G). DOCTRINA DE JUICIO ETRNO

Esta doctrina es un tema que la gente no desea escuchar.  Al hablar a la gente acerca del Gran Juicio del Trono Blanco, la gente tiembla, se atemoriza y no desea escuchar detalles sobre el tema.  Pero la Iglesia debe estar preparada y saber que la Biblia muestra por lo menos nueve diferentes juicios, de los cuales algunos ya se cumplieron, otros se están cumpliendo y otros más se cumplirán en breve, hasta llegar al Juicio del Trono Blanco, después del milenio de Cristo en esta tierra.

Para los abogados es fácil entender qué significa juicio.  Pero realmente, esta palabra tiene varios significados.  La Biblia muestra diferentes formas de entender esta palabra.  Por ejemplo, en Éxodo 21:28-32 (especialmente v. 31)  juicio es sinónimo de ley o mandamiento que habrá de ponerse por obra.  En un sentido más profundo, el juicio de este versículo es una sanción o pena que debe cumplirse.  En Levítico 19:15 el juicio es un conflicto traído a los ancianos para ser resuelto mediante una sentencia; y también implica un proceso penal (Levítico 24:12, en la antigua versión de Casidoro de Reina y Cipriano de Valera se lee “declarado por palabra de Jehová”, pero la Concordancia Completa de la Santa Biblia de William H. Sloan la traduce “declarado el juicio por palabra de Jehová”).  En el Salmo 19:9, encontramos la referencia a los juicios de Dios como sentencias justas.

Realmente, la Doctrina del Juicio Eterno tiene que ver con la condición futura de la gente y de toda la creación.  En ese juicio, dividido en nueve diferentes juicios, encontramos las sentencias de Dios, todas justas.

  1. A) ¿Quién juzga? Cristo Jesús (Juan 5:22, 27, 30
  2. B) ¿Qué juzga? El pecado; la calidad de vida; las obras.
  3. C) ¿A quién juzga? Al pecado; al diablo, la muerte, el falso profeta, al creyente, a las naciones, a Israel, al cielo y la tierra, a los ángeles caídos.
  4. D) ¿Cuándo juzga?
  5. E) ¿Cómo juzga?
  6. F) ¿Cuál es el resultado del juicio?

Uno de los ministerios del Espíritu Santo es venir a redargüir de juicio (Juan 16:7-11).  Los nueve juicios encontrados en la Biblia son:

1º  Juicio del creyente en Cristo

2º  Juicio del creyente consigo mismo

3º  Tribunal de Cristo

4º  Juicio sobre las doce tribus de Israel

5º  Juicio de las naciones

6º  Juicio de la tierra y los cielos

7º  Juicio de los ángeles caídos

8º  Juicio del diablo, el falso profeta y el anticristo

9º  Juicio del Gran Trono Blanco

Veamos, pues, cada uno de estos juicios que Dios ya ha diseñado, y respecto de los cuales, en algunos ya hay sentencia irrestricta de Dios, la cual no será revocada.

1º  Juicio del creyente en Cristo.-  Gálatas 3:13; II Corintios 5:21  Este juicio es muy especial.  A través de él, Dios nos juzgó en la humanidad de Jesús.  La condición nuestra era de maldición.  Todo hombre o mujer que no tiene a Cristo en su corazón tiene el peso de la maldición de la ley sobre sí.  Sólo a través de un reconocimiento de nuestra condición de pecado, podemos recibir la bendita sentencia de Dios que nos justifica.  En la epístola a los Gálatas, Pablo escribe que Cristo fue hecho maldición por nosotros.  Toda la maldición de la ley que pesaba sobre nosotros fue puesta en la humanidad de Jesús, en la cruz, y esa maldición trajo el peso de toda la justicia de Dios sobre Su bendito Hijo.

Hubo un hombre que asesinó a su hermano, y Dios le reprochó su crimen.  La sangre de Abel clamaba venganza desde la tierra; pero Caín, lejos de arrepentirse blasfemó contra Dios, al pretender que Dios no podría perdonar aquel pecado de homicidio.  Entonces, vino la primera maldición de Dios sobre un hombre.  Es verdad, cuando Adán pecó obedeciendo a Eva, Dios maldijo la tierra por amor del hombre; pero sobre Caín cayó la primera maldición de Dios perpetrada a un hombre. “Ahora pues, maldito seas tú de la tierra...” (Génesis 4:11-15).  Errante, con una maldición a cuestas, este hombre caminó la tierra y cada vez que la cultivaba, la tierra no producía lo esperado.  Caín era un labrador de la tierra; era un experto; sin embargo, la maldición sobre él le impedía recibir el logro de su trabajo.

Cada vez que se acercaba a algún poblado, la marca puesta en él traía sobre sí la maldición de la gente.  Todos se volteaban para señalarlo como un maldito.  Bueno, maldición mayor pesaba sobre nosotros.  La maldición de la ley era nuestro verdugo y nos tenía cautivos.  Esta arma era usada por Satanás para oprimirnos con condenación.  Nuestro miedo a la muerte era fruto de esta maldición.  Pero Cristo fue a la cruz a padecer por todos nuestros pecados.  El alma de Jesús fue puesta en el infierno por tres días y tres noches (el Hermano Jack Locker dice que no sabe cómo lo hizo el Señor, pero en tres días y tres noches, Cristo comprimió toda nuestra eternidad).

Veamos una ilustración muy burda, pero que nos da una idea de cómo Cristo llevó nuestra maldición.  Para ello vamos a utilizar nuestro nombre propio.  Hace cerca de dos mil años, Dios el Padre volteó hacia la cruz (ahí estaba clavado nuestro amado Señor Jesucristo) y Dios prorrumpió en una sentencia de maldición.  Su juicio fue este:  “Santiago González Pérez, por cuanto eres pecador, eres maldito y digno de tormento eterno.  Por tanto te sentencio a sufrir el fuego del infierno, donde el gusano no muere ni el fuego se apaga”.  Sin embargo, realmente era Jesús el que estaba ahí colgado recibiendo el juicio de Dios.  Esto fue lo que realmente conmovió la humanidad de Jesucristo en Gethsemaní.  Cristo Jesús no temía al diablo; ya lo había enfrentado muchas veces y Cristo lo había vencido.  El Señor tampoco temía a la muerte, pues Él también la derrotó, después de resucitar a la hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naín, y a Lázaro.  En el Evangelio de Juan, Cristo declara que tiene poder para entregar Su vida y para volverla a tomar.

Por ello, en Gethsemaní, el Señor se conmovió al saber que, al tomar sobre Su humanidad todo nuestro pecado, Él se convertirá en el peor enemigo de Dios.  Y es que no hay peor enemigo que Dios, pues Su ira es heces que chuparán sus enemigos por la eternidad.  De esta manera, al cargar con nuestra maldición, el Señor se convirtió en enemigo de Dios y eso le angustiaba hasta la muerte pues sobre Su humanidad pesaría toda la ira de Dios.

Al escribir a los Corintios, el Apóstol Pablo señala que Cristo fue hecho pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.  Este es el trueque más disparejo de todo el universo.  Cristo se despojó de Su Justicia y se vistió nuestro pecado; luego de desnudarnos del pecado, nos vistió Su Justicia.  Esto es maravilloso, Dios nos ve justos a través de la justicia de Cristo.

Entonces, retomando el Calvario y a Cristo clavado en la cruz, válidamente podemos decir que nuestro pecado ya fue juzgado en la humanidad de Cristo Jesús.  Pero además, cuando al tercer día se levantó el Señor, podemos escuchar una sentencia desde los cielos que dice:  “Santiago González Pérez, por cuanto has cumplido con tu sentencia de prisiones de oscuridad, eres justo, eres limpio, eres santo, eres perfecto, eres maduro, eres mi obra de arte”.  Pero realmente, yo sólo fui a la cruz y al infierno en la humanidad de Cristo Jesús.  El racional del juicio (Éxodo 28:15-30) era llevado por el Sumo Sacerdote en el pecho, cerca del corazón.  En el racional estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.  De la misma manera, al cumplir toda la ley en su ministerio terrenal, Cristo nos llevó en el corazón, porque nosotros somos el Israel espiritual.  Cuando Cristo estaba clavado en la cruz, nosotros estábamos en Su corazón; cuando el alma de Jesús fue llevada al infierno, nosotros estábamos en Su corazón.  Y cuando resucitó, nosotros estábamos en Su corazón  ¡¡¡ALELUYA!!!  ¡Ya fuimos juzgados en la humanidad de Jesús!   ¡¡¡ALELUYA!!!  ¡Ya no hay más condenación sobre nosotros!

2º  Juicio del creyente consigo mismo.-  I Corintios 11:31-32; Filipenses 3:12-13

3º  Tribunal de Cristo.- Romanos 14:10; II Corintios 5:10; I Corintios 3:11-15

4º  Juicio sobre las doce tribus de Israel.- Mateo 19:28

5º  Juicio de las naciones.- Mateo 25:31-46

6º  Juicio de la tierra y los cielos.- II Pedro 3:1-14; Génesis 3:17

7º  Juicio de los ángeles caídos.- II Pedro 2:4; Judas 6; I Corintios 6:3

8º  Juicio del diablo, el falso profeta y el anticristo.- II Tesalonicenses 2:1-10 (8); Apocalipsis 20:1-4 y 7-10; Génesis 3:14; Isaías 14:9-17; Ezequiel 28:11-19; Hebreos 2:14

9º  Juicio del Gran Trono Blanco.- Judas 4, 8-19; Apocalipsis 20:11-15; Juan 5:29b.