La primera epístola de Juan, nos muestra, por lo menos cincuenta ocasiones en que se menciona la palabra Amor, o Amar, o la conjugación de este verbo. Y en cada ocasión, Dios nos muestra un propósito específico de Su Amor para con nosotros.

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1Jn 1:1  LO que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;

1Jn 1:2  (Porque la vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)

1Jn 1:3  Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

1Jn 1:4  Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.

1Jn 1:5  Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.

1Jn 1:6  Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;

1Jn 1:7  Mas si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

1Jn 1:8  Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.

1Jn 1:9  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

1Jn 1:10  Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

1Jn 2:1  HIJITOS míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo;

1Jn 2:2  Y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

1Jn 2:3  Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.

1Jn 2:4  El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él;

1Jn 2:5  Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.

1Jn 2:6  El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.

1Jn 2:7  Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

1Jn 2:8  Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.

1Jn 2:9  El que dice que está en luz, y aborrece á su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía.

1Jn 2:10  El que ama á su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él.

1Jn 2:11  Mas el que aborrece á su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe á donde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.

1Jn 2:12  Os escribo á vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por su nombre.

1Jn 2:13  Os escribo á vosotros, padres, porque habéis conocido á aquel que es desde el principio. Os escribo á vosotros, mancebos, porque habéis vencido al maligno. Os escribo á vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.

1Jn 2:14  Os he escrito á vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito á vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios mora en vosotros, y habéis vencido al maligno.

1Jn 2:15  No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

1Jn 2:16  Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.

1Jn 2:17  Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.

1Jn 2:18  Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado á ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.

1Jn 2:19  Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros.

1Jn 2:20  Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

1Jn 2:21  No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad.

1Jn 2:22  ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.

1Jn 2:23  Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre.

1Jn 2:24  Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.

1Jn 2:25  Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna.

1Jn 2:26  Os he escrito esto sobre los que os engañan.

1Jn 2:27  Pero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseveraréis en él.

1Jn 2:28  Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.

1Jn 2:29  Si sabéis que él es justo, sabed también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.

1Jn 3:1  MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.

1Jn 3:2  Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.

1Jn 3:3  Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio.

1Jn 3:4  Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.

1Jn 3:5  Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.

1Jn 3:6  Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.

1Jn 3:7  Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo.

1Jn 3:8  El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

1Jn 3:9  Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1Jn 3:10  En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.

1Jn 3:11  Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros.

1Jn 3:12  No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

1Jn 3:13  Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.

1Jn 3:14  Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los hermanos. El que no ama á su hermano, está en muerte.

1Jn 3:15  Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.

1Jn 3:16  En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

1Jn 3:17  Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?

1Jn 3:18  Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.

1Jn 3:19  Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.

1Jn 3:20  Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.

1Jn 3:21  Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;

1Jn 3:22  Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

1Jn 3:23  Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos á otros como nos lo ha mandado.

1Jn 3:24  Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

1Jn 4:1  AMADOS, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

1Jn 4:2  En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios:

1Jn 4:3  Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.

1Jn 4:4  Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.

1Jn 4:5  Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.

1Jn 4:6  Nosotros somos de Dios: el que conoce á Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

1Jn 4:7  Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.

1Jn 4:8  El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.

1Jn 4:9  En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

1Jn 4:10  En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1Jn 4:11  Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos á otros.

1Jn 4:12  Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros:

1Jn 4:13  En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

1Jn 4:14  Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.

1Jn 4:15  Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios.

1Jn 4:16  Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

1Jn 4:17  En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

1Jn 4:18  En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.

1Jn 4:19  Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero.

1Jn 4:20  Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto?

1Jn 4:21  Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame también á su hermano.

1Jn 5:1  TODO aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es nacido de él.

1Jn 5:2  En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y guardamos sus mandamientos.

1Jn 5:3  Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.

1Jn 5:4  Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.

1Jn 5:5  ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

1Jn 5:6  Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espírtiu es la verdad.

1Jn 5:7  Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno.

1Jn 5:8  Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.

1Jn 5:9  Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.

1Jn 5:10  El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.

1Jn 5:11  Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

1Jn 5:12  El que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios, no tiene la vida.

1Jn 5:13  Estas cosas he escrito á vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

1Jn 5:14  Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye.

1Jn 5:15  Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.

1Jn 5:16  Si alguno viere cometer á su hermano pecado no de muerte, demandará y se le dará vida; digo á los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.

1Jn 5:17  Toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte.

1Jn 5:18  Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda á sí mismo, y el maligno no le toca.

1Jn 5:19  Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.

1Jn 5:20  Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1Jn 5:21  Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.

Es interesante advertir que en tan sólo cinco capítulos, y un total de ciento cinco versículos, Dios hace un énfasis especial sobre esta cualidad divina del Amor. Más de cincuenta ocasiones se menciona esta palabra, o el verbo Amar en alguna forma conjugada. Ello hace un total de diez veces promedio por capítulo, y del cincuenta por ciento de la epístola con esta expresión.

Veamos, en una cáscara de nuez, estas expresiones, tratando de aglutinarlas en las siete relaciones básicas:

1Jn 2:5  Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.

1Jn 2:6  El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.

1Jn 2:7  Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

1Jn 5:2  En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y guardamos sus mandamientos.

1Jn 5:3  Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.

Nuestra correcta relación con la Palabra de Dios, nos permite experimentar el Amor de Dios en perfección.

1Jn 2:15  No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

1Jn 2:16  Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.

El Amor a Dios no puede conciliar con el amor al mundo. El Amor de y para Dios demanda separación del mundo. El mundo pasa y su concupiscencia, pero el Amor de Dios permanece para siembre.

1Jn 3:1  MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.

1Jn 3:2  Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.

Nuestra relación con el Padre es un afiliación divina: somos hijos de Dios. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Siendo Él el Padre, el Señor está esperando la sumisión sus hijos.

Podemos revisar la Escritura y advertir quiénes fueron hijos sumisos hacia su padre terrenal; por ejemplo, Isaac se sometió a Abraham, a fin de ser sacrificado en el Monte Moriah.

Sin embargo, consideremos al ejemplo perfecto de sumisión, nuestro amado Señor Jesucristo, de quien, el profeta Isaías afirma en el capítulo 6 que el Señor dijo heme aquí, envíame a mi. Y cuando se escribe la epístola de Hebreos, en el capítulo 10 se registra, de Cristo, que Él vino a esta tierra a hacer la voluntad del Padre. Se ha dicho por diferentes predicadores que a Gethsemaní entraron dos voluntades, pero sólo salió una la del Padre en el corazón de Cristo, a fin de éste cumplir aquella voluntad.

1Jn 4:17  En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

1Jn 4:18  En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.

El perfecto Amor de Dios echa fuera el temor. Éste es un principio de sanidad para el alma, pues Su perfecto Amor nos libra del miedo que se genera en el alma.

Este temor no es el temor de Dios, sino el miedo generado por las circunstancias. El miedo es una expresión de nuestros sentimientos y emociones, las cuales van a ser sanadas con el perfecto Amor de Dios.

[Aquí podemos considerar una semilla: Dios ha diseñado diferentes principios de sanidad para el alma. De hecho, cuando el hombre pecó, la muerte espiritual entró en él; y esa muerte espiritual arrastró tinieblas dentro del alma humana. Por eso el hombre se volvió supersticioso. El miedo o temor del alma, hizo del hombre un ser supersticioso. Pero, toda el alma (con sus siete equipos) fue enfermada. Así que el Señor, a través de la cruz, proveyó sanidad y salud divinas para el alma.

Por ejemplo, para sanar nuestra memoria, el Salmo 103 nos da algunas claves: alabanza. La alabanza es una clave para sanar la memoria de nuestra alma, pero además debemos poner en los archivos de esa memoria, todos los beneficios que Dios nos ha dado. Un pequeño recibió una tunda, fue disciplinado por su mamá; él guardó aquella paliza como una injusticia, y lo arrastró en su memoria toda su vida hasta que se hizo adulto. Pero un día vino Cristo y sanó su alma, con Amor, y él fue y le pidió perdón a su madre.

Este varón no podía contrastar todos los sufrimientos que tuvo aquella trabajada madre, para concebirlo, para traerlo a la vida; él no podía poner en su memoria, todos los trabajos y afanes de su madre, cuando él enfermaba, y ella pacientemente velaba por él. Este varón no podía considerar cuántas veces, su madre se afanaba por cuidarle y darle de comer a su tiempo, lo mejor que ella podía. Sólo había un pensamiento, había sido injusta aquella tunda.

Así somos nosotros ante Dios. Muchas veces dejamos de considerar que fuimos elegidos según la presciencia de Dios. Desde antes de la fundación del mundo, Él nos eligió.

Hemos dejado de considerar que una célula diferente con gametos diferentes (código genético) pudo haber fecundado aquel óvulo del cual nacimos, y entonces, no habríamos sido nosotros sino un individuo diferente. Hemos olvidado (o quizá ni siquiera hemos considerado) que desde generaciones pasadas, Dios tuvo cuidado de que los eslabones generacionales para naciéramos permaneciesen y no se rompiesen –cuando el Señor habla a Caín, en Génesis 4:10, el Señor testifica diciendo La voz de las sangres de tu hermano claman a mí desde la tierra (Biblia Versión Textual). ¿Por qué? El Señor habla en plural, porque no sólo era la sangre de Abel sino la sangre de todos los descendientes de Abel, los cuales no pudieron nacer, a causa de su muerte prematura.

Pero respecto de nosotros, Dios tuvo cuidado que nuestros antecesores no muriesen hasta que se diera el nacimiento del siguiente eslabón que traería el código genético para nuestro nacimiento. Esto lo vemos de manera puntual en la cadena genealógica del Señor Jesucristo.

Así que debemos considerar todos los beneficios y bendiciones de Dios para con nosotros, a fin de tener sanidad en la memoria]

Cerramos los corchetes y la semilla, para considerar que el Amores una excelente fuente desanidad del alma. Consideremos que el Fruto del Espíritu es Amor, ahí inicia el Fruto del Espíritu pero de esa fuente llamada Amor se derivan las demás expresiones del Fruto. Es el Amor el que nos da los elementos de sanidad y salud. Ese fruto es semejante a los frutos de la tierra que nos nutren de vitaminas y minerales, aminoácidos, enzimas digestivas, etc., para tener salud en el cuerpo. Aquel fruto nos da vida espiritual y sanidad al alma.

Cuando el Apóstol Pablo escribe a Timoteo (II Timoteo 1:7), le dice porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor (cobardía se lee en algunas otras traducciones), sino el de fortaleza (poder), y de amor, y de templanza (dominio propio). Y en esta fórmula está el Fruto del Espíritu, pues éste empieza con el Amor y termina con la templanza.

1Jn 4:20  Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto?

1Jn 4:21  Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame también á su hermano.

1Jn 5:1  TODO aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es nacido de él.

El Plan de Dios es que la Iglesia se mueva en el Amor de Dios.

Nosotros somos vasos. La Iglesia es semejante a una gran tinaja. Dentro de la Iglesia se ha derramado el Amor de Dios. Eso dice Romanos 5:5 …y la esperanza no avergüenza, porque el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Y Efesios 1:22-23 …la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos.

La iglesia es la Plenitud de Cristo; Cristo es Dios; Dios es Amor. Luego entonces, la Iglesia tiene la plenitud del Amor de Dios. No tenemos pretexto para dejar de Amar. Nuestra deuda con los santos es amarles. Este mandamiento de amarnos los uno a los otros aparece muchas veces en el Nuevo Testamento.

Entonces, nosotros tenemos la plenitud del Amor de Dios. Por tanto, somos cauces para que el Amor de Dios se manifieste a la humanidad. Consideremos una gran presa llena de agua. Cuando esa presa es abierta en sus compuertas, ministra vida, a través del agua que se vierte hacia la campiña. El agua es vida. Los ríos todos van a la mar, y la mar no hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí se tornan para correr de nuevo (Eclesiastés 1:7) Y aquella presa gigante no se agota, pues tiene agua.

Así es la Iglesia. La Iglesia es la Plenitud de aquel hinche todas las cosas en todos. Entonces, el Plan de Dios es que la Iglesia sea un cauce de Su Amor, primeramente entre nosotros los santos y enseguida hacia la humanidad. Cuando la Iglesia abra las compuertas del Amor de Dios entre los santos, la gente conocerá que somos discípulos del Señor Jesucristo: En esto conocerán que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Entonces, la Iglesia podrá abrir las compuertas de ese Amor hacia la humanidad, a fin de que sean alcanzados por ese Amor sublime que traspasa todo entendimiento. Y ese Amor no se agota pues ese Amor es Dios mismo, dándose a través de Su Iglesia.

1Jn 4:7  Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.

1Jn 4:8  El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.

1Jn 4:16  Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

Ahora vemos que Dios es en sí mismo Amor. Es maravilloso que el Amor es Dios mismo. La esencia del Amor es Dios. Se ha dicho por algunos predicadores que Dios no tiene Amor y la razón de esa afirmación es que Dios es Amor.

1Jn 3:2  Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.

Qué hermosa perspectiva de nuestra esperanza: ser semejantes a Él. Pero esa semejanza será el Amor sublime de Dios manifestándose en nuestra humanidad como nuestra naturaleza. Ya no nosotros, sino Cristo en nosotros.

1Co 15:42  Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción;

1Co 15:43  Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia;

1Co 15:44  Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

1Co 15:45  Así también está escrito: Fué hecho el primer hombre Adam en ánima viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante.

Ahora podemos tener el entendimiento de cuál será la naturaleza de nuestro cuerpo de resurrección: Un cuerpo glorificado, en el cual el Amor sea la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.

 

 

 

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amaos los unos a los otros

Por Moisés Caballero.- Apuntes tomados en la Iglesia Cristiana Neo-Testamentaria Cristo el Buen Pastor.- Enero 07 de 1992.

[A menos que se haga una precisión específica, todas las citas de la Biblia son tomadas de la Antigua Versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, comúnmente conocida como Versión Antigua o Versión 1909].

* Juan 17:26

Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré lo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Romanos 12:9

El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno;

I Corintios 4:6

Esto empero, hermanos, he pasado por ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendáis á no saber más de lo que está escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro.

II Corintios 2:4, 8

Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis cuánto más amor tengo para con vosotros…Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.

II Corintios 5:14

Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos;

II Corintios 8:7

Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que también abundéis en esta gracia.

II Corintios 8:24

Mostrad pues, para con ellos á la faz de las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.

Efesios 1:15

Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y amor para con todos los santos,

Efesios 3:17

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor,

Efesios 4:15, 16

Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo; Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor.

Efesios 5:2

Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.

Efesios 6:23

Paz sea á los hermanos y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

Filipenses 1:9

Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,

Filipenses 2:2

Cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Colosenses 1:4

Habiendo oído vuestra fe en Cristo Jesús, y el amor que tenéis á todos los santos,

Colosenses 2:2

Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo;

I Tesalonicenses 1:5

Por cuanto nuestro evangelio no fue a vosotros en palabra solamente, mas también en potencia, y en Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

I Tesalonicenses 3:12

Y á vosotros multiplique el Señor, y haga abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es también de nosotros para con vosotros;

I Tesalonicenses 5:13

Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros.

Tito 2:4

Que enseñen á las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,

Hebreos 6:10

Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado á su nombre, habiendo asistido y asistiendo aún á los santos.

Hebreos 13:1

Permanezca el amor fraternal.

I Pedro 2:17

Honrad á todos. Amad la fraternidad. Temed á Dios. Honrad al rey.

*

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS:

Esta frase o expresión se encuentra, por lo menos, dieciocho veces en el Nuevo Testamento. Ha habido quienes piensan que esta expresión sólo es usada una sola vez en la Biblia; sin embargo, hay un énfasis especial en esta sentencia. Es necesario considerar esta expresión a partir de doce puntos específicos (a mi entender, las doce estructuras bíblicas).

Amaos unos a otros” es, sin lugar a dudas, un mensaje del Espíritu Santo para la Iglesia, a fin de que ésta sea fundamentada. De las cosas deseadas por Dios, de una manera especial, es establecer Su fundamento en la Iglesia; el Señor desea que seamos fundamentados. Sin duda alguna, encontramos iglesias locales con experiencias muy fuertes y maravillosas de Fe; pero Dios desea una experiencia más profunda para nosotros, en Amor, Esperanza y Fe.

Necesitamos expresar la Vida de Jesucristo (Él habita en plenitud en nosotros, Efesios 1:23). Y en Cristo habita la Plenitud de Dios; Dios es Amor. Luego entonces, Cristo es Amor; en consecuencia, Cristo es Dios.

En los sufrimientos, uno de los propósitos de Dios es desarrollar en nosotros un Amor Agape; Dios desea desarrollar Amor Agape en nosotros, en Plenitud y en balance.

No hay manera de conocer a Dios si no tenemos la experiencia del Amor de Dios. Amor es el propósito o meta más alta de la humanidad, pero sólo se logra a través de Cristo. El Amor no se maneja en forma sentimental (indudablemente, los sentimientos tienen que ver en la experiencia del Amor, pero los sentimientos no son lo especial). El Amor tiene que ver más con la voluntad. Realmente, el Amor va a tocar nuestra Voluntad.

1ª Relación Básica con la Palabra.- Juan 13:33-35; 15:10-17:

Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo á vosotros ahora. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros

Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Éste es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias. No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis los unos á los otros.

Juan el discípulo amado es quien más puede hacer énfasis acerca de este mandamiento del Amor. Aquel del cual la Biblia dice que era el discípulo amado; él se podía recostar en el pecho del Señor, y podía escuchar los latidos de Su corazón; Juan es el más indicado para hablarnos el mensaje del Amor.

Los dos pasajes en cita señalan medularmente: “…Un mandamiento nuevo os doyéste es mi mandamientoesto os mando…” Estas palabras fueron dadas por el Señor, en los últimos momentos, antes de ser arrestado. El Señor estaba aún con sus discípulos, pero en breve, ellos habrían de huir y Él habría de quedar solo.

En los capítulos 12 al 16 de Juan, encontramos el último sermón del Señor Jesucristo; Él tomó especial cuidado en cada palabra, pues sabía del abandono de sus discípulos, pero ello no le importaba, pues Su mensaje les habría de reunir de nuevo. [Sí alguien supiera que se le acerca el último momento de su vida, seguramente cuidaría todas sus últimas palabras; dejaría las palabras más grandes con especial cuidado].

Yo recuerdo: un hermano estaba a punto de partir con Cristo; entonces, se acercó a él uno de  sus hijos. Aquel varón, en agonía dijo: “hijo cuida mucho a tu madre”; “no tienes por qué decírmelo; tú sabes que lo haré” –contestó el hijo. De nuevo el varón agonizante habló y dijo: “lo sé, pero era necesario que te lo dijera”. El joven se acerco a su padre y le susurró: “padre te amo”; el padre le contestó: “no necesitas decírmelo; yo sé que me amas”. El joven volvió a hablar diciendo: “lo sé, pero era necesario que te lo dijera”.

Esto muestra cómo en una situación tan crucial es importante poner especial cuidado en lo que se habla. Si tú estuvieras a punto de partir, seguramente reunirías a tu familia y le dirías: “AMAOS UNOS A OTROS”. Éste era el especial cuidado del Señor Jesús, en Su último discurso a sus discípulos. Es Señor estaba destilando las palabras más importantes de Su vida; Él sabía que se acercaba el fin del Verbo Encarnado.

Ahora, Sus palabras estaban siendo ministradas a sus apóstoles (no eran cualquier gente) quienes habrían de huir y después volverse a unir. Aquellos de quienes habría de brotar la Iglesia Primitiva; ellos reunidos iban a dar frutos (nosotros somos parte de ese fruto; de tal manera que el Señor estaba dando un mandamiento a sus apóstoles y a nosotros mismos, representados en ellos).

Las palabras ministradas a los apóstoles son un auténtico mandamiento; son un mandamiento nuevo (en otras ocasiones, el Señor había ministrado diversos mensajes, dando una opción a las gentes, a tomar el camino que desearan). El Amor no es una opción, es una orden del Rey de reyes y Señor de señores: “esto os mando” es una orden. Cuando niño aprendí que las órdenes no se discute, se acatan.

Hay momentos de nuestra vida en que debemos conocer quién tiene la posición de Autoridad. Las órdenes deben acatarse inmediatamente. En tiempos de guerra, un soldado que no acata una orden es sujeto a Corte Marcial, y en un Juicio Sumarísimo, sin alegatos, es condenado al perdón y es fusilado de inmediato. Gran parte de la Iglesia del Señor parece ignorar que estamos en período de guerra.

En el mundo no hay fuerza más grande y poderosa que el Amor. Esta fuerza (el Amor) es mejor que cualquier arma, por muy sofisticada que sea o aparente ser. Realmente, la Vida de Seguridad se vive en Amor. Los temores son por falta de Amor. La humanidad vive llena de miedo, por no tener Amor; pero el Amor echa fuera el temor. En Amor no hay temor, porque el perfecto Amor echa fuera el temor. Hay muchos beneficios del Amor: seguridad, alegría, conocimiento de Dios. ¿Cuánto amo a mis padres?, –en su caso ¿cuánto amo a mi esposa (o)? ¿Cuánto amo a mis hijos, a la iglesia, o la Obra de Cristo, o a nación?

Amor habla de conceptos más profundos que el sexo. Sin embargo, estamos faltos en el Amor a Dios y a nuestro prójimo. Cristo mencionó el primero y más grande mandamiento es éste: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu mente… y a tu prójimo como a ti mismo…” En ambos mandamiento se resume la Ley y los Profetas, pues el que ama no adultera, no fornica, no hurta, no miente, etc.

El Señor habló a la base de Su Iglesia (sus apóstoles) con un mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros”; ésta es la base del éxito de una iglesia local. Es la clave para permanecer y para que todos los ataques del diablo se diluyan. Al haber Amor, el enemigo está perdido. El trabajo del Señor es unir; el trabajo del diablo es dividir.

La vida tiene su origen a partir de la unión de dos elementos (femenino y masculino), pero ‘muerte’ es una palabra cuyo significado original es separación, separar, dividir. El Señor desenmascara al diablo y dice de él: “el ladrón –satanás– vino para hurtar, matar y destruir”, pero Cristo ha venido para darnos vida y vida en abundancia. El diablo mata, hurta y destruye a través de la división, pero Cristo produce Vida en unidad.

De acuerdo con la Sagrada Escritura, todos somos eternos (cristianos y no cristianos) y con la muerte física hay una separación de las partes espirituales –espíritu y alma– del cuerpo. “El cuerpo vuelve al polvo de donde fue tomado, el espíritu vuelve a Dios quien lo dio”; pero el alma va a Dios o al infierno, dependiendo de si se trata de un alma de cristiano o no.

El odio es la naturaleza del diablo y tiende a dividir. El Amor es la esencia de Cristo y nos une. El diablo odia a la familia porque es un éxito o un triunfo de Dios, al unir dos personas.

El problema de la gente –inclusive de nosotros los cristianos­– es jugar al “yo-yo”,  a causa del egoísmo. El egoísmo se manifiesta en nuestra vida, en tal manera que buscamos siempre beneficiarnos nosotros y nadie más; el problema se hace más profundo cuando chocamos con los demás “yo-yo’s. Egoísmo es una esencia de falta de Amor, pero el Señor manda “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”, para preservarnos.

En diversas ocasiones, más importante que la razón es el Amor. No importa si entendemos o no; eso importa poco. Lo importante es Amar. En el balance correcto, una iglesia local, con o sin pastor, no importa, si no hay Amor. El Amor cubrirá multitud de pecados. El Amor todo lo soporta (los padres soportan a los hijos, a causa del Amor).

Volvamos a la expresión “Un mandamiento nuevo os doy…” ¿Por qué es un mandamiento nuevo? En el libro de Levítico, encontramos el mandamiento “Amarás a tu próximo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Entonces, dónde lo nuevo, lo novedoso? Lo nuevo se encuentra en la expresión “como Yo os he amado”. Éste agregado establece un estándar diferente y más profundo. Cristo nos amó y de qué manera lo hizo. Nos amó siendo enemigos; y siendo enemigos fuimos reconciliados por Él, porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo Unigénito… El Amor del Señor no estaba en función de nuestras buenas acciones o de aquello que pudiésemos darle. Su Amor estaba en función y en relación a todo lo contrario. El Señor tenía razones suficientes para exterminarnos y convertirnos en polvo –el libro de Apocalipsis dice que la humanidad se volteó contra Dios y lo maldijo. Pero a pesar de ello, Cristo nos amó. Y sin embargo, nosotros no amamos como Cristo nos amó. Él nos amó, cuando debía odiarnos y destruirnos y aniquilarnos.

La razón del Amor no radica en lo brillante que son las personas, sino en la Gracia de Cristo. Él dijo el mandamiento y Él dará la Gracia para obedecerle, para Amar. El Amor debe ser una manifestación más fuerte ante la debilidad de los demás. Realmente, cuando alguien está hundido, necesita Amor. Cuando no hay la más mínima razón para Amar, es cuando debemos Amar. Si miramos a las fallas de los hermanos, recordemos que Dios los trajo a Su Iglesia, y algo más fuerte, Dios les ama. Así sean los más odiosos y no tengan un ápice de cualidades para amarles, les debemos amar.

Recientemente, un joven se acercó para pedir consejo. Su esposa acababa de adulterar, y él lleno de ira tomó al adultero y lo golpeó en tal manera que estuvo a punto de quitarle la vida, pero algo dentro le detuvo. Sin embargo, al hablar con el Pastor y ver a su esposa al lado, el joven decía “hay algo dentro de mi que me llena de odio y, realmente, yo no puedo reconciliarme con ella; siento rechazo de pensar en acostarme con ello”. El consejo práctico fue este: “maridos amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a Su Iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella”. La clave para el joven era entregarse por su esposa.

[Analizadas la cosas, era evidente que gran parte de culpa la tenía él, pero aún cuando ella fuese culpable al 100%, el debí entregarse por su esposa].

Después de varias horas de ministración de la Palabra, de oración y de liberación, el joven volvió a su esposa y le pidió perdón, y le prometió que las cosas cambiarían.

La fuerza del mensaje del Amor destruye toda fortaleza den enemigo. Cristo nos está dando un mandamiento nuevo; “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”. Aquí vemos la Primera Relación Básica, con la Palabra.

Gálatas 5:13

Porque vosotros, hermanos, á libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión á la carne, sino servíos por amor los unos á los otros.

Efesios 4:2

Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los otros en amor;

I Tesalonicenses 4:9

Mas acerca de la caridad fraterna no habéis menester que os escriba: porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis los unos á los otros;

Hebreos 10:24

Y considerémonos los unos á los otros para provocarnos al amor y á las buenas obras;

I Pedro 1:22

Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro:

I Juan 4:7

Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.

I Juan 4:12

Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros: