento es para los pecadores y también para los cristianos.  En la Primera Epístola a los Corintios, Pablo les dice niños y les exhorta; pero en la segunda carta, Pablo les habla de arrepentimiento y de los frutos que resultan de arrepentirse según Dios.  El arrepentimiento fue la predicación de Juan el Bautista.  Esta predicación fue la preparación para recibir a Cristo como Salvador, porque Israel sólo ofrecía sus holocaustos sin arrepentimiento (Lucas 3:1-14; Mateo 3:1-10 (8) Marcos 1:14-15).  En el inicio de Su ministerio, el Señor Jesucristo predicó el arrepentimiento.  En Su mensaje a las siete iglesias de Asia, el Señor exhorta a cinco de ellas al arrepentimiento (Apocalipsis, capítulos  2 y 3).

El arrepentimiento es clave para caminar en madurez.  Arrepentimiento es reconocer los errores propios.  El arrepentimiento trae victoria; es la espina dorsal de la vida cristiana.  Encubrir el pecado trae derrota, confesarlo y arrepentirse nos hace alcanzar misericordia (Proverbios 28:13).  El verdadero arrepentimiento es una actitud interna.  Las actitudes externas (lágrimas, sollozos, berrinches, etc.) no son señal del verdadero arrepentimiento.  El verdadero arrepentimiento trae un fruto (Mateo 3:7-9).  Ésta era la predicación de Juan el Bautista: “haced frutos dignos de arrepentimiento”.  Y es que el fruto de arrepentimiento mueve a Dios a dar más bendición.  Una de las llaves que abre la fuente inagotable de la bendición es el arrepentimiento.  Pero de continuar en nuestros hábitos pecaminosos y en nuestras malas costumbres, nos quedaremos estancados, no creceremos, y Dios continuará con unos pocos.

El arrepentimiento es necesario en el camino al trono.  Bien manejado, el arrepentimiento traerá victoria.  Arrepentimiento es clave para llegar al corazón de Dios.  De saber arrepentirnos, Dios sabrá perdonarnos.  Todos los días, Dios está enojado contra los impíos y contra el pecado.  El arrepentimiento trae perdón de Dios; la falta de arrepentimiento trae juicio de Dios

Hebreos 12:16-17  Esaú fue reprobado por no haberse arrepentido.  Judas se conmiseró a sí mismo; se llenó de remordimiento, pero no se arrepintió ni buscó la reconciliación con su Señor.  De igual manera, Esaú no reconoció su error, sólo veía las faltas de su hermano.  La falta de arrepentimiento trae dureza de corazón y amargura al alma.  Esaú vino a ser una nación apartada de Israel (Esaú es Edom).  Saúl tampoco se arrepintió.  De igual manera, Caín dejó de caminar en arrepentimiento.  Cada uno de nosotros tenemos dos alternativas:  1ª  seguir sin arrepentirnos; o 2ª  caminar en arrepentimiento y crecer en madurez.  En comparación con David, Saúl cometió menos pecados, pero no se arrepentía ni se arrepintió; sin embargo, David sí se arrepentía y se humillaba delante de Dios.  El arrepentimiento conservó la vida a David.

Veamos, pues, siete frutos dignos de arrepentimiento (II Corintios 7:11 y Salmo 51):

1º  Solicitud (para caminar en sentido contrario al pecado; solicitud para acercarnos a Dios; actitud correcta; disposición para cambiar; posición correcta del corazón.-  Salmo 51:1-2)

2º  Defensa (contra el pecado; defensa contra el mal; debemos defendernos del malo; defensa es camino a la victoria.-  Salmo 51:3-4)

3º  Enojo (contra los enemigos de Dios: carne, mundo y diablo.-  Salmo 51:5-6; y 139:20-22; Efesios 4:26)

4º  Temor (de Dios; conciencia de Dios.-  Salmo 51:7-11)

5º  Deseo

6º  Celo

7º  Vindicación


1º  SOLICITUD.- II Corintios 7:11; Salmo 51:1-2; Efesios 6:4 La solicitud es la disposición correcta del corazón para acercarse a Dios.  “Empero hay perdón cerca de ti” (Salmo 130:4a).  Sólo cerca de Dios se encuentra el perdón (Isaías 55:7).  La solicitud es, entonces, la actitud de corazón para acercarse a Dios en busca de perdón.  La disciplina correcta acerca al niño; la disciplina incorrecta aleja al niño.  Dios nos disciplina correctamente.  David tuvo la solicitud correcta.  Para un verdadero arrepentimiento debe haber un cambio de actitud.  Saúl se justificó a sí mismo; no tuvo un cambio de actitud.  Dios madruga a castigarnos:  “el que ama a su hijo, madruga a castigarlo”.  La falta de disciplina, de parte de Dios, es síntoma de que Dios no nos ama (Hebreos 12:4-11).  La disciplina tiene el propósito de perfeccionamiento.

Proverbios 13:24  El niño que no es disciplinado se vuelve más latoso, pues está demandando castigo para sí.  La falta de disciplina es falta de amor.  La disciplina es para perfeccionamiento (Hebreos 12:6).  Dios va a apretar hasta que nos doblemos y nos dobleguemos.

2º  DEFENSA.- II Corintios 7:11; Salmo 51:3-4; I Tesalonicenses 5:21  Alguien que ha sido herido sufre consecuencias.  El que ha sido herido o cautivo en los vicios desea salir de su cautiverio, porque las heridas y el cautiverio tienen sus consecuencias.  “Nadie es fuerte en su propia fuerza”.  El pecado trae muerte.  ¿Qué te está matando?  Necesitamos tener defensa contra el pecado que nos atormenta y nos oprime.  Es decir, debemos renunciar al pecado.  En nuestra naturaleza humana es imposible ser vencedor.  David tenía discernimiento; él sabía que había cometido pecado y se paró en una actitud de defensa en contra del pecado mismo: “... porque yo reconozco mis rebeliones ...”  Tenemos un enemigo: el pecado.  De no identificarlo, no nos podremos defender de él.  Al identificar el mal y reconocer nuestras rebeliones, sabremos identificar el pecado y nos defenderemos de él.  Al identificarlo, estaremos haciendo nuestra propia defensa.  Todo tipo de pecado disminuye mi amor por Dios.  No arrepentirse es justificarse, es protegerse (en el pecado), y es ensuciar el alma más.  Meterse con Satanás nos lleva a entramparnos en el mal.  Irse de la iglesia local trae indefensión.  Una manera de defenderse es “examinarlo todo y retener lo bueno”.  Gálatas 6:7  Cada confesión trae limpieza al alma.  Un drogadicto empieza por poco; tal vez empezó con un cigarro, y continuó con un cigarro de marihuana.  Idéntico fenómeno se da con lo ladrones, los homicidas, etc.

Toda herida trae dolor, pero debemos defendernos del mal.  Tener discernimiento es la clave para defendernos.  Defensa es la actitud que debemos tener contra el pecado.  En una ilustración, cuando una persona es agredida por un enemigo, esa persona se defiende, y busca muchas maneras de contraatacar a su enemigo.  Bueno, nosotros tenemos varios enemigos contra los cuales debemos presentar defensa.  Contra el pecado debemos presentar una actitud de lucha.  El Señor dijo “... y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Su Iglesia)”.  Esta expresión significa que la Iglesia debe ir y pelear.  Es decir, la Iglesia no debe estar esperando los ataques y embates del enemigo, sino que debe ir y pelear y mostrar por la buena batalla su defensa contra el enemigo.

David sabía que tenía un enemigo; por tanto, David presentaba defensa.  Necesitamos reconocer nuestros pecados: eso es defensa.  Todo lo ajeno a Dios disminuye nuestra atención y amor por Dios.  Gálatas 6:7  Necesitamos defendernos.  No arrepentirse es protegerse.  De meternos con Satanás nos va a atrapar.  Muchos se van de la Iglesia porque no se defienden.  I Tesalonicenses 5:22 “Examinadlo todo” es la manera para defendernos.

3º  ENOJO.- II Corintios 7:11; Salmo 51:5-6;  I Tesalonicenses 5:21-22; Efesios 4:26;  Nuestro enojo debe ser contra el mal.  Debemos enojarnos con el pecado.  Judas Iscariote no tuvo arrepentimiento.  Judas tuvo enojo equivocado; se enojó contra sí mismo y se ahorcó.  “Apartaos de toda especie de mal”  es la clave del enojo.

Ahora bien, debemos tener claro en nuestro corazón que Cristo no vino a poner cargas que no podamos llevar (I Corintios 10:13).  De no reaccionar airadamente contra el mal, nosotros damos oportunidad para caer (Salmo 139:20-22).  Debemos aborrecer con odio perfecto a los enemigos de Dios.  El enojo está permitido contra los enemigos de Dios: la carne, el mundo y el diablo.  Por causa de no protestar contra el mal, el cristiano no vence.

Balaam no pudo maldecir a Israel, pero intentó hacerlo caer en fornicación con las mujeres Madianitas; y Phinees alanceó a un príncipe de Israel y a Cozbi; y es que Phinees tuvo gran enojo a causa del pecado que había entrado a la congregación, en el desierto.  Hoy en día, Dios está buscando gente que odie a todos los enemigos de Dios; Dios busca gente que se pueda enojar contra esos enemigos acerrimos del Señor.  David odiaba con perfecto odio a esos enemigos; por eso, David fue valioso pues destruía a los enemigos de Dios.  Saúl se creía más justo que Dios (Eclesiastés 7:16).  Por eso, Saúl consintió en guardar la vida a Amalec; sin embargo, lo paradógico de la vida de Saúl es que un amalecita le quitó la vida a Saúl.

David identifica el pecado y tiene una actitud en contra (Salmo 51:5-6).  No alimentemos la carne, ni nos complazcamos en el mundo ni con el diablo.  Enojémonos contra el mayor enemigo de Dios:  la carne; no la alimentemos.

Entendamos algo muy importante:  los enemigos de Dios no son la gente que nos persigue y no nos tolera.  Ellos no son nuestros enemigos ni son enemigos de Dios.  Nuestro perfecto odio no debe ser hacia ellos.  Nuestro odio perfecto debe ser hacia el diablo, el mundo y la carne.  “Airaos pero no pequéis...”  Dios nos da la oportunidad de airarnos sin pecar.  Cuando nuestra ira se canaliza contra los enemigos de Dios, nosotros no pecamos con esa ira.

4º  TEMOR DE DIOS.- II Corintios 7:11; Salmo 51:7-11; Proverbios 16:6  El Temor de Dios es Conciencia de Dios.  El Hermano Moisés Caballero define el Temor de Dios como la Conciencia de que Dios está presente en todos nuestros pensamientos; es testigo de todas nuestras palabras, de todas nuestras acciones y de todas nuestras omisiones.  Ante las invitaciones al pecado debemos anteponer Temor de Dios.  Realmente, Dios está presente cuando somos tentados.

Pero ser inconstante es un rasgo característico de no tener arrepentimiento o carecer de Temor de Dios.  Al tener Temor de Dios nos apartaremos y nos alejaremos del pecado y buscaremos la paz con Dios.  Debemos dejar el pecado; ésta es la voluntad de Dios agradable y perfecta.  Sin embargo, quien tiene un corazón sucio no da importancia al Temor de Dios, pues sólo le importa irse a pecar.

Ante las invitaciones a pecar ¿qué hacemos?  La falta de temor nos mueve a pecar y a volverlo a hacer una y otra vez.  Debemos pedirle a Dios que nos acompañe a todo lugar y nos guarde de hacer lo malo.  Dios nos da la oportunidad de examinarnos.  A Dios le importa nuestro corazón.  Pero quien tiene el corazón sucio no tiene temor de pecar, sólo espera la conclusión del culto para ir a pecar otra vez.

5º  GRAN DESEO.- II Corintios 7:11;  Salmo 51:

6º  CELO.-  Salmo 51:

7º  VINDICACIÓN.-   Salmo 51: