POZO DEL VIVIENTE QUE ME VE

Sacaréis aguas con gozo del pozo de la salvación. Isaías 12:3

Publicación mensual. Año II. Número 15. Marzo/2010, Tijuana, B.C. México.

El pozo en el desierto es vida en medio de un ambiente de muerte. La Biblia habla de diferentes pozos de agua, los cuales son representativos de diferentes enseñanzas para nuestra vida. Beer–Seba es el pozo (Beer) del Pacto (Seba), sombra y figura del lugar donde nosotros encontramos salud total y absoluta. Isaac, cuando se encontró con Rebeca, venía del Pozo del Viviente que me ve (Génesis 24:62). Hoy, Rebeca prefigura a la Iglesia Gloriosa que habrá de casarse con el Isaac celestial, Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. El encuentro es cerca del Pozo del viviente que me ve.

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Con esta publicación, hemos de continuar nuestro peregrinar en todos los planos de la Doctrina de la Fe en Dios. Hemos visto ya las cuatro fronteras de la Fe, y la Fe en una cáscara de nuez; también ya vimos cómo desarrollar Fe Creativa, a partir de la vida de Elías y el Reto del Monte Carmelo. En esta publicación veremos El Camino de la Fe, en la vida de Abraham:

EL CAMINO DE LA FE:

Ya establecimos que existen cuatro tipos de Fe, a saber: Don de Fe o Fe Creativa, Fe doctrinal o Fe fundamento, Fe fruto del Espíritu de Cristo y Fe consciente de Dios o sentido del espíritu humano. El desarrollo de la Fe Doctrinal depende de cuánto conocemos, comprendemos, creemos y vivimos la Palabra de Dios (I Timoteo 4:6). La Fe nos fue dada para agradar a Dios, pero debemos actuar en ella (Hebreos 11:6). Todo lo que no es de Fe es pecado (Romanos 14:23). Y sin Fe reprobamos las pruebas (II Corintios 13:5). La Fe es un camino definido en el que hay que avanzar paso a paso (Romanos 1:17), descubriendo la voluntad de Dios y viviendo en sus propósitos.

Siempre necesitamos de un modelo que nos permita practicar lo que aprendemos, y Abraham fue evangelizado antes, para ser padre o modelo de la Fe en los creyentes (Gálatas 3:6-9 y 29; Romanos 4:12 y 16). Los hijos aprenden por imitación, así que debemos seguir las pisadas de Fe de nuestro padre Abraham, haciendo, como él, sus obras de Fe (Juan 8:39-40).

Pablo nos enseña siete pasos que Abraham caminó, mostrándonos el camino seguro de la Fe, que llega a la meta y obtiene resultados (Romanos 4:17-22).

1.- CONFESIÓN DE LA FE (Romanos 4:17).- Abraham creyó lo que Dios le prometió, pero además creyó que Dios llama las cosas que no son como las que son, y la clave era que si Abraham las creía, entonces las llamara tal como Dios las llama. Confesar es decir lo mismo que otro dice, en este caso Dios, por medio de Su Palabra.

En la Biblia encontramos más de tres mil quinientas promesas, y cada una de ellas es un cheque al portador, con la firma de Cristo, listo para ser cobrado, mediante la Fe que lo confiesa.

La experiencia de la confesión no está en función de pensar sino de declarar. Veamos un ejemplo: Dios no pensó “sea la luz”, antes Él declaró, Él confesó: <<Y dijo Dios sea la luz, y fue la luz>> (Génesis 1:3). Confesar es creativo; es ejercer el poder de la vida y la muerte que está en nuestro hablar (Proverbios 18:21). Por eso, debemos confesar lo que Dios nos ha prometido (Salmo 116:10; Romanos 10:10-11; II Corintios 4:13; Salmo 119:41-43). Cristo confesó ante Pilatos algo que se oía ridículo, pero era la verdad; Cristo era y sigue siendo el Rey (I Timoteo 6:1213).

2.- CONFLICTO DE LA FE (Romanos 4:18).- Abraham siguió creyendo en la promesa de Dios, aún y cuando la esperanza natural se había acabado, porque la Fe espiritual nunca se acaba, pues nos conecta con la eternidad. El cuerpo de Abraham ya viejo y la matriz muerta de Sara, quien además siempre fue estéril, se sumaban para dar la apariencia de ser todo un imposible, en el plano natural.

Del mismo modo, en nuestras circunstancias, después de que se han ido cerrando todas las puertas, y parece que todo se acabó, necesitamos decidir si Dios está sobre todos esos imposibles nuestros; sólo así venceremos en el conflicto entre lo que vemos y lo que Dios dice en Su Palabra. Afirmemos nuestro rostro, determinemos que Dios es Fiel (Fiel es una declinación de Fe) y vendrá paz, terminando el conflicto.

Pablo tuvo este conflicto, al punto de tener duda de vivir, pero confió en Dios, el que da vida a los muertos (II Corintios 1:8-10; Hechos 27:20-25). En este conflicto, debemos someter nuestros sentidos naturales y reducir el pensamiento a la promesa que esperamos se cumpla; no debemos ver las circunstancias, ni siquiera cuando son favorables, antes debemos esperar por entero en lo que Dios nos ha hablado, por medio de Su Palabra (Salmo 31:1-6; I Pedro 1:13; Jonás 2:9-10).

3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Romanos 4:19).- Abraham no consideró las cosas naturales que enflaquecen a la Fe, antes consideró la fidelidad de Dios en cumplir Sus promesas; y eso fue fortaleza para Abraham, a fin de seguir esperando en Dios (Hebreos 11:11-12). Considerar es pensar en lo que Dios dice; es llenar nuestra mente de Su Fidelidad (I Corintios 1:9; 10:13; I Tesalonicenses 5:24).

4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Romanos 4:20a).- Abraham no desconfió, no claudicó, no echó marcha atrás. Consistencia es la acción y efecto de no alterarse, de no variar, de no fluctuar; ni siquiera se debilita; sigue igual de manera permanente, como al principio, y persevera hasta alcanzar la meta (Hebreos 6:12-15). Muchos héroes de la Fe se murieron en la raya, creyendo (Efesios 4:13-14; Hebreos 10:23; 11:13-16; Santiago 1:6-8).

5.- CONCIENCIA DE LA FE (Romanos 4:20b).- Abraham se fortaleció en la Fe, dando Gloria a Dios (I Corintios 16:13). La alabanza nos vuelve conscientes de Dios y de Su poder y grandeza, por sobre nuestras circunstancias, a pesar de lo difíciles que sean éstas.

Notemos el contraste en el Salmo 106:24-25 y 12. Dios no nos pide que le alabemos porque sea vanidoso; Su Gloria es perfecta, ya sea que lo reconozcamos o no. Por ello, la alabanza crea una atmósfera propicia, para que Dios obre. Cuando el pueblo alaba a Dios, Él habita en medio de las alabanzas (Salmo 22:3-4). La alabanza precede a la victoria, e imparte la fuerza necesaria para no distraernos de Dios, hasta ver Su propósito cumplido (Deuteronomio 10:20-21).

6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Romanos 4:21).- Convencido plenamente que Dios tenía el poder para cumplir Sus promesas. A veces, después de orar por un problema, éste se complica; a veces, al orar por una enfermedad, ésta empeora; pero al tener la convicción de lo que Dios hará, esto nos hará inamovibles. La Fe es la certeza de las cosas que se esperan, es la demostración de las cosas que no se ven. Es pues la Fe la demostración de aquello que Dios ha prometido (Hebreos 11:1).

Abraham esperó veinticinco años para recibir el cumplimiento de la promesa de tener un hijo. De hecho, al recibir la promesa, Abraham aún podía engendrar hijos, en su fuerza, y de ahí vino Ismael. Pero cuando Dios cumplió la promesa, Abraham ya no podía y sólo se sostuvo por convicción (Génesis 18:10-14; Hebreos 11:11-12). Todo lo que Dios promete es firme, sólido y confiable (II Corintios 1:20-21; II Timoteo 1:12).

7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Romanos 4:22).- Finalmente, Dios cumplió, cuando la Fe de Abraham le fue contada o atribuida por justicia. Es decir, la Fe en Abraham agradó a Dios, y Dios le dio el hijo de la promesa (Génesis 21:1-3).

Abraham obedeció a Dios; Abraham obró en obediencia, y con ello demostró que verdaderamente creía y fue justificado por Fe, sin obras; antes por las obras de la Fe recibió la justicia de Dios (Santiago 2:14, 17-18, 21-24 y 26). La obediencia es la evidencia de la Fe que obtiene las promesas de Dios.

Ejemplo: Si la Biblia enseña que todos los que han sido bautizados en el Espíritu Santo pueden hablar lenguas, y tú lo crees, y lo pides, entonces la evidencia de que lo has creído es que hables en otras lenguas. Ése es el paso de obediencia que demuestra la Fe, en este ejemplo.

VEAMOS UN SEGUNDO TESTIMONIO:

La lección, del caminar de Fe fue repasada por Dios. Con ello, cada pisada de Fe de Abraham fue corroborada con ambos pies y, de esta manera, para nosotros, el camino fue definido con claridad. Aquel niño, hijo de la promesa cumplida, entró en la adolescencia y Abraham lo amaba, y se sentía cumplido y gozoso, al saber que en ese hijo reposarían las promesas y se cumplirían los propósitos de Dios. Empero, Dios quiso probarlo nuevamente, y el Señor le pidió a Abraham algo que parecía absurdo; el Señor pidió a Abraham que Isaac fuese ofrecido en un sacrificio; Dios pidió al único, al hijo que amaba Abraham (Génesis 22:1-18). De esta manera fueron repasándose uno a uno los pasos de Fe que Abraham ya había andado, de acuerdo con el esquema anterior.

1.- CONFESIÓN DE LA FE (Génesis 22:1-5).- Abraham no dudó ni un instante; al contrario, madrugó, preparó todo, y tomó a su hijo, con la leña, el fuego, un asno y dos mozos, y se dirigió al Monte Moriah, para sacrificar a su amado hijo. Isaac era el heredero de las promesas, y ahora estaba siendo llevado para ser sacrificado. Sin embargo, Abraham confesó al pie del monte: <<…yo y el muchacho (Isaac) iremos, adoraremos y volveremos…>> Abraham estaba seguro de que él junto con Isaac, su hijo, volverían, sin importar lo que pasara en el monte. Abraham tenía plena confianza en Dios y confesó.

2.- CONFLICTO DE LA FE (Génesis 22:6-7).- Isaac va con su padre, y sabe que juntos van a adorar a Dios; Isaac ve que llevan la leña y el fuego, pero falta algo; no llevan cordero para el sacrificio. Entonces, le pregunta a su padre. Ahí, ante la interrogante estaba la lógica y el conflicto. Pero Abraham venció el conflicto, al ir caminando al encuentro de Dios, en obediencia.

3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Génesis 22:8).- Después de considerar la situación y quién era su Dios, Abraham pudo responder <<…Jehová se proveerá de cordero…>> En el corazón de Abraham no cabía la menor duda de que Dios es Todopoderoso para resucitar a los muertos, de ser necesario, a fin de cumplir sus promesas (Hebreos 11:17-19).

4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Génesis 22:9-10).- Abraham estaba determinado a sacrificar a su hijo. No le tembló el corazón; se mantuvo fiel en la medida en que preparaba el altar, y acomodaba la leña, y ataba a su hijo.

 

Abraham estaba seguro de la comprensión de su hijo, y de la confianza plena de ambos en Dios. Eso lo había enseñado Abraham a su hijo. Abraham había enseñado a Isaac los principios de la Fe. Ahí, en el corazón de Isaac estaban sembrados esos principios. Por ello, Isaac no se resistió, pues confiaba en el Dios de su padre. Finalmente, Abraham levantó el brazo; en su mano estaba el cuchillo, y a punto de degollar a Isaac. Abraham nunca desistió, antes obedeció (Santiago 2:17-22).

5.- CONCIENCIA DE LA FE (Génesis 22:11).- En ese momento, el Ángel de Jehová habló a Abraham por su nombre, y detuvo el sacrificio de Isaac. Entonces, Abraham respondió: Heme aquí. Esto nos enseña que es de capital importancia centrar toda nuestra atención en Dios y no en las circunstancias; de ello, dependerá el cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas.

6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Génesis 22:12).- El Ángel de Jehová detuvo el sacrificio; Isaac no fue tocado. El testimonio del Ángel de Dios fue: ya veo que no temes a Dios, pues no le has rehusado tu hijo. La prueba de la Fe, en Abraham, demostró que Dios era su prioridad, aún sobre la persona más amada para él, sobre la tierra. Esa convicción es necesaria en el creyente, cuando es probado, y debe manifestarse antes de ser aprobado.

7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Génesis 22:13-14).- Un sustituto fue dado a Abraham, para que adorara a Dios, con la ofrenda pedida por el Señor. El sello de la aprobación divina es Cristo nuestro sustituto. En Él tenemos garantizado el favor divino, manifestado en la respuesta de Gloria que tuvo porque, después del sacrificio, le fueron confirmadas todas las promesas, y la bendición de Dios se derramó sobre aquel hombre de Fe invencible (Génesis 22:15-19).

<<Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando te multiplicaré en gran manera>>. Dios le promete dos simientes: Una descendencia terrena, como la arena de la mar, y otra descendencia celestial, como las estrellas de los cielos, y le confirma, de manera contundente, que en su simiente (a saber Cristo) serían benditas todas las familias de la tierra. Por ello, nosotros somos hijos de la Fe de Abraham (Santiago 2:23).

Los aprobados de la Fe descubrirán una nueva y más íntima relación con Dios; la relación de los amigos de Dios, con quienes compartirá todos sus secretos (Juan 15:14-15).

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DESARROLLO DEL FRUTO DEL ESPÍRITU FE

Ahora veamos, en una cáscara de nuez, cómo desarrollar el Fruto del Espírito, en la expresión de  Fe:

Por medio del Profeta Habacuc, Dios dio una palabra para nuestra dispensación:

<<Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará. He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su Fe vivirá>> (Habacuc 2:2-4).

Esta palabra es para la Iglesia, en la cual la Fe de Cristo sería implantada en el corazón de cada creyente; así, al leerla debe correr; es decir, debe ponerla a funcionar en tal manera que cumpla el propósito de Dios (I Corintios 9:24). Pero es necesario puntualizar que la carrera no es de velocidad, antes es una carrera de resistencia; por tanto, requiere paciencia (Hebreos 12:1-2). Cristo es el autor (origen) y el consumador (cumplimiento) de la Fe; por tanto, siempre debemos concentrar en Él nuestra atención.

Además, en el pasaje de Habacuc, el profeta también advierte que la Fe operará en humildad, no en orgullo. Así, para mantener limpio el canal de la Fe debemos practicar la humildad; de esta manera, se manifestará la justicia que es por la Fe de Cristo en nosotros (Filipenses 3:9).

Con base en esta palabra de Habacuc, el apóstol Pablo desarrolla el tema de la Fe, en tres epístolas, a saber: Romanos, Gálatas y Hebreos. Y en cada una de ellas, el apóstol da una aplicación diferente que nos permite ver cómo se desarrolla la Fe fruto del Espíritu; ésta es la expresión de madurez del carácter (Gálatas 5:22-23).

1.- LA SEMILLA FE (Romanos 1:16-17).- El tema principal de la epístola a los Romanos es la Justicia de Dios, alcanzada por medio de la Fe, o justificación, cuando la Fe libera la Gracia (Romanos 3:22-24 y 28). La Fe de Jesucristo nos trae a la vida. El justo es el que ha sido justificado por la Fe; el justo ha recibido la Fe y, por ella, ha dado inicio a su nueva vida en Cristo, por Gracia y sólo por Gracia.

Pablo inicia la epístola diciendo que su ministerio consiste en lograr la obediencia de la Fe, en el Nombre de Jesucristo (Romanos 1:5), donde la Fe es una persona; no es algo, es alguien (Jesucristo) a quien obedecer.

Y la epístola termina en el mismo tenor, a saber el Evangelio revelado a Pablo, al igual que los escritos de los profetas del Antiguo Testamento, tienen idéntico propósito: que todos obedezcan a la Fe, para la Gloria de Dios (Romanos 16:25-27).

Y el apóstol es muy claro, y pone mucho cuidado en separar las obras propias de la Fe que nos trae Salvación (Romanos 4:4-8), pues declara que la Fe es contada por justicia, y no las obras propias. De hecho, pretender darle algún valor a las obras propias llevaría a anular la promesa de Dios. Pero la promesa de Dios es garantizada por la Gracia para el que cree (ejercicio de la Fe, Romanos 4:13-16). Sólo justificados por la Fe tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1-2).

Como vimos, el apóstol, en la epístola a los Romanos, pone juntas Justicia, Gracia y Fe; ellas ponen en acción la voluntad de Dios. La Fe nace por la Palabra del evangelio, al escucharla (Romanos 10:8-11 y 17). Por ello, Pablo es contundente, cuando afirma que Dios encerró todo en incredulidad, para tener misericordia de todos (Romanos 11:32), pero también afirma que todo lo que no es de Fe es pecado (Romanos 14:23); es decir, las obras propias son pecado siempre. Pero el que tiene la semilla de la Fe experimenta el gozo y la paz de Dios (Romanos 15:13).

Justificación mediante la Fe de Cristo, operando en el nuevo creyente, es el fundamento y seguridad que fue sembrada. De este modo, el creyente nuca dependerá de su capacidad propia, sino de la Gracia de Dios. El apóstol nos da una visión de toda la obra; así, de ser santa la raíz, todas las ramas y también el fruto serán santos. Es decir, Romanos explica el inicio o semilla de la Fe espiritual (Romanos 11:16).

2.- LA PLANTA FE (Gálatas 3:10-14).- La más pequeña de las semillas da la mayor de las legumbres (Marcos 4:30-32; Mateo 17:20). Así, la Fe es comparada a la semilla de mostaza. Ahora Pablo toma la palabra de Habacuc para hablar del justo que por la Fe debe seguir viviendo. Para ello, el justo ha recibido el Espíritu Santo. Los Gálatas habían empezado bien, pero fueron movidos de su seguridad, y esto frenó su crecimiento (Gálatas 1:6-7; 3:1 y 5:7). Por tanto, Pablo les enseñó que deben volver a poner en operación la Fe de Cristo, y dejar el esfuerzo propio (Gálatas 3:2-5).

A su vez, Pablo argumenta sobre el propósito de la Fe, en aquellos quienes son hijos de Dios, a fin de que sean herederos (Gálatas 3:25-29 y 4:1-2). La vida del creyente debe ser en la Fe del Hijo de Dios, y no en esfuerzo propio. La Fe  libera la Gracia de Dios; es decir, la Fe permite que Cristo viva en el creyente (Gálatas 2:19-12). Eso es que el justo por la Fe vivirá (a Cristo, Gálatas 2:20).

Ésa es la verdadera vida espiritual; esta vida es por el Espíritu, y esa vida libera la Fe  que obra por el Amor (Gálatas 5:5-6 y 16-18). Es decir, las obras de la Fe son las que nos llevan a heredar lo que Dios nos dejó en Cristo (Gálatas 4:6-7); no son nuestras obras; ellas no sirven. La Fe nos hizo vivir en el espíritu, y ahora es necesario andar también en el Espíritu, donde la Fe vendrá a ser un fruto cumplido (Efesios 5:22-25), porque la Gracia de Cristo es con nuestro espíritu (Gálatas 6:18).

3.- EL FRUTO FE (Hebreos 10:35-39).- Una semilla que germina y crece hasta formar un árbol, llegará a dar el fruto, de acuerdo con su especie. En Hebreos, el apóstol muestra que el justo siempre vivirá por la Fe que le trajo a vida y que le ha desarrollado hasta que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtenga la promesa de la grande remuneración de galardones (Hebreos 9:15), esperando que Cristo venga para ganancia del alma.

El fruto nos habla de madurez, de cumplimiento, de la perfección alcanzada y eso es el tema principal de la epístola, que vayamos adelante a la perfección (Hebreos 6:1-2, 11.12; 7:19 y 11:40). La provisión para ser perfeccionados ya fue hecha por Cristo y está en el espíritu regenerado del creyente (Hebreos 10:12-14 y 12:23). Participar de esta provisión es para que los que tenemos Fe permanezcamos en ella sin fluctuar, porque Él es fiel, y nos prometió resultados y herencia. El reposo de Fe es permanecer creyendo lo que Él nos dice en Su Palabra, dejando nuestras obras para obrar las de Cristo (Hebreos 4:2-3 y 8.11). Como parte del carácter de Cristo en el creyente (sometido a Dios), la Fe permanece.

La  Fe que alcanza la perfección es la que se mantiene activa (Hebreos 11:1, 6 y 39-40), hasta la consumación de esa Fe que fue semilla, y se ha convertido en árbol, y está dando fruto (Hebreos 12:2). La  Fe que cumple, exitosa, la que podemos aprender a imitar, la de quienes han predicado, nos preceden y nos presiden (Hebreos 13:7).

Fuimos Justificados por la Fe, estamos siendo Santificados por la Fe, y seremos Glorificados por la Fe de Cristo en nosotros, quien nos dio vida, nos mantiene viviendo y nos hace permanecer para la eternidad.

 

 

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