POZO DEL VIVIENTE QUE ME VE

Sacaréis aguas con gozo del pozo de la salvación. Isaías 12:3

Publicación mensual. Año II. Número 19. Julio/2010, Tijuana, B.C. México.

El pozo en el desierto es vida, en medio de un ambiente de muerte. La Biblia habla de diferentes pozos de agua, los cuales son representativos de diferentes enseñanzas para nuestra vida. Beer–Seba es el pozo (Beer) del Pacto (Seba), sombra y figura del lugar donde nosotros encontramos salud total y absoluta. Isaac, cuando se encontró con Rebeca, venía del Pozo del Viviente que me ve (Génesis 24:62). Hoy, Rebeca prefigura a la Iglesia Gloriosa que habrá de casarse con el Isaac celestial, Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. El encuentro es cerca del Pozo del viviente que me ve.

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Después de considerar las semillas de la Leche Espiritual, en torno a La Doctrina de Cristo, El Arrepentimiento de Obras Muertas, La Fe en Dios, La Doctrina de Bautismos, de La Imposición de Manos y La Resurrección de Muertos. En esta publicación haremos una glosa pequeña de La Doctrina de Juicio Eterno.

Veamos pues una síntesis de esta doctrina. (Estos apuntes son tomados del documento LAS SIETE VERDADES LECHE, EL JUICIO ETERNO, por Eleazar Mendoza Liñán.

INTRODUCCIÓN:

En el Salmo 50:6, el Salmista hace una declaración trascendental: Y denunciarán los cielos Su justicia; porque Dios es el Juez. Una de las tantas actividades y funciones de nuestro Señor es la de ser el juez de todas las cosas. Él creó todas las cosas, todas las criaturas y la raza humana; pero no les abandonó; no los dejó en un lugar apartado del universo, para que hicieran lo que se les antojara. Realmente, Dios estableció leyes para cada una de las cosas creadas, leyes para sus criaturas; el Señor puso leyes al sol y a la luna (Salmo 104:9), y para los ángeles, y para el ser humano. Estas leyes son para ser obedecidas y respetadas por todos. Púsoles ley que no será quebrantada (Salmo 148:6).

Empero, al ser quebrantadas esas leyes, se desencadena una consecuencia o sanción, previamente dispuesta en cada ley. Esta consecuencia puede ser en la vida presente o en la por venir. Es decir, toda la creación deberá entregar cuentas al juez de toda la tierra (Génesis 18:25).

Y Dios, el Creador de todas las cosas, se ha reservado el derecho de juzgar a toda Su Creación, a fin de establecer la Justicia que es de Dios. Todas estas leyes, bajo las cuales sucederán estos juicios, fueron escritas en:

A). Los Cielos.- Salmo 19:1-4;

B).- La Palabra Escrita.- Éxodo 20, Deuteronomio 5;

C).- Toda la Creación.- Romanos 1:19-20; y

D).- El Corazón del hombre.- Romanos 2:15.

Al leer los dos primeros capítulos de la epístola a los Romanos, encontramos un concepto que es de vital importancia, para entender esta verdad del Juicio Eterno: el Hombre es inexcusable; es decir, en cualquier manera, el ser humano va a tener que entregar cuentas de sus hechos, conforme a la ley de Dios.

Además, es importante entender, dentro de esta verdad, que Dios ha dotado a ángeles y al ser humano de un elemento llamado libre albedrío; éste es el ejercicio propio de la voluntad, para escoger caminar con Dios, o desobedecer los mandamientos del Señor, y caminar en el deseo del corazón.

En este contexto, podemos afirmar que existen dos conceptos básicos para el ejercicio del juicio de Dios:

1° Dios ha dado el conocimiento de sus leyes, para hacer a toda su creación inexcusable

2° Dios ha dado libre albedrío; libre voluntad para escoger.

Una vez entendidos estos conceptos, podemos mencionar que la expresión Juicio Eterno no se refiere a un juicio que durará toda la eternidad; más bien se refiere a la perspectiva general de Dios; se refiere a cómo se juzgará, desde la perspectiva de la eternidad, a toda la creación, en nueve diferentes juicios; y éstos se encuentran registrados en la Palabra de Dios. La perspectiva de juicio eterno se da en función de la sentencia, cuya consecuencia es eterna.

Una clasificación de estos nueve juicios es la siguiente:

I.- Los cuatro juicios sobre la humanidad:

a).- El Juicio del Calvario;

b).- El Juicio Personal;

c).- El Tribunal de Cristo; y

d).- El Juicio del Gran Trono Blanco.

II.- Los Juicios de las Naciones:

a).- El Juicio de Israel, como nación escogida; y

b).- El Juicio de las Naciones Gentiles.

III.- El Juicio del Reino Angélico:

a).- El Juicio de Satanás; y

b).- El Juicio de los Ángeles;

IV.- El Juicio de la Tierra y los Cielos.

En cada una de estas categorías, existen leyes específicas; por ellas, Dios juzgará. Y, con base en el resultado del juicio, Dios determinará la sentencia correspondiente.

Para tener un entendimiento claro de cada uno de estos juicios, los abriremos en cuatro aspectos principales, a saber:

  Las leyes o normas que gobiernan; ellas nos dan la Visión del juicio;

  La Manera en la que se efectúa el juicio, muestra la Visitación de Dios en ese juicio;

El Tiempo y Lugar en el que se lleva a cabo el juicio; esto es el Veredicto que resulta del juicio; y

Las Consecuencias: muestran la Victoria del Rey de reyes en este juicio.

I.- Veamos pues los cuatro juicios sobre la humanidad (Hebreos 9:27).- Después de la muerte, no queda ninguna otra alternativa. No hay reencarnación, ni purgatorio, ni nada semejante a tales herejías. Después de la muerte, solamente queda enfrentar a Dios. Por eso debemos entender, claramente, cómo prepararnos para Aquél Día.

A.- El Juicio del Calvario.- Éste es el Juicio de la Cruz de Cristo. Sin lugar a dudas, éste es el juicio de mayor preponderancia para la raza humana. Desde antes de la fundación de mundo, el Cordero de Dios ya había sido inmolado, a fin de dar a la raza humana una esperanza de vida, delante de Dios. Dentro de la presciencia divina (conocimiento anticipado de las cosas), el Señor conoció que no existía posibilidad alguna para que el hombre pudiera sostenerse cumpliendo la Ley de Dios; el hombre no podía sostenerse sin caer.

 

Ahora bien, en la creación del hombre, el propósito de Dios era que aquél pudiera tener comunión con Su Creador. Por ello, iba a ser necesario establecer un justo juicio, a fin de absolver (de todas sus fallas e imperfecciones) a aquellos que aceptaran las condiciones de ese juicio.

Este juicio fue revelado a los fieles del Antiguo Testamento, desde las túnicas de pieles para cubrir la desnudez de Adán y Eva, y en el sacrificio que ofreció Abel, etc., y también se ha revelado a los fieles del Nuevo Testamento.

  Las leyes o normas que gobiernan este juicio son Los Diez Mandamientos; éstos fueron confirmados y redefinidos por el Señor Jesucristo, en El Sermón del Monte. Allí, el Señor declara lo que es realmente vivir en la justicia de Dios; es un estándar muy alto. Seguramente, ningún hombre puede alcanzar ese nivel, por su propia fuerza y capacidad. El Señor Jesucristo dijo: Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 5:12). A partir de ahí, el Señor empieza a establecer una justicia mayor en sus expresiones: oísteis que fue dicho…, mas Yo os digo… Lo que el entendimiento y capacidad humana pareciera inalcanzable, Cristo nos da la clave para alcanzarlo, porque Él dijo No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir.

  La Manera en la que se efectúa el juicio fue la vida santa de nuestro Señor Jesucristo, quien cumplió toda la ley de Dios y caminó en una justicia mayor que la de los escribas y fariseos. El Señor llegó al final de su ministerio, habiendo sido tentado en todo, pero sin pecado. Este caminar nos muestra su pureza, al llegar al juicio de la cruz, como un Cordero, sin mancha ni contaminación. Este juicio estaba determinado para los transgresores, como aquellos que fueron crucificados juntamente con el Señor Jesús. En este juicio, es donde Él fue cargado, con todos nuestros pecados y rebeliones que cometimos, en contra de la ley de Dios preestablecida. Así, el Señor tomó nuestro lugar. En la cruz, una de sus exclamaciones fue: consumado es, y con ello, Él nos estaba dando la manera de ser absueltos de todos nuestros pecados.

3° En relación con el Tiempo y el Lugar, este juicio es hoy y en esta tierra.- Es para los vivientes de hoy, y el juicio es ahora. Cada día que el hombre vive sobre esta tierra, el ser humano tiene la oportunidad de recibir la obra sustitutoria de Jesucristo en la cruz. Cristo llevó todos los pecados de la humanidad, pero, la confesión de este juicio es personal. Cuando se hace esta confesión; cuando se viene a este juicio, en Fe, Cristo nos atribuye Su Justicia y nos hace justos, por completo, delante de Dios (I Corintios 5:21). Pero al dejar pasar la oportunidad, de recibir a Cristo como Salvador, esa actitud traerá como consecuencia enfrentar el Juicio del Gran Trono Blanco.

4° Las Consecuencias:

a). Para aquellos que acepten, por la Fe, la obra sustitutoria de Jesucristo en la cruz del Calvario, la consecuencia es una libre entrada al cielo. Él murió por todas nuestras transgresiones. Por ello, nos justifica, por Gracia, completamente.

b). Pero la consecuencia negativa es para aquellos que, habiendo conocido la predicación del evangelio, y habiendo sido convencidos, por el Espíritu Santo, de su culpabilidad, ellos voluntariamente rechazan la obra de Jesucristo en la cruz. Su fin será estar delante del Señor, en el Juicio del Gran Trono Blanco; ahí será confirmada la sentencia final: ser lanzados en un lago de fuego y azufre.

B.- El Juicio Personal.- I Corintios 11:31-32; I Juan 1:5 – 2:2. Éste es un juicio provisto por la Gracia de Dios, antes de llegar a Su Presencia, y enfrentarnos con Aquel que tiene ojos como llama de fuego.

1° Las leyes que gobiernan este juicio son las reglas de conducta que están escritas en la Palabra de Dios. Debemos entender que este juicio es exclusivamente para los que han pasado con éxito el juicio anterior, llamado Juicio del Calvario. Al ser nacidos de nuevo, tenemos asegurada la entrada al cielo. La Salvación por Fe inicia con la confesión del primer juicio (del Calvario), pero la salvación nos lleva a recorrer un camino largo, hasta llegar a nuestro destino final; y la intensión de ese camino es que lleguemos de la manera más gloriosa posible.

En el Antiguo Testamento, existían leyes de conducta que tenían el propósito de mantener al pueblo de Israel dentro de los estándares de Dios; a su vez, esos códigos de conducta tenían por objeto llenar a los Israelitas de las bendiciones de lo Alto.

En el Nuevo Testamento, nosotros tenemos las instrucciones dadas por nuestro Señor Jesucristo. También tenemos los escritos apostólicos; éstos no son para ganar la salvación, son para mantenernos dentro de los estándares que Dios ha establecido para su pueblo. De esta manera, nos es administrada una amplia entrada al cielo. Estas normas de conducta nos ayudan a entender la mente de Dios en relación a lo que Él espera de Sus hijos, y también el por qué de las disciplinas que Él muchas veces tiene que aplicar para mantenernos en Su Santidad, aniquilando al viejo hombre.

  La Manera en la que se efectúa el juicio.- En este juicio, Dios nos da la oportunidad de juzgarnos personalmente, y venir a cuentas con Él, en una manera cotidiana para que nuestra conciencia se mantenga limpia y podamos ser sensibles a Su voz.

 

Cuando fallamos en este juicio personal, entonces vienen las disciplinas de Dios; pero aún Su disciplina es por Amor (Hebreos 12:5-11), y es con el objeto de prepararnos para encontrarnos con Él.

Este juicio es de fundamental importancia, para llegar a ser la Esposa del Cordero. Esto significa que, a través de este juicio, nos estaremos limpiando de toda inmundicia y suciedad que pudiera venir a nuestras vidas; y al confesar esa faltas, en arrepentimiento verdadero, quedamos sin mancha, sin arruga ni cosa semejante (Efesios 5:25-27; II Corintios 11:2). Notemos: en el primer pasaje, la limpieza viene por el lavacro de la Palabra; es decir, al vernos en el espejo de la Palabra, y percibir nuestras imperfecciones, debemos venir en arrepentimiento y confesar nuestras faltas, a fin de ser limpios. El segundo pasaje está escrito a una iglesia que tenía muchas fallas; éstas se pueden ver claramente en las dos epístolas del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto; sin embargo, al finalizar la segunda carta, el apóstol considera que, a pesar de las faltas de los Corintios, la iglesia todavía puede ser considerada un virgen pura para Cristo (II Corintios 11:2; I Pedro 4:17).

3° El Tiempo y Lugar de este juicio.- Es durante la vida cristiana que podemos ejercer en esta tierra. Todo el tiempo que vivamos en esta tierra, Dios nos está dando la oportunidad de corregir y de estar preparados para Su venida. Una vez finalizada nuestra vida en esta tierra, no habrá más oportunidad para el juicio personal.

4° Las Consecuencias: Son reveladas en el Tribunal de Cristo. El Juicio Personal sólo es preparatorio, a fin de presentarnos lo más limpios posible delante del trono de Dios.

a). Por un lado, si nos juzgamos a nosotros mismos, con honestidad delante de Dios, de acuerdo con Su Palabra revelada a nuestra vida, entonces sufriremos menos disciplinas de parte de Dios, y estaremos mejor preparados para presentarnos ante nuestro Señor.

b). De otra manera, las disciplinas de Dios, sobre nuestra vida, se aumentarán, y habremos desaprovechado la gran oportunidad que Dios nos brindó, para corregir, antes de llegar a Su presencia.

C.- El Tribunal de Cristo.- Romanos 14:19-13 y II Corintios 5:10 La palabra griega usada para Tribunal es Bema. A este Tribunal solamente asisten los redimidos por la Sangre de Cristo; los que rechazan al Señor Jesucristo (en razón del juicio en la cruz) tienen por destino la muerte segunda. Ésta será determinada en el Juico Final del Gran Trono Blanco.

 

  Las leyes que rigen este juicio son las que fueron reveladas durante nuestra vida, como cristianos en la tierra. De todo eso tendremos que dar cuenta en ese Tribunal: porque a cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido (Lucas 12:41-48).

En tanto mayor entendimiento nos es dado, en cuanto a cómo debemos caminar delante del Señor, agradándole en todo (conociendo que Él también nos da la gracia para cumplir) en esa medida tendremos que responder delante del Señor. Esto significa que nunca seremos juzgados por algo que no recibimos; de no recibir entendimiento y gracia sobre algo específico para cumplirlo, no seremos demandados de ello.

  La Manera en la que se efectúa el juicio.- Al respecto, cada uno de nosotros compareceremos delante de este Tribunal, a fin de dar cuenta de lo que allí estará escrito, sea bueno o malo. Es importante considerar también que nos juzgará Jesús; así está escrito en Juan 5:22-27 y I Juan 2:28 y 4:17.

3° El Tiempo y Lugar del juicio.- Este juicio inicia en el momento mismo del arrebato de la Esposa del Cordero (Mateo 24:28); ella incluye la resurrección de la primicias (I Corintios 15:23-24); incluye la mejor resurrección (Filipenses 3:11).

En ese instante se empezarán a sentir los efectos del dictamen de este Tribunal, para los vencedores (empezarán a gozar de la presencia del Señor, y a disfrutar todos los privilegios de la Esposa del Cordero) y para los derrotados (quienes serán dejados atrás en la tribulación, y esperarán al segunda oportunidad para ser arrebatados.

Es importante entender que, al ser arrebatados, ya no estaremos sujetos a las limitaciones de espacio y de tiempo. Hoy estamos sujetos a estas dimensiones pero, después de aquel evento, ya no lo estaremos. De esta manera, la comparecencia ante este Tribunal puede ser efectuada en unos instantes (Lucas 24:36).

Los santos irán pasando por este Tribunal, a medida que vayan entrando a la Presencia de Dios, con sus cuerpos glorificados. Nadie podrá presentarse a las Bodas sin haber sido purificado con anterioridad. Esta purificación se hará por medio de varios juicios en la primera parte de la Gran Tribulación (Mateo 24:29-31). Es decir, habrá que esperar que el Señor regrese de las bodas (Lucas 12:36).

De la misma manera que Israel celebraba la Pascua, y había una segunda oportunidad de celebrarla, para quienes habían perdido la oportunidad de hacerlo, así será este tribunal. Esta segunda oportunidad será tres años y medio después la primera.

4° Las Consecuencias.- Los resultados de este Tribunal están claramente descritos en los evangelios y en los escritos apostólicos. Veamos unos versículos, a manera de ejemplo: Mateo 25:1-30; Juan 15:6; I Corintios 3:11-15; 9:25-27; Filipenses 2:19; II Timoteo 4:8; Santiago 1:12; I Pedro 5:1-4; Hebreos 6:4-9; 10:26-31; Judas 24; Apocalipsis 3:21 y 19:7-8. A partir de aquí podemos ver claramente dos clases de consecuencias:

a). Gloriosas bendiciones: Entrar a las Bodas del Cordero, desde la ceremonia nupcial: ser la Esposa. Esto sucede por haber llevado fruto para la Gloria del Señor. Otro beneficio es ser librados de la Gran Tribulación. Ésta es representada en la expresión del Señor: ahí será el lloro y crujir de dientes. También se tiene el beneficio de recibir recompensas y herencia; ser hallado sin caída; recibir coronas, sentarse en el Trono, etc.

b). Un tipo de consecuencias diferentes de este tribunal se caracteriza por fuertes disciplinas de fuego purificador, para aquellos que no se disciplinaron a sí mismos, por iniciativa propia. Estas disciplinas de fuego severo, servirán para entrar a la presencia de Dios. Ante la presencia de Dios, no es posible llevar inmundicias o malos hábitos, adquiridos en el mundo.

Las consecuencias serán: pasar por la primera parte de la Gran Tribulación (ésta es la horrenda expectación de fuego); no entrar a las bodas del Cordero, aunque sí participarán de la cena (Apocalipsis 19:9); pérdida de recompensas o herencia (esta pérdida es eterna); ser avergonzados (Apocalipsis 3:18 y 16:15). Permanecer delante del trono

D.- El Juicio del Gran Trono Blanco (Juicio Final).- Este juicio cierra el ciclo para la humanidad. Todos los seres humanos que no han recibido su sentencia final, acudirán a este tribunal (Daniel 12:2-3; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:11-15).

  La ley que gobierna este juicio.- Es sencilla; cada quien será juzgado según sus obras (Apocalipsis 20:12). En este juicio encontramos dos clases de libros: Los libros del registro de las obras, y el libro de la vida. Jesucristo es el Autor de la Vida (Hechos 3:15); Él es el único que tiene potestad de dar vida eterna (Juan 17:2-3; I Juan 5:11-12). No hay otro evangelio, no hay otra manera de tener vida eterna; no hay otro camino. La única manera de quedar inscrito en el libro de la vida es aceptando al Hijo de Dios, Jesucristo. Ésta es la única obra que salva, pero no es una obra de esfuerzo propio; es una acción de fe.

  La Manera en la que se efectúa el juicio.- Todos serán juzgados por sus obras. Pero, los que no estén registrados en el libro de la vida no serán salvos por sus obras; sus obras no les van a salvar.

Esas obras solamente servirán para determinar, de manera contundente, el rechazo que hicieron, respecto del Hijo de Dios, el rechazo a la obra del Espíritu Santo, y lo abominable de sus depravados hechos, sin importar los alcances religiosos de éstos.

Esos trapos de inmundicia serán sacados a la luz, delante de Dios, y serán los testigos más severos de aquellos que merecen una muerte eterna (la muerte segunda), donde no hay esperanza, sino una condenación perpetua.

Dentro del grupo de personas que asistan a este tribunal, habrá algunos que se salven. ¿Quiénes son? Son aquellos que se encuentren inscritos en el libro de la vida. Éstos fueron salvos durante la Gran Tribulación, o durante el milenio. Recordemos que al final de cada etapa, en la vida de la humanidad, existe un tiempo de prueba. Por eso, Satanás será suelto por un poco de tiempo, al final de los mil años, para probar a los moradores de la tierra.

3° El Tiempo y Lugar de este juicio.- Será delante de Dios, al final del Milenio, antes de entrar en la eternidad, antes del cielo nuevo y tierra nueva.

4° Las Consecuencias de este juicio son determinantes:

a). Los que se encuentren inscritos en el libro de la vida irán con los redimidos, a la vida eterna.

b). Los que no se encuentren inscritos en el libro de la vida irán a condenación perpetua, en el lago de fuego y azufre, por la eternidad.

II.- Los Juicios de las Naciones:

A.- El Juicio de Israel.- Israel es la nación escogida por el Señor, nuestro Dios (I Crónicas 16:13): Oh, vosotros, simiente de Israel su siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos. Jehová, Él es nuestro Dios; Sus juicios en toda la tierra. A lo largo del Antiguo Testamento, el Señor llama a Israel mi especial tesoro.

  Las leyes o normas que gobiernan el juicio.- La nación de Israel va a ser juzgada con base en las leyes y privilegios que le fueron concedidos como Pueblo Escogido de Dios (Daniel 7:6). En el libro de Deuteronomio, encontramos a Moisés dando a Israel todas estas leyes, mandamientos y ordenanzas que hablaban, en figura, del sacrificio perfecto del Cordero de Dios. De esta manera, el Señor les preparó para entrar en la Tierra Prometida y para esperar al Mesías (Deuteronomio 18:15)

2° La Manera en la que se efectúa el juicio.- Todo el Antiguo Testamento contiene juicios y amonestaciones de parte de Dios, a través de sus profetas que fueron enviados, para llamar a Israel a volverse al Señor, y a estar apercibidos, para la venida del Mesías.

3° En el Tiempo señalado, Jesús vino a este mundo, para salvar a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21); sin embargo, ellos no lo recibieron (Juan 1:11), y le crucificaron. Así se cumplieron las Escrituras (Lucas 24:25-26). Entonces, la nación quedó relegada de su privilegio (Romanos 9:30-33). Pero así, se cumplió el propósito de que entrase la plenitud de los gentiles; así estaba contemplado en el plan eterno de Dios (Romanos 11). El mismo Señor Jesús habló de estos juicios sobre Israel, al descubrir la falsedad de los líderes religiosos (Mateo 23).

4° Las Consecuencias, en el juicio de Israel son las siguientes:

a). Al no reconocer ni recibir a Jesús como el Mesías prometido, ellos fueron quebrados del plan de Dios; en ese plan, se abría una Nueva Creación, un Nuevo Hombre. Éste es la Iglesia. En ella no hay distinción de raza, nacionalidad, sexo, cultura o posición social (Gálatas 3:28). Esto significa que en este tiempo de la Iglesia, Israel no será completamente restaurado como nación; aunque sí encontramos judíos que, en lo individual, han aceptado a Cristo como su Señor y Salvador.

b). Los Israelitas, en una condición de individualidad, tienen que reconocer a Jesús como su Salvador, a fin de entrar por el Juicio de la Cruz, y ser parte de la Iglesia. Solamente, de esta manera, ellos pueden ser injertados en su oliva natural. Como el resto de los creyentes en Cristo Jesús, los israelitas, una vez salvos, por medio de Jesucristo, deben atravesar por el Juicio Personal y El Tribunal de Cristo. Los que no acepten a Jesús, como su salvador, serán tratados como el resto de los pecadores, e irán al Juicio del Gran Trono Blanco para, de ahí, ser enviados al Lago de Fuego y Azufre.

c). Como nación, Israel tendrá que esperar El Milenio. Dentro del Milenio, Israel será restaurado como cabeza de naciones. Así se dará cumplimiento a los pasajes que hablan del Mesías reinante. Sin embargo, esto no vendrá, antes que ellos deban pasar por los siete años de  Grande Tribulación (Mateo 24:4-25); pasado ese tiempo, ellos mirarán al que traspasaron (Zacarías 12:10-14; 13:6).

B.- El Juicio de las Naciones Gentiles. Este juicio está descrito en Mateo 11:20-24; 25:31-46; Apocalipsis 15:4; 20:8-9; 12:24-26 y 22:2.

  Las leyes que gobiernan el juicio.- Todas las naciones y sus gobernantes han sido siempre supervisados por Dios, y Él ha derramado Sus juicios sobre las naciones, en diferentes maneras, cuando la maldad y depravación de las naciones sobrepasan los límites que el Señor ha establecido. En el pasaje de Mateo 25:35-36, Cristo menciona seis criterios que se utilizarán para este juicio. Esos seis criterios se enfocan hacia los necesitados, a través de quienes el mismo Cristo quería manifestarse a las naciones. La opresión de los pobres y el gemido de los menesterosos hace que Dios se levante en juicio en contra de los opresores (Salmo 12:5).

2° La Manera en la que se efectúa el juicio.- En el día de ese juicio, todas aquellas naciones serán traídas delante del Hijo de Dios, y Cristo, quien conoce los corazones y las acciones de todos, dará a cada quien su pago.

3° El Tiempo y Lugar en el que se lleva a cabo el juicio.- este juicio se realizará después del Milenio, en el trono supremo del Señor Jesucristo, cuando la totalidad de las naciones haya sido probada. Este juicio será después de que las naciones hayan vivido bajo regímenes humanos, hasta antes de La Gran Tribulación, así como aquellas naciones que hubiesen estado bajo el régimen del Rey de reyes y Señor de señores, durante el Milenio.

4° Las Consecuencias.- Son dos consecuencias. Mejor dicho, será una de dos consecuencias: a). Reino Eterno, o b). Fuego eterno.

III.- El Juicio del Reino Angélico:

A.- El Juicio de Satanás.- Este juicio está relatado en los pasajes de Isaías 14:11-15; Ezequiel 28:5, 6, 14-18; Hebreos 2:14-15; y Apocalipsis 20:9-10.

  Las leyes que gobiernan el juicio.- La soberbia de Satanás fue la que lo condenó, al querer ser igual a Dios. Al tratar de arrebatar la Supremacía del Hijo de Dios, el Satanás estaba rebelándose a su posición y su iniquidad quedó manifiesta.

2° La Manera en la que se efectúa el juicio.- Aunque el juicio sobre satanás ya ha sido realizado (para él y para sus demonios no hay manera de arrepentimiento), al ser arrojado del cielo y ser derrotado, en su propio terreno, por Jesucristo, a través de la muerte, sepultura y resurrección, Satanás ha sido reservado para recibir su castigo final hasta antes del Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:10).

3° El Tiempo y Lugar del juicio.- Este castigo vendrá inmediatamente después del Mileno, y exactamente antes del Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:10).

4° Las Consecuencias.- El Satanás siempre termina derrotado. Las consecuencias para él siempre han sido devastadoras, y se verán consumadas, cuando sea lanzado al Lago de Fuego y Azufre, y permanezca ahí por toda la eternidad.

B.- El Juicio de los Ángeles.- Los siguientes pasajes hablan de este juicio: Mateo 8:29; Lucas 8:28-31; I Corintios 6:3; Colosenses 2:15; II Pedro 2:4; Judas 6-7.

  Las leyes o normas que gobiernan el juicio.- La lealtad y la obediencia a Dios son los criterios que gobiernan este juicio.

2° La Manera en la que se efectúa el juicio.- Todos los ángeles se presentarán delante de Dios y delante de sus santos para ser juzgados, y para darles la sentencia final.

Es importante considerar que los ángeles que no guardaron su dignidad (los demonios) ya han sido exhibidos y sacados a la vergüenza, por medio de la cruz de Cristo.

3° El Tiempo y Lugar en el que se lleva a cabo el juicio.- El tiempo para la sentencia, al igual que con Satanás, será inmediatamente después del Milenio y antes del Juicio del Gran Trono Blanco.

4° Las Consecuencias.- Los ángeles que sí guardaron su dignidad quedarán, por la eternidad, con Dios y con los redimidos. Los que no guardaron su dignidad, terminarán en el Lago de Fuego y Azufre.

IV.- El Juicio de la Tierra y los Cielos.- Génesis 3:17-19; Romanos 8:19-23; II Pedro 3:10-12 y Apocalipsis 20:11 y 21:1. Todos estos pasajes nos hablan de este juicio.

  Las leyes o normas que gobiernan.- La Tierra y los Cielos fueron restaurados del caos inicial; este caos lo provocó Satanás, después de ser lanzado del cielo. Esta Tierra fue puesta bajo la autoridad del hombre; sin embargo, la tierra recibió maldición, por causa del pecado del hombre. El pecado trajo maldición sobre la creación.

2° La Manera en la que se efectúa el juicio.- Esto significa que esta tierra, donde vivimos, no será perpetua. Por tanto, un día gozaremos de cielos nuevos y tierra nueva, y ahí morará la justicia.

3° El Tiempo y Lugar en el que se lleva a cabo el juicio.- Al finalizar el Milenio; al haber sido probadas las naciones que habiten la tierra en esa época, se efectuará la sentencia final sobre esta Creación.

4° Las Consecuencias.- Una vez que se hayan cumplido todos los propósitos para los cuales esta tierra y estos cielos fueron creados, tendrán que ser consumidos por fuego, y no se hallará más lugar para ellos. Esto es necesario, para acabar completamente con toda cosa que haya sido contaminada por el pecado.

 

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